miércoles, 4 de junio de 2008

PALABRAS DE JOSÉ MIGUEL ORTS, PRESIDENTE DE LA CTC DEL REINO DE VALENCIA EL 31 DE MAYO DE 2008 EN EL ACTO DE HOMENAJE A EL PALLETER

Valencianos:

Hace doscientos años el pueblo español se enfrentó al poder de Napoleón. Vicent Doménech, el Palleter, el 23 de mayo de 1808, encendió la llama de la rebelión popular en Valencia al grito de “Un pobre palleter li declara la guerra a Napoleó. ¡Vixca Fernando Sèptim i muiguen els traïdors!”. La figura del rey y la imagen de la Virgen de los Desamparados fueron los iconos que conmovieron a los valencianos en la antigua placeta de les Panses. El rechazo al invasor y a los elementos colaboracionistas encontró en el pueblo llano y en unos pocos clérigos un respaldo clamoroso. Lo ha descrito Pascual Martín-Villalba con la elocuente pasión que lo caracteriza.
Yo solamente quiero resaltar las ideas que dieron sentido al Crit del Palleter y a la guerra de la independencia en su conjunto: Dios, Patria y Rey. Los mismos lemas que volverían a levantar a los españoles contra los descendientes ideológicos de los afrancesados veinticinco años más tarde.
Los formadores de opinión actuales silencian y desvirtúan estas motivaciones y las sustituyen por la simultánea revolución liberal que llevó a las Cortes de Cádiz a elaborar la Constitución de 1812. Una Constitución de una confesionalidad católica inequívoca, aunque este detalle ahora moleste.
Para ellos de esa transformación ideológica nace España como Estado moderno sobre la negación progresiva de la religión y de la monarquía, en un proceso que culmina con la exaltación narcisista del actual sistema.
Un sistema basado en el mito de la soberanía popular absoluta. Sin límites por arriba, ya que se omite a Dios. Sin límites por abajo, ya que la sociedad se desarticula en un agregado de individuos desconectados entre si, a merced del más poderoso.
Los sublevados de 1808 no entendían de filosofías ilustradas ni pretendían derribar el Antiguo Régimen, carcomido por sus propias contradicciones. Tomaron las armas en nombre de un rey que no los merecía. De un monarca felón que abdicaría en el emperador francés y luego juraría y abrogaría constituciones contrapuestas y perseguiría a enemigos y adictos y finalmente cambiaría ilegalmente la ley sucesoria, sumiendo al país en una serie de guerras civiles.
Hoy está de moda avergonzarse de ser español, como se estila llamar a lo valenciano con el gentilicio de otra región hermana. Los llamados “progresistas” se sonrojan de la Historia de España, les gusta jugar a las hipótesis alternativas a la realidad: que no hubiera habido reconquista y esto fuera aún Al Ándalus, que la dinastía de los Bonaparte hubiera echado raíces, que en el año 1939 hubiera vencido la República del Frente Popular…
Nosotros aceptamos los pasos de nuestro vivir colectivo a beneficio de inventario. Lo que nos agrada y lo que nos cae mal. Y nos sentimos solidarios con los que, dos siglos atrás, se levantaron contra la traición y la ignominia, como Vicent Doménech.
Y nos duele que el recuerdo oficial a su heroísmo los convierta en revolucionarios de la misma revolución que exportaban los soldados napoleónicos. Es una injusticia lo diga el Jefe del Estado, el Presidente del Gobierno, el Presidente del Congreso de Diputados o el Presidente del Partido Popular.
Nuestro homenaje al Palleter y a los héroes de la guerra de la independencia se hace a la luz de la Tradición española, que el Carlismo sirve, pero que es patrimonio de todos los españoles de ayer, de hoy y de mañana.
¡Viva el Reino de Valencia!
¡Viva España!


Valencia, 31 de mayo de 2008

1 comentario:

Jose y Maria dijo...

Ferrer Dalmau y una estética carlista
En la galería Ramón Vila de Madrid (Hermosilla, 69) se expone estos días la obra de August Ferrer Dalmau, hasta el 12 de junio. Entre las ocurrencias conceptistas del actual arte a la deriva, es un soplo de aire fresco disfrutar de este autor, heredero de la mejor tradición realista española del XIX.

Sus pinturas de tema militar ecuestre presentan hombres y paisajes, casi siempre ambientados en las guerras carlistas. Por ese motivo, se puede hablar de una verdadera estética carlista creada por Ferrer Dalmau, al igual que Saenz de Tejada creó una estética manierista para el régimen en los años de la Guerra Civil (carlistas incluidos, en algún caso).

Los cuadros de Ferrer Dalmau muestran nostalgia y costumbrismo. Las pinturas situadas en un marco natural se suelen situar en el paisaje catalán, en algún caso en la playa. Otras obras muestran la ferocidad del frente, mostrando siempre la carga de los tradicionalistas.

Recomendamos esta exposición. Algo nuevo entre lo bueno de siempre.