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miércoles, 6 de julio de 2016

LA CASA DE BALANZÁTEGUI EN LEÓN


En la fachada del Palacio de Torreblanca situado en la plaza de San Marcelo de León, donde tuvo su residencia familiar  D. Pedro Balanzátegui (1816-1869) podemos apreciar la placa que recuerda al que fue, por dos veces, alcalde de León (de 1857 al 1859 y de 1867 a 1868) y dirigente del carlismo leonés a partir de 1868, fusilado el 6 de agosto de 1869 en Alcobero (Palencia) tras liderar el fracasado alzamiento carlista de ese verano.


Los requetés leoneses quisieron recordar su figura y ejemplo con esta placa en 1963


martes, 31 de marzo de 2015

LA EXIGENCIA MORAL EN LA POLÍTICA


Ante el olvido de los justos, recuerdo y homenaje a Antonio Aparisi en su bicentenario.

Antonio Colomer Viadel
Catedrático de Derecho Constitucional (J)
Universidad Politécnica de Valencia

En el día de hoy, 29 de marzo, se cumple, justamente, los 200 años del nacimiento en Valencia de Antonio Aparisi. Hace 21 años, en 1994, escribí un libro titulado “La exigencia moral en la política: Antonio Aparisi y Guijarro”. Mi fascinación por el personaje no sólo se debe a mi vínculo familiar sino a una trayectoria excepcional de hombre, político, parlamentario y abogado, de una honradez e integridad incorruptible, que provoca el elogio incluso entre sus adversarios políticos.
Ahí están los testimonios del Conde de Romanones, Posada Herrera o Emilio Castelar, que fue Presidente de la Primera República, y alabó de forma apasionada a Aparisi como abogado extraordinario y uno de los mayores oradores parlamentarios de la España del siglo XIX. Castelar llegó a decir que si pudiera elegir entre sus antagonistas ideológicos a alguien como Fiscal General del Reino, con la seguridad de que los derechos de todos los españoles estarían plenamente garantizados, sin lugar a dudas, elegiría a Antonio Aparisi.
Placa de la calle dedicada en Valencia a Aparisi y Guijarro ensuciada por los "tolerantes antifascistas"
Fue Diputado y Senador por Valencia y por Guipúzcoa, pero, ante todo, fue un hombre independiente, sin partido –sólo al final de su vida ante la corrupción y degradación moral de Isabel II y su Corte, apoyará al Pretendiente carlista-, implacable ante la injusticia y la mentira, abogado de los pobres y republicanos perseguidos, -¡él, que era católico y monárquico sustancial!- y denunciador de corrupciones y fraudes electorales y políticos, tan frecuentes en la época. En cierta medida, fue la conciencia moral de un pueblo y sus palabras y vida son aldabonazos en la sociedad en que vive, tal como lo hicieron en los tiempos antiguos, Diógenes o Catón.
Algunas de sus ideas –la preocupación social, el clamor por la justicia, la descentralización y el arraigo local y popular en la participación política- tienen resonancias muy vivas y actuales.
En una sociedad tan cainita como la española y en una época de banderías violentas, en medio del falseamiento y fraude generalizado de la vida política, destaca la ejemplaridad de aquel hombre íntegro.
En un discurso que pronunció en el Congreso de los Diputados el 4 de julio de 1865, en los años previos a la caída de Isabel II, y haciéndose eco del desaliento que la situación del país le provoca, exclama: “Algunas veces, abatido, una voz secreta me decía, cállate, ¿por qué hablas? Hasta ahora tuviste la fortuna de no odiar a nadie, no sigas en peligro de odiar; hasta ahora tuviste la fortuna de no hacer daño a nadie, no sigas en peligro de hacerlo… cállate, ¿por qué hablas, pues? Es verdad, contestaba yo; pero ¿y la conciencia?”.
Esa fidelidad a los valores éticos y a la exigente conciencia es un rasgo irrenunciable de Aparisi, para el que ningún valor humano le es ajeno, sea cual fuere su origen, y muchas de cuyas reflexiones tienen una actualidad impresionante.
En medio de esta triste indiferencia e ignorancia sobre su figura y su obra en nuestra ciudad y nuestro país, una excepción ha sido la del profesor Carlos Flores que hace unos días (ABC, 25-3) evocaba su figura y utilizó el hábil argumento de poner en boca de algunos personajes actuales preguntas y respuestas que en realidad eran de Aparisi. Sirva de muestra alguna cita “cuando Albert Rivera se pregunta ¿hay elecciones? Las quiero libres. ¿Ha de haber diputados? Los quiero de todo punto independientes. ¿Tenemos diputados de todo punto independientes? Pues yo los quiero incorruptibles. O cuando Alberto Fabra, en relación con la Ley de Señas de Identidad hubiera declarado que “Valencia sin sus tradiciones sería como un pueblo salido del hospicio”. Y que el Papa Francisco escribiera “cuando el hombre-Dios nos dijo sed buenos, nos dijo sed libres. Por eso tenemos hasta la obligación de ser libres los cristianos… pues Dios no pudo querer que besáramos como siervos el pie de un déspota o adulásemos como siervos la ira del populacho”. A continuación, el profesor Flores, aclara que el autor de estas reflexiones, en realidad, se llamaba Antonio Aparisi y Guijarro, y era hijo de esta tierra.

También tendríamos que preguntarnos porqué no elegimos a los mejores, a los más fieles cumplidores de sus deberes profesionales, familiares, políticos, más allá de servilismos partidistas. Una civilización de sujetos éticos retomaría el clásico juramento de Hipócrates para los médicos, pero que sirve para todos los oficios y profesiones, en cuanto a la autoexigencia de rigor profesional, de dedicación plena, de precio justo, y de lealtad a discípulos y pacientes. Si ese entramado de deberes fecundara nuestra sociedad, emanaría del mismo la plenitud de nuestros derechos de forma natural, sin griteríos y aspavientos. Este es el desafío de los justos ante la conspiración de la infamia en la que estamos sumergidos. Este es el ejemplo de Aparisi en esta España de final del milenio –escribí en el prólogo de mi libro-, en donde la política pareciera entenderse como botín  y las parcelas de poder se defienden a dentelladas, como fieras hambrientas que no quieren renunciar a su presa. Aquella exigencia moral de Aparisi es lección de pedagogía cívica que urge rescatar e incorporar a nuestras costumbres ciudadanas.

jueves, 26 de marzo de 2015

EN EL BICENTENARIO DE APARISI Y GUIJARRO

APARISI Y GUIJARRO
Carlos Flores Juberías
ABC 25/03/15 Ed. Comunidad Valenciana
Se sorprenderían si les dijera que Pablo Iglesias revolucionó anoche el debate de La Sexta diciendo que «el parlamentarismo no es más que una farsa, que cuesta mucho, divierte poco, y corrompe muchísimo»? ¿Y que Albert Rivera ha señalado en una reciente rueda de prensa: «¿Hay elecciones? Las quiero libres. ¿Ha de haber diputados? Los quiero de todo punto independientes. ¿Tenemos diputados de todo punto independientes? Pues yo los quiero incorruptibles»?
¿Les extrañaría que Esperanza Aguirre hubiera propuesto imitar a los ingleses «en una cosa, en una sola: en respetar la memoria de nuestros padres… siglo que quiera que los venideros le respeten, respete a los pasados»? ¿O que en defensa de su nueva Ley de Señas de Identidad Alberto Fabra hubiera declarado que «Valencia sin sus tradiciones sería como un pueblo salido del hospicio»?
¿Me creerían si les dijera que un militante de Podemos decepcionado con sus líderes acaba de escribir anónimamente en un foro de internet que «en las revoluciones solo hay dos clases de gentes: los que las hacen y los que las explotan»? ¿Y que el Papa Francisco acaba de escribir en su primera encíclica que: «Cuando el Hombre-Dios nos dijo ‘sed buenos’, nos dijo ‘sed libres’. Por eso tenemos hasta la obligación de ser libres los cristianos. ¿No nos creó Dios en su semejanza? Pues Dios no pudo querer que besáramos como siervos el pie de un déspota o adulásemos como siervos la ira del populacho»?
Pues si así fuera, no les podría tachar de disparatados, pero a pesar de ello se equivocarían de plano. Porque el autor de esas reflexiones –unas clarividentes, otras osadas, todas profundas– hace mucho que duerme el sueño de los justos. Se llamaba Antonio Aparisi y Guijarro, y era hijo de esta tierra. Fue diputado y senador, jurisconsulto y poeta, dramaturgo y orador. Siguió a su Rey hasta el exilio y, de vuelta en España, murió en el mismísimo hemiciclo parlamentario. Y si en este país no tuviéramos a la vez la izquierda mas revanchista y la derecha mas acomplejada de Europa, a buen seguro habría sido objeto de un homenaje, hoy –este domingo– que se cumplen los doscientos años de su nacimiento.

domingo, 30 de marzo de 2014

NAVARRO VILLOSLADA Y EL CARLISMO

Navarro Villoslada y el carlismo

Tomado de Ínsula Barañaria  Blog de literatura de Carlos Mata Induráin

Don Carlos de Borbón y Austria-Este
El triunfo de la Revolución de septiembre de 1868 provocó el acercamiento de Navarro Villoslada y los denominados neocatólicos (Nocedal, Aparisi y Guijarro, Canga Argüelles, Tejado…) al carlismo. En efecto, tras el destronamiento de Isabel II la legitimidad estará representada para ellos por don Carlos María de Borbón y Austria-Este (Carlos VII), y se unen a él por ser su partido el que mejor podía defender, en aquel determinado momento, los intereses católicos por los que venían luchando.
En 1869 Navarro Villoslada es detenido y ha de pasar mes y medio en la prisión del Saladero de Madrid por haber publicado, antes de que lo hiciera la prensa oficial, una nota en la que avisaba de la intención del gobierno de incautarse todos los bienes eclesiásticos. Tras salir de la cárcel, se exilia para evitar nuevas persecuciones.
En París se pone a las órdenes del pretendiente, al que acompaña por Centro Europa, y prepara algunos folletos de propaganda carlista, siendo especialmente famoso el artículo titulado «El hombre que se necesita», en el que presentaba a don Carlos a los españoles como el único candidato al trono capaz de acabar con la anarquía reinante en España. Según dijo Aparisi, con este escrito ganó para su causa a millares de partidarios. Desde finales de 1869 pasa a ser secretario personal del duque de Madrid pero, estando en Viena, el 25 de enero de 1870 se rompe una pierna y ha de permanecer cinco meses en cama, teniendo que abandonar el cargo. Esta es la razón de que no se encuentre presente en la famosa Junta de Notables de Vevey.
En 1871 es elegido senador por Barcelona, y la inmunidad parlamentaria le permite volver a España; ejercerá el cargo de secretario de la minoría carlista en el Senado. Se opone con Aparisi y otros a las medidas liberalizantes propuestas por el general Cabrera y discute con don Carlos, empeñado en seguir los consejos «cesaristas» de su nuevo secretario, Arjona. Se muestra igualmente contrario a que toda la prensa carlista esté bajo la dirección de una sola persona, Cándido Nocedal. Al final, para no seguir oponiéndose en público a su rey, renuncia a la dirección de El Pensamiento Españoly, desengañado, se retira de la política activa.

domingo, 2 de junio de 2013

LA GRAN VICTORIA DEL CARLISMO BALEAR: LAS ELECCIONES DE 1871

La Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos y la Fundación Ignacio Larramendi se complacen en invitarnos a la presentación de la obra LA GRAN VICTORIA DEL CARLISMO BALEAR: LAS ELECCIONES DE 1871

Accésit en la XII Edición del Premio Internacional de Historia del carlismo “Luis Hernando de Larramendi”, del que es autora Marta Gutiérrez Balzátegui.

Intervendrán:
- D. Román Piña Homs, presidente de la Real Academia Mallorquina de Estudios
Históricos, Genealógicos y Heráldicos.
- D. Luis Hernando de Larramendi, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Ignacio
Larramendi.
- D. Alfonso Bullón de Mendoza, director del Instituto CEU de Estudios Históricos.
- Dña. Marta Gutiérrez Balzátegui, autora de la obra.
Cerrará el acto S.A.R. la princesa Carolina de Borbón-Parma y Orange.
- Día 12 de junio de 2013, a la 20,00 horas
- Can Campaner, 4. Palma de Mallorca
Terminado el acto se servirá una copa de vino español