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jueves, 4 de febrero de 2016

LA FILLA DEL CAPITÀ GROC

Fuente: LEVANTE-EMV


El periodista morellano Víctor Amela se alzó con la XXXVI edición del Premio Ramon Llull de las Letras Catalanas, dotado con 60.000 euros, con la historia romántica La filla del capità Groc, una reconstrucción épica del Groc, personaje real del Maestrat que defendía los ideales carlistas en el siglo XIX.

El jurado escogió esta obra de entre las 48 presentadas por su ritmo y la construcción de los personajes: «Te los hace vivir, sientes sus sentimientos y sus emociones, y esto en la escritura masculina no es fácil de encontrar», resaltaba un miembro del jurado. 

El autor explicaba que el Groc nació en el pueblo de donde desciende su familia paterna, Forcall, y del que oyó hablar por primera vez cuando era un niño, puesto que allí era visto como una suerte de Robin Hood. Amela abundaba que ha armado una novela romántica «por la época en la que sucede, por los personajes y por un protagonista que es un hombre humilde de pueblo que decide rebelarse contra el poder del momento, encarnado en la burguesía liberal, levantando la bandera carlista», y espera que ahora se convierta en un Braveheart local. La historia transcurre entre la primera guerra carlista y la segunda, una vez vencidas las tropas de Ramon Cabrera en 1840 y con el Groc regresando a su casa, «con la idea de recuperar su vida, a su esposa, a su hija primogénita». Las circunstancias, sin embargo, le empujarán «a volver a alzar la bandera de los valores tradicionales».

La obra es también un homenaje a una tierra y a un pueblo en los que ha pasado muchos veranos, Víctor Amela : «Se trata de una intensa, intensísima historia que no he tenido más remedio que acabar escribiendo, desde que tuve noción de los personajes cuando era pequeño y los veranos transcurrían en Forcall, en los Ports de Morella», precisó. La novela se publicará el 2 de marzo en catalán y castellano.

sábado, 6 de junio de 2015

EL INCOMPRENDIDO VALLE-INCLÁN

JUAN MANUEL DE PRADA

A nuestra época no le interesa que se conozca el pensamiento tradicional
AL comienzo de su notable biografía de Valle-Inclán, La espada y la palabra (Tusquets), Manuel Alberca señala que durante años se ha pretendido presentar al gran escritor como un filo-comunista adobado con un rebozo de catolicismo estético. Así lo caracterizaban, en efecto, los manuales escolares en mi época de bachiller; y, creyéndome tal patraña, empecé a leerlo, dándome cuenta pronto de que tal caracterización había sido muy sutilmente aliñada para convertir a Valle en un fantoche y escamotear su filiación, que es tradicional hasta las cachas, al menos hasta el advenimiento de la República, que a la vez que lo mata como escritor y lo desorienta humanamente lo convierte en un indecoroso pedigüeño de sinecuras oficiales.
Resulta, en verdad, trágico comprobar cómo Valle-Inclán fue incomprendido ya en vida; y cómo lo sigue siendo todavía hoy, pues a nuestra época no le interesa que se conozca el pensamiento tradicional, presentado absurdamente como de extrema derecha, o en el mejor de los casos como una antigualla ajena a las necesidades del pueblo, cuando lo cierto es –como Pío X dejó escrito– que «los verdaderos amigos del pueblo no son revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas». Valle no fue tan sólo un defensor de la Tradición por estética, sino que se comprometió muy vivamente en la defensa de sus postulados… Lo que ni siquiera entendieron sus contemporáneos, incapaces de aceptar que un innovador estilista no fuese en lo político un progresista o liberal; como si, para ser tradicional, fuese obligatorio perpetrar bodrios, al modo de cualquier escritor angloaburrido y sistémico. Más dolorosa aún debió de resultar a Valle la incomprensión que cosechó entre los propios sectores tradicionalistas, donde a menudo se le trató con desconfianza, pues no se entendía que en su obra tuviesen presencia la sensualidad y el pecado, o que se defendiesen posiciones aliadófilas.
Manuel Alberca desenmascara el intento de tergiversar la filiación política de Valle-Inclán. Sin embargo, el biógrafo incurre en ocasiones en el mismo error que señala, caracterizando el tradicionalismo con epítetos por completo incongruentes y anacrónicos, tales como «políticamente conservador» o de «extrema derecha» (cuando lo cierto es que el pensamiento tradicional repudia las ideologías surgidas de la Revolución). A ello contribuyen, sin duda, las boutades del escritor, tan extremosas como delirantes. Ocurre así, por ejemplo, cuando en una entrevista Valle sostiene que «España debe exterminar a las razas autóctonas americanas»; o bien que «hay que suprimir los periódicos, no autorizando más que la circulación del Boletín de la Diócesis» (¡sospecho que hoy Valle también habría reclamado el cierre de algunos boletines diocesanos, mucho más deletéreos que los periódicos!). Esto, como a todas luces se advierte, no son postulados tradicionales, sino tremendismos grotescos que Valle profería para escandalizar a las viejecitas de ambos sexos de su época (y a los eunucos políticamente correctos de épocas futuras). Tampoco acierta Manuel Alberca cuando caracteriza la defensa de la tradición como «posiciones que ignoran el presente para instalarse en el prestigio de un pasado legendario»; pues, como afirmaba Chesterton, la tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas. Al evocar un tiempo antiguo con una escritura nueva, llameante de imágenes y proyectada sobre el porvenir, Valle nos está mostrando el auténtico sentido de la tradición.

Fuera de este lunar, La espada y la palabra nos ha parecido un libro lleno de iluminaciones sobre quien, con Unamuno, fue el mejor escritor español del siglo XX.

jueves, 27 de diciembre de 2012

EL CAPITÁN CARLISTA

El capitán Carlista
El Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA retoma hoy 27 de diciembre su actividad con la presentación, a las ocho de la tarde, del libro «El capitán carlista», de Gerardo Lombardero. Intervienen, junto al autor, Rafael González Crespo, coronel de Infantería.



Se trata de una novela ambientada en la III Guerra Carlista, cuando el conflicto se extiende por todos los rincones de España, incluida  Asturias, donde se desarrolla gran parte de la trama. Allí la conspiración carlista lleva en la sombra mucho tiempo. Pedro Artáez, el protagonista,  y otros conjurados toman la decisión de alzarse en armas. Fue una guerra de “locos” (como se la conoció) o de  románticos en muchos casos, pero siempre una contienda desigual.
España presa de otras convulsiones ve el efímero reinado de Amadeo de Saboya, el advenimiento de la I República que reavivará la llamarada carlista en el Norte y el inevitable camino que lleva a la Restauración.
Pedro Artáez, mientras, resiste a duras penas con sus compañeros en las abruptas montañas, cosechando algunos éxitos militares casi siempre efímeros. Los vaivenes de la guerra lo llevarán a un forzado exilio en Cuba, del que regresará para protagonizar los últimos capítulos de esta vibrante novela.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

GUERRA SIN CUARTEL

Ceferino Suárez Bravo escribió esta novela y la presentó a un certamen convocado por la Real Academia de la Lengua en 1885. La Academia le concedió el premio y fue ferozmente criticada por los periódicos liberales de la época, con Leopoldo Alas Clarín a la cabeza. Las publicaciones carlistas, por su parte, ensalzaron la novela, y el autor salió al paso y defendió su obra -que no compartía el naturalismo de otros libros del momento- explicando: «No busqué los materiales en el lodazal de las pasiones humanas, que tanto beneficia la moderna novela. Mi libro puede entrar en todas partes sin que haya que alejar a los niños y a las doncellas(...). Lo que es moralmente feo nunca llegará a ser artísticamente bello».

Más información en CRITERIACLUB