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jueves, 20 de octubre de 2016

CORTOMETRAJE SOBRE ANTONIO MOLLE PREMIADO

El cortometraje UN GRITO AL CIELO ha sido galardonado con el tercer premio del III Concurso de Cortometrajes Martiriales en el marco de las IV Jornadas Martiriales celebradas recientemente en Barbastro. El corto, dedicado a la figura del mártir carlista Antonio Molle Lazo, ha sido realizado por Agnus Dei Producciones.

Desde aquí nuestra felicitación a los realizadores, a todos los galardonados y a los promotores de estas jornadas.



miércoles, 6 de julio de 2016

LA CASA DE BALANZÁTEGUI EN LEÓN


En la fachada del Palacio de Torreblanca situado en la plaza de San Marcelo de León, donde tuvo su residencia familiar  D. Pedro Balanzátegui (1816-1869) podemos apreciar la placa que recuerda al que fue, por dos veces, alcalde de León (de 1857 al 1859 y de 1867 a 1868) y dirigente del carlismo leonés a partir de 1868, fusilado el 6 de agosto de 1869 en Alcobero (Palencia) tras liderar el fracasado alzamiento carlista de ese verano.


Los requetés leoneses quisieron recordar su figura y ejemplo con esta placa en 1963


jueves, 4 de febrero de 2016

LA FILLA DEL CAPITÀ GROC

Fuente: LEVANTE-EMV


El periodista morellano Víctor Amela se alzó con la XXXVI edición del Premio Ramon Llull de las Letras Catalanas, dotado con 60.000 euros, con la historia romántica La filla del capità Groc, una reconstrucción épica del Groc, personaje real del Maestrat que defendía los ideales carlistas en el siglo XIX.

El jurado escogió esta obra de entre las 48 presentadas por su ritmo y la construcción de los personajes: «Te los hace vivir, sientes sus sentimientos y sus emociones, y esto en la escritura masculina no es fácil de encontrar», resaltaba un miembro del jurado. 

El autor explicaba que el Groc nació en el pueblo de donde desciende su familia paterna, Forcall, y del que oyó hablar por primera vez cuando era un niño, puesto que allí era visto como una suerte de Robin Hood. Amela abundaba que ha armado una novela romántica «por la época en la que sucede, por los personajes y por un protagonista que es un hombre humilde de pueblo que decide rebelarse contra el poder del momento, encarnado en la burguesía liberal, levantando la bandera carlista», y espera que ahora se convierta en un Braveheart local. La historia transcurre entre la primera guerra carlista y la segunda, una vez vencidas las tropas de Ramon Cabrera en 1840 y con el Groc regresando a su casa, «con la idea de recuperar su vida, a su esposa, a su hija primogénita». Las circunstancias, sin embargo, le empujarán «a volver a alzar la bandera de los valores tradicionales».

La obra es también un homenaje a una tierra y a un pueblo en los que ha pasado muchos veranos, Víctor Amela : «Se trata de una intensa, intensísima historia que no he tenido más remedio que acabar escribiendo, desde que tuve noción de los personajes cuando era pequeño y los veranos transcurrían en Forcall, en los Ports de Morella», precisó. La novela se publicará el 2 de marzo en catalán y castellano.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

CLAUSURA II CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE APARISI Y GUIJARRO

El próximo 11 de diciembre se celebrará una mesa redonda sobre el ilustre jurista D. Antonio Aparisi y Guijarro en el II centenario de su nacimiento.

El acto tendrá lugar en el ATENEO MERCANTIL de Valencia, Plaza del Ayto. nº 18, a las 19 horas en el salón SOROLLA.

Intervendrán:
D. José Miguel Orts, jefe de publicaciones del Circulo Aparisi y Guijarro.
D. Arturo Martinez García,profesor de la Universidad Politécnica de Valencia.
D. Luis Ignacio Amorós, médico y secretario de la Junta Regional de la CTC.
D. Javier Barraycoa Martinez, profesor universitario, sociólogo y escritor.


Moderador D. Jose Monzonís Pons, presidente del Circulo Aparisi y Guijarro.

martes, 18 de agosto de 2015

CASA NATAL DE MATÍAS BARRIO Y MIER

En la Montaña Palentina, en la pequeña población de Verdeña, podemos contemplar la casa natal del que fuera en nueve legislaturas diputado carlista por el Distrito de Cervera de Pisuerga y Jefe Delegado de Carlos VII, D. Matías Barrio y Mier (1844-1909).

Una lápida conmemorativa en su fachada nos sigue recordando a ese ilustre personaje carlista, así como la importancia política que el carlismo tuvo en esas tierras de Castilla.

Fuera de connotaciones políticas, adentrándonos en Verdeña podemos iniciar una bonita ruta senderista que nos llevará por la conocida como senda del bosque fósil.

lunes, 29 de junio de 2015

FIRMA Y DIFUNDE PARA QUE LA PLAZA VÁZQUEZ DE MELLA CONSERVE SU NOMBRE

El Ayuntamiento de Madrid pretende cambiar el nombre de la plaza Vázquez de Mella, diputado y escritor tradicionalista, para dársela a Pedro Zerolo.



Hace unos días se lanzó una petición de firmas a través de change.org para pedir que la plaza madrileña conserve su nombre.

Ayer tarde la petición contaba con 646 firmas. Hoy la alerta ha desaparecido de la página de change.org. 

Te pedimos dos firmas:
  • La segunda firma es una nueva solicitud al Ayuntamiento (con carta a la alcaldesa) para que conserve el nombre de la plaza. No importa que hayas firmado la anterior ya que tu firma se ha perdido.
Y todavía te pedimos una cosa más, que sigas difundiendo el mensaje.


SI NO ESTÁS DE ACUERDO, FIRMA Y DIFUNDE PARA QUE LA PLAZA VÁZQUEZ DE MELLA CONSERVE SU NOMBRE

  El pensador, político y orador tradicionalista asturiano Juan Vázquez de Mella y Fanjul (Cangas de Onís, 8 junio 1861 - Madrid, 26 febrero 1928), afincado en Madrid donde reposan sus restos, fue un personaje universalmente respetado en su tiempo. Le están dedicadas calles y plazas en poblaciones de toda España (allí donde el sectarismo más obtuso no se las ha arrebatado) e Hispanoamérica. En su plaza de Madrid se halla un grupo escultórico en su memoria y homenaje.
El nombre de Pedro Zerolo representa, en cambio, la tremenda degradación moral a la que ha llegado la España actual; y en particular la villa de Madrid, cuyo barrio de Chueca (donde se ubica la citada plaza) ha sido entregado a los aberrosexualistas por el Partido Popular. Una plaza dedicada al difunto Zerolo, diputado socialista (tras militancia en el progresismo "cristiano" y coqueteos con AP/PP) por el único "mérito" de su pública defensa de la perversión, sólo traería desprestigio y burla, afrenta y división.

sábado, 6 de junio de 2015

EL INCOMPRENDIDO VALLE-INCLÁN

JUAN MANUEL DE PRADA

A nuestra época no le interesa que se conozca el pensamiento tradicional
AL comienzo de su notable biografía de Valle-Inclán, La espada y la palabra (Tusquets), Manuel Alberca señala que durante años se ha pretendido presentar al gran escritor como un filo-comunista adobado con un rebozo de catolicismo estético. Así lo caracterizaban, en efecto, los manuales escolares en mi época de bachiller; y, creyéndome tal patraña, empecé a leerlo, dándome cuenta pronto de que tal caracterización había sido muy sutilmente aliñada para convertir a Valle en un fantoche y escamotear su filiación, que es tradicional hasta las cachas, al menos hasta el advenimiento de la República, que a la vez que lo mata como escritor y lo desorienta humanamente lo convierte en un indecoroso pedigüeño de sinecuras oficiales.
Resulta, en verdad, trágico comprobar cómo Valle-Inclán fue incomprendido ya en vida; y cómo lo sigue siendo todavía hoy, pues a nuestra época no le interesa que se conozca el pensamiento tradicional, presentado absurdamente como de extrema derecha, o en el mejor de los casos como una antigualla ajena a las necesidades del pueblo, cuando lo cierto es –como Pío X dejó escrito– que «los verdaderos amigos del pueblo no son revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas». Valle no fue tan sólo un defensor de la Tradición por estética, sino que se comprometió muy vivamente en la defensa de sus postulados… Lo que ni siquiera entendieron sus contemporáneos, incapaces de aceptar que un innovador estilista no fuese en lo político un progresista o liberal; como si, para ser tradicional, fuese obligatorio perpetrar bodrios, al modo de cualquier escritor angloaburrido y sistémico. Más dolorosa aún debió de resultar a Valle la incomprensión que cosechó entre los propios sectores tradicionalistas, donde a menudo se le trató con desconfianza, pues no se entendía que en su obra tuviesen presencia la sensualidad y el pecado, o que se defendiesen posiciones aliadófilas.
Manuel Alberca desenmascara el intento de tergiversar la filiación política de Valle-Inclán. Sin embargo, el biógrafo incurre en ocasiones en el mismo error que señala, caracterizando el tradicionalismo con epítetos por completo incongruentes y anacrónicos, tales como «políticamente conservador» o de «extrema derecha» (cuando lo cierto es que el pensamiento tradicional repudia las ideologías surgidas de la Revolución). A ello contribuyen, sin duda, las boutades del escritor, tan extremosas como delirantes. Ocurre así, por ejemplo, cuando en una entrevista Valle sostiene que «España debe exterminar a las razas autóctonas americanas»; o bien que «hay que suprimir los periódicos, no autorizando más que la circulación del Boletín de la Diócesis» (¡sospecho que hoy Valle también habría reclamado el cierre de algunos boletines diocesanos, mucho más deletéreos que los periódicos!). Esto, como a todas luces se advierte, no son postulados tradicionales, sino tremendismos grotescos que Valle profería para escandalizar a las viejecitas de ambos sexos de su época (y a los eunucos políticamente correctos de épocas futuras). Tampoco acierta Manuel Alberca cuando caracteriza la defensa de la tradición como «posiciones que ignoran el presente para instalarse en el prestigio de un pasado legendario»; pues, como afirmaba Chesterton, la tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas. Al evocar un tiempo antiguo con una escritura nueva, llameante de imágenes y proyectada sobre el porvenir, Valle nos está mostrando el auténtico sentido de la tradición.

Fuera de este lunar, La espada y la palabra nos ha parecido un libro lleno de iluminaciones sobre quien, con Unamuno, fue el mejor escritor español del siglo XX.

martes, 31 de marzo de 2015

LA EXIGENCIA MORAL EN LA POLÍTICA


Ante el olvido de los justos, recuerdo y homenaje a Antonio Aparisi en su bicentenario.

Antonio Colomer Viadel
Catedrático de Derecho Constitucional (J)
Universidad Politécnica de Valencia

En el día de hoy, 29 de marzo, se cumple, justamente, los 200 años del nacimiento en Valencia de Antonio Aparisi. Hace 21 años, en 1994, escribí un libro titulado “La exigencia moral en la política: Antonio Aparisi y Guijarro”. Mi fascinación por el personaje no sólo se debe a mi vínculo familiar sino a una trayectoria excepcional de hombre, político, parlamentario y abogado, de una honradez e integridad incorruptible, que provoca el elogio incluso entre sus adversarios políticos.
Ahí están los testimonios del Conde de Romanones, Posada Herrera o Emilio Castelar, que fue Presidente de la Primera República, y alabó de forma apasionada a Aparisi como abogado extraordinario y uno de los mayores oradores parlamentarios de la España del siglo XIX. Castelar llegó a decir que si pudiera elegir entre sus antagonistas ideológicos a alguien como Fiscal General del Reino, con la seguridad de que los derechos de todos los españoles estarían plenamente garantizados, sin lugar a dudas, elegiría a Antonio Aparisi.
Placa de la calle dedicada en Valencia a Aparisi y Guijarro ensuciada por los "tolerantes antifascistas"
Fue Diputado y Senador por Valencia y por Guipúzcoa, pero, ante todo, fue un hombre independiente, sin partido –sólo al final de su vida ante la corrupción y degradación moral de Isabel II y su Corte, apoyará al Pretendiente carlista-, implacable ante la injusticia y la mentira, abogado de los pobres y republicanos perseguidos, -¡él, que era católico y monárquico sustancial!- y denunciador de corrupciones y fraudes electorales y políticos, tan frecuentes en la época. En cierta medida, fue la conciencia moral de un pueblo y sus palabras y vida son aldabonazos en la sociedad en que vive, tal como lo hicieron en los tiempos antiguos, Diógenes o Catón.
Algunas de sus ideas –la preocupación social, el clamor por la justicia, la descentralización y el arraigo local y popular en la participación política- tienen resonancias muy vivas y actuales.
En una sociedad tan cainita como la española y en una época de banderías violentas, en medio del falseamiento y fraude generalizado de la vida política, destaca la ejemplaridad de aquel hombre íntegro.
En un discurso que pronunció en el Congreso de los Diputados el 4 de julio de 1865, en los años previos a la caída de Isabel II, y haciéndose eco del desaliento que la situación del país le provoca, exclama: “Algunas veces, abatido, una voz secreta me decía, cállate, ¿por qué hablas? Hasta ahora tuviste la fortuna de no odiar a nadie, no sigas en peligro de odiar; hasta ahora tuviste la fortuna de no hacer daño a nadie, no sigas en peligro de hacerlo… cállate, ¿por qué hablas, pues? Es verdad, contestaba yo; pero ¿y la conciencia?”.
Esa fidelidad a los valores éticos y a la exigente conciencia es un rasgo irrenunciable de Aparisi, para el que ningún valor humano le es ajeno, sea cual fuere su origen, y muchas de cuyas reflexiones tienen una actualidad impresionante.
En medio de esta triste indiferencia e ignorancia sobre su figura y su obra en nuestra ciudad y nuestro país, una excepción ha sido la del profesor Carlos Flores que hace unos días (ABC, 25-3) evocaba su figura y utilizó el hábil argumento de poner en boca de algunos personajes actuales preguntas y respuestas que en realidad eran de Aparisi. Sirva de muestra alguna cita “cuando Albert Rivera se pregunta ¿hay elecciones? Las quiero libres. ¿Ha de haber diputados? Los quiero de todo punto independientes. ¿Tenemos diputados de todo punto independientes? Pues yo los quiero incorruptibles. O cuando Alberto Fabra, en relación con la Ley de Señas de Identidad hubiera declarado que “Valencia sin sus tradiciones sería como un pueblo salido del hospicio”. Y que el Papa Francisco escribiera “cuando el hombre-Dios nos dijo sed buenos, nos dijo sed libres. Por eso tenemos hasta la obligación de ser libres los cristianos… pues Dios no pudo querer que besáramos como siervos el pie de un déspota o adulásemos como siervos la ira del populacho”. A continuación, el profesor Flores, aclara que el autor de estas reflexiones, en realidad, se llamaba Antonio Aparisi y Guijarro, y era hijo de esta tierra.

También tendríamos que preguntarnos porqué no elegimos a los mejores, a los más fieles cumplidores de sus deberes profesionales, familiares, políticos, más allá de servilismos partidistas. Una civilización de sujetos éticos retomaría el clásico juramento de Hipócrates para los médicos, pero que sirve para todos los oficios y profesiones, en cuanto a la autoexigencia de rigor profesional, de dedicación plena, de precio justo, y de lealtad a discípulos y pacientes. Si ese entramado de deberes fecundara nuestra sociedad, emanaría del mismo la plenitud de nuestros derechos de forma natural, sin griteríos y aspavientos. Este es el desafío de los justos ante la conspiración de la infamia en la que estamos sumergidos. Este es el ejemplo de Aparisi en esta España de final del milenio –escribí en el prólogo de mi libro-, en donde la política pareciera entenderse como botín  y las parcelas de poder se defienden a dentelladas, como fieras hambrientas que no quieren renunciar a su presa. Aquella exigencia moral de Aparisi es lección de pedagogía cívica que urge rescatar e incorporar a nuestras costumbres ciudadanas.

jueves, 26 de marzo de 2015

EN EL BICENTENARIO DE APARISI Y GUIJARRO

APARISI Y GUIJARRO
Carlos Flores Juberías
ABC 25/03/15 Ed. Comunidad Valenciana
Se sorprenderían si les dijera que Pablo Iglesias revolucionó anoche el debate de La Sexta diciendo que «el parlamentarismo no es más que una farsa, que cuesta mucho, divierte poco, y corrompe muchísimo»? ¿Y que Albert Rivera ha señalado en una reciente rueda de prensa: «¿Hay elecciones? Las quiero libres. ¿Ha de haber diputados? Los quiero de todo punto independientes. ¿Tenemos diputados de todo punto independientes? Pues yo los quiero incorruptibles»?
¿Les extrañaría que Esperanza Aguirre hubiera propuesto imitar a los ingleses «en una cosa, en una sola: en respetar la memoria de nuestros padres… siglo que quiera que los venideros le respeten, respete a los pasados»? ¿O que en defensa de su nueva Ley de Señas de Identidad Alberto Fabra hubiera declarado que «Valencia sin sus tradiciones sería como un pueblo salido del hospicio»?
¿Me creerían si les dijera que un militante de Podemos decepcionado con sus líderes acaba de escribir anónimamente en un foro de internet que «en las revoluciones solo hay dos clases de gentes: los que las hacen y los que las explotan»? ¿Y que el Papa Francisco acaba de escribir en su primera encíclica que: «Cuando el Hombre-Dios nos dijo ‘sed buenos’, nos dijo ‘sed libres’. Por eso tenemos hasta la obligación de ser libres los cristianos. ¿No nos creó Dios en su semejanza? Pues Dios no pudo querer que besáramos como siervos el pie de un déspota o adulásemos como siervos la ira del populacho»?
Pues si así fuera, no les podría tachar de disparatados, pero a pesar de ello se equivocarían de plano. Porque el autor de esas reflexiones –unas clarividentes, otras osadas, todas profundas– hace mucho que duerme el sueño de los justos. Se llamaba Antonio Aparisi y Guijarro, y era hijo de esta tierra. Fue diputado y senador, jurisconsulto y poeta, dramaturgo y orador. Siguió a su Rey hasta el exilio y, de vuelta en España, murió en el mismísimo hemiciclo parlamentario. Y si en este país no tuviéramos a la vez la izquierda mas revanchista y la derecha mas acomplejada de Europa, a buen seguro habría sido objeto de un homenaje, hoy –este domingo– que se cumplen los doscientos años de su nacimiento.

lunes, 23 de marzo de 2015

MARTIROLOGIO CARLISTA CATALÁN

En el transcurso de los actos en torno al día de los Mártires de la Tradición celebrados el pasado 22 de marzo en Montcada i Reixac, se  presentó por parte de la CTC de Cataluña el primer Martirologio carlista catalán durante la persecución religiosa del 1936 al 1939. Se trata de un primer estudios de tradicionalistas asesinados en Cataluña. Casi se han recogido 800 nombres, pero aún quedan por descubrir muchos más, averiguar cómo fueron asesinados, recoger sus fotos y biografías, etc. Pero, de momento, la labor ya se ha iniciado.

De este primer estudio martirial se pueden concluir que hay 144 sacerdotes tradicionalistas asesinados, de los que ya se poseen datos de casi un centenar. Además 10 de ello han sido beatificados por la Iglesia católica. También se constata que muchísimas familias carlistas perdieron a dos o más miembros, bien padre e hijos, o bien hermanos. Y respecto a las profesiones se puede constatar la transversalidad del carlismo y el origen humilde de muchos de los asesinados.

En breve, la CTC publicará esta primera versión del estudio.

Destacar que algunos de los referenciados en este trabajo han sido también protagonistas en las páginas de este humilde blog, como es el caso de Tomàs Caylà y Josep Alabart.





viernes, 13 de junio de 2014

LA CONFESIONALIDAD EN LA VIDA POLÍTICA DE LUIS DE TRELLES

Por Manuel Abol-Brasón Álvarez-Tamargo Profesor de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo 

Fuente: Boletín Fundación Luis de Trelles, junio de 2014

Sus primeras manifestaciones en la vida partidista fueron en el moderantismo, lo que hoy se puede llamar la derecha. Bajo esta disciplina fue diputado por Vivero en 1853. Pero en el mismo año, a la vista de la corrupción de los moderados, engrosó las filas de los moderados con tendencias progresistas, es decir una especie de centro – derecha, que por aquellos años tenía como partido más característico la Unión Liberal. Es en esta circunstancia, cuando fue uno de los redactores del periódico madrileño El Oriente. Al final esta filiación política, auspiciada por la revolución de 1854, de la que él apareció como vaticinador, también le desilusionó: los golpes de una conmoción que amenazaba los fundamentos de la sociedad comenzaron a oírse. Por eso transitó hacia el tradicionalismo – fiado de su defensa incansable de los postulados confesionales –, único medio que consideraba podía servir para arreglar la estragada situación de España.
En estos mismos años, desde 1854 hasta 1865, se produjo también el cambio hacia una práctica religiosa cada vez más fervorosa. Sus primeros biógrafos escribieron que el Corazón de Jesús fue el primero que llamó a las puertas de su alma. Esto le llevó a convertirse en un seglar consecuente con la fe, que ahora gobierna su vida por entero.

De la confluencia de ambas conversiones surgió el gran Trelles, el apóstol infatigable de la Eucaristía y de la caridad, el perpetuo adorador, el amigo de los pobres y de los abandonados, el político cristiano. En el foro, en la palestra del parlamento, en las gradas del altar, en el escritorio de su despacho y en el hospital con los heridos de la guerra, apareció como un católico completo, siempre con una mirada amable, comprensiva y afectuosa. Por eso se hizo un carlista apasionado. Cuando el 16 de junio de 1875, como comisario regio, intervino en el canje de prisioneros de guerra, en Viana (Navarra), uno de los testigos presenciales lo describió así para el periódico La Época de Madrid, el diario favorito de Cánovas del Castillo, de los conservadores y de la aristocracia: “el señor Trelles llevaba una esplendente boina encarnada y eso que iba de levita negra, y por cierto que bordado en ella y sobre la parte del corazón un Corazón de Jesús”. Si una imagen vale más que mil palabras, ésta expresa por entero su personalidad política y espiritual. La carta que ahora se publica es un testimonio precioso y preciso de la manera mediante la cual cambió su vida, de esa llaga con la que el Corazón de Cristo hirió al de Trelles, y, como el árbol donde cae allí permanece, éste fue su asilo eterno.



Carta  de de Don Luis de Trelles  y Noguerol  a Don Pedro de de la la Hoz, director  La Esperanza de Madrid 

 Señor Director de LA ESPERANZA 
                                                                                                                23 de noviembre de 1865


Mi estimado amigo: Acaba de llegar a mis manos una hoja anónima en que se trascribe una circular electoral que di a luz, litografiada, en 1854. Entonces, aunque no irreligioso, era yo liberal y esperaba mucho de los unionistas. ¡Qué ilusión¡ Los hechos vinieron pronto a desengañarme, en términos, que en 1855 y 1856 defendí con esfuerzo en el jurado ó tribunal de imprenta a La España y a El León Español, hasta trece veces, haciendo por lo tanto oposición franca a la Unión de Vicálvaro. ¡ojalá hubiera sido aquel solo el error y la preocupación que padecí entonces¡ Mis ideas todas fueron modificándose con los desengaños en cabeza ajena, pues no he vuelto desde entonces a la escena pública, llegando a convencerme profundamente de que sólo en el terreno religioso se halla toda verdad. Firme en estos sentimientos, arraigados hondamente en mi alma, mi proceder público, y mis ideas en ciertas discusiones religiosas en el Ateneo de Madrid, me han conquistado la nota de lo que hoy se llama neo-católico. No lo acepto, en cuanto se quiere con este dictado, significar que hay una escuela política que explota, para su fin, la Religión, y menos todavía, en cuanto supone que hay una secta que en nuestro país modifica o pretende modificar las doctrinas del Evangelio. No creo que exista tal escuela ni tal secta: no puedo, por tanto, aceptarla ni pertenecer a ella. Pero si por neo-católico se entiende ser católico, como lo son el Santo Padre y los Reverendos Obispos; creer todo lo que cree la Santa Iglesia; aceptar como doctrina segura la Encíclica Quanta cura y el Syllabus; combatir resueltamente, fieramente, si se quiere, a los infaustos reconocedores del llamado Reino, que yo llamo robo, de Italia, y buscar en estas verdades todo criterio, así en política como en todo, yo me proclamo, yo me glorío de ser neo-católico. Mayormente cuando viene como apodo y adjetivo de desprecio, que siempre aprovecha al cristiano que no se avergüenza de serlo delante de los hombres.

Dicen los anónimos que hago oposición fiera a la Unión. ¿Quién la mandó a esa señora hacerse impía y sacrílega, oponiéndose a la libertad e independencia del Padre común de los fieles? Hago bien; yo no hago más porque más no puedo. Si tuviera los nueve mil votos que comprende el censo de la provincia de Lugo, esos nueve mil votos pondría en la urna contra aquella atrevida y versátil dama. Pero nada hay de esto. Un poco de iniciativa que tomé en la actitud de los católicos en esta provincia contra la desunión que nos manda, no merece ni puede llamarse oposición fiera. Pero si tal fuese, entienda el autor ó los autores anónimos que, así como no es maravilla que un hijo que está en el regazo de su madre se lance fieramente contra quien la ataque, mi actitud es de quien, habiendo nacido en el seno de la Iglesia Católica, la ve atacada alevemente, y sale a su defensa con brío y santa ira, porque mira en ella ofendida a su tierna y amorosa Madre, en cuya comunión desea vivir y morir.

Quédame, para concluir, dar a los anónimos un ejemplo de caridad no examinando ni historiando sus variaciones, que bien podrían dar lugar a una obra más extensa que la de Bossuet sobre las Variaciones del protestantismo.
La mía, en cuanto a las ideas políticas que derivan de la verdad religiosa, podrá tener el aire de una conversión, o a lo menos un principio de ella; mas espero en Dios que será la última, porque he hallado terreno firme y sólido, en el cual busco la solución de todo problema, seguro de hallarla, porque el tiempo es un accidente y un tránsito a la eternidad, y mal pueden encontrarse dificultades insolubles desde el punto de vista de la ciencia cristiana, que, como su Divino Fundador, es de ayer, de hoy y de los siglos venideros
Mi criterio es el criterio católico; mi filosofía la del Cristianismo. Si en el mar revuelto de la política me pierdo, he ahí cuál será mi estrella polar. .
Desde esta elevada cumbre miro a veces mi vida pasada, incluso la hoja insignificante que cita el anónimo; y aunque en mis escritos dados a la prensa no encuentro, a Dios gracias, errores conocidos ni tendencias que pueda confesar que son perniciosas, temo que hay en ellos alguna idea, alguna voz, alguna tendencia peligrosa, en sentir de los sabios y virtuosos, que ven en el fondo de las acciones humanas lo que el hombre suele no descubrir, cegado por el…

Poseído de las mismas ideas, retracto y retiro por precaución todo lo que en El Oriente, o en los impresos que fueron obra mía, pueda ser digno de censura o de la menor edificación, pues quiero ajustarlo todo a mis convicciones, y someterlo a la Iglesia. Doy gracias, antes de concluir, por no faltar a lo debido, a mis anónimos adversarios por la ocasión que me ofrecen de hacer esta manifestación, que puede servir de programa electoral, más bien pensado seguramente que el de 1854, época en que, lo reconozco, estaba lleno de ideas o impresiones del momento, sin punto fijo de partida, sin brújula ni rumbo cierto, como quien navega a la ventura. Sentadas estas doctrinas, llámenme como quieran, moderado recalcitrante, neo-católico, o lo que les parezca, pues hasta ahora no tiene razón de ser ningún capítulo de mis variaciones, porque nada he sido del presupuesto antes ni después de ser diputado y escritor. Anticipa a usted gratitud por la bondad de hacer lugar a esta comunicación su afectísimo amigo QUE BESA a USTED LA MANO. Luis de Trelles y Noguerol.


domingo, 30 de marzo de 2014

NAVARRO VILLOSLADA Y EL CARLISMO

Navarro Villoslada y el carlismo

Tomado de Ínsula Barañaria  Blog de literatura de Carlos Mata Induráin

Don Carlos de Borbón y Austria-Este
El triunfo de la Revolución de septiembre de 1868 provocó el acercamiento de Navarro Villoslada y los denominados neocatólicos (Nocedal, Aparisi y Guijarro, Canga Argüelles, Tejado…) al carlismo. En efecto, tras el destronamiento de Isabel II la legitimidad estará representada para ellos por don Carlos María de Borbón y Austria-Este (Carlos VII), y se unen a él por ser su partido el que mejor podía defender, en aquel determinado momento, los intereses católicos por los que venían luchando.
En 1869 Navarro Villoslada es detenido y ha de pasar mes y medio en la prisión del Saladero de Madrid por haber publicado, antes de que lo hiciera la prensa oficial, una nota en la que avisaba de la intención del gobierno de incautarse todos los bienes eclesiásticos. Tras salir de la cárcel, se exilia para evitar nuevas persecuciones.
En París se pone a las órdenes del pretendiente, al que acompaña por Centro Europa, y prepara algunos folletos de propaganda carlista, siendo especialmente famoso el artículo titulado «El hombre que se necesita», en el que presentaba a don Carlos a los españoles como el único candidato al trono capaz de acabar con la anarquía reinante en España. Según dijo Aparisi, con este escrito ganó para su causa a millares de partidarios. Desde finales de 1869 pasa a ser secretario personal del duque de Madrid pero, estando en Viena, el 25 de enero de 1870 se rompe una pierna y ha de permanecer cinco meses en cama, teniendo que abandonar el cargo. Esta es la razón de que no se encuentre presente en la famosa Junta de Notables de Vevey.
En 1871 es elegido senador por Barcelona, y la inmunidad parlamentaria le permite volver a España; ejercerá el cargo de secretario de la minoría carlista en el Senado. Se opone con Aparisi y otros a las medidas liberalizantes propuestas por el general Cabrera y discute con don Carlos, empeñado en seguir los consejos «cesaristas» de su nuevo secretario, Arjona. Se muestra igualmente contrario a que toda la prensa carlista esté bajo la dirección de una sola persona, Cándido Nocedal. Al final, para no seguir oponiéndose en público a su rey, renuncia a la dirección de El Pensamiento Españoly, desengañado, se retira de la política activa.

martes, 11 de febrero de 2014

ACTIVIDADES EN TORNO A ZUMALACÁRREGUI

Con ocasión del 225º aniversario del nacimiento del general carlista Tomás Zumalacárregui (1788-1835), el Museo del Carlismo ha organizado para el próximo 14 de febrero la siguiente actividad:

A continuación se ofrecerá una conferencia sobre el diario a cargo de Francisco Javier Caspistegui, profesor de la Universidad de Navarra y miembro del Comité Científico del Museo del Carlismo.

- 20.00 h. Mesa redonda sobre Tomás de Zumalacárregui, con la participación de Francisco Javier Caspistegui, Ramón Muruzábal, Félix Cariñanos y Dolores Goldáraz.

Asimismo, les recordamos que el próximo domingo 16 de febrero es el último día para visitar en el Museo una exposición de objetos personales del general.

Calle de la Rúa, 27-29
31200 Estella (Navarra)


Tlf. 948 55 21 11

jueves, 30 de enero de 2014

EXPOSICIÓN SOBRE ZUMALACÁRREGUI EN EL MUSEO DEL CARLISMO DE ESTELLA

El Museo del Carlismo ha organizado para el próximo sábado 1 de febrero dos visitas guiadas gratuitas a su exposición permanente: a las 16.30 y a las 17.30 de la tarde, ambas en castellano.

Asimismo, recordamos que el Museo alberga una exposición de objetos personales del general Tomás de Zumalacárregui, con ocasión del 225º aniversario de su nacimiento. Puede visitarse esta exposición hasta el próximo domingo 16 de febrero.


Más información sobre horarios y tarifas en la página web del Museo del Carlismo www.museodelcarlismo.navarra.es

jueves, 23 de enero de 2014

DIARIO DE CAMPAÑA DE ZUMALACÁRREGUI (01-11-1834 al 15-05-1835)

La editorial navarra Sancho el Fuerte Publicaciones acaba de sacar al mercado la edición facsímil del diario de campaña de Zumalacárregui, con la transcripción y el estudio preliminar del mismo a cargo del historiador D. Francisco Javier Caspistegui.




Los interesados en adquirir esta obra pueden ponerse en contacto con la editorial en esta dirección: 
 http://sanchoelfuertepublicaciones.com/contacto.html


- Manuscrito (inédito) en edición facsímil. 

- Un volumen, con un estudio preliminar y la transcripción del texto del manuscrito.

Autor: Fco. Javier Caspistegui Gorasurreta.
Doctor en Historia Contemporánea. Universidad de Navarra.
Miembro del Comité Científico Asesor del Museo del Carlismo.



Ficha técnica: Manuscrito, en edición facssímil, de 20 x 28 cm.y 70 páginas. Un Volumen, de 20 x 28 cm. y 109 páginas, encuadernado en guaflex, con un estudio preliminar y la transcripción del texto del manuscrito. Todo ello en un estuche de terciopelo con estampaciones en oro.

viernes, 12 de julio de 2013

VICENTE JOVANÍ ÁVILA Y JOAQUÍN JOVANÍ MARÍN, MÁRTIRES DE CRISTO

De entre los 522 mártires que serán beatificados en Tarragona el próximo 13 de octubre queremos destacar en este blog a aquellos más relacionados con el carlismo, como es el caso de Vicente Jovaní Ávila y de su tío Joaquín Jovaní Marín. Pertenecían a una familia muy vinculada al carlismo del Maestrazgo, como lo demuestra que otros dos hermanos de Vicente, Joaquín y Fernando eran vocal de la Junta Local Carlista de Benicarló además de miembro del Requeté y Delegado del Distrito de Vinaroz de la Juventud Tradicionalista respectivamente,  El primero murió asesinado junto a su hermano y su tío en Montcada i Reixac. Dos meses antes había sido asesinado su padre Vicente Luis Jovaní Marín en Sagunto. Con ellos también murió Federico Domingo Sanjuán, ex alcalde republicano de Benicarló y hermano del ministro de la República Marcelino Domingo, intentando salvar a los miembros de la familia Jovaní. Sólo Fernando sobrevivió para poder dar testimonio.
Esta es una breve semblanza biógrafica de ambos:

Vicente Jovaní Ávila.- 1902-1936. Sacerdote. Natural de Benicarló. Estudió en el Seminario de Tortosa y en el Pontificio de Roma, siendo ordenado el 24 de junio de 1928, tras haber ingresado en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Fue prefecto de disciplina en el Colegio de Valencia y en los seminarios de Burgos, Valladolid y Tarragona. En julio de 1936 se encontraba en el Seminario de La Seu d´Urgell junto a su tío Joaquín. Fueron detenidos junto a otros sacerdotes y seminaristas y conducidos al barco-prisión “Río Segre”, en Tarragona. El 11 de noviembre fue liberado trasladándose a Barcelona con su tío, allí se reunió con sus hermanos Joaquín y Fernando. Éste último dejó escrito su testimonio, el mejor relato sin duda de los momentos finales de los cuatro benicarlandos asesinados el 7 de diciembre de 1936:

“Conseguida la libertad de mi tío Joaquín –gracias a las gestiones de Federico Domingo y Domingo Roig Marín (dirigente de la Derecha Regional Agraria en Benicarló y hermano de Agustín Roig Marín jefe carlista del Distrito de Vinaroz)-, le llevaron a Barcelona con mi hermano Vicente. Éste se acomodó en la pensión que ocupábamos mi hermano Joaquín y yo mismo. Por unos días nos juntamos los tres hermanos en la misma casa. En esos días, inesperadamente, nos visitó el P. Arbona, jesuita, quien le facilitó formas y vino para celebrar Misa. Así que, en nuestra común habitación, diariamente celebraba la Santa Misa, con solo dos asistentes. Me llamaba la atención que se vestía con sus mejores ropas sólo para ese menester; se servía de un vaso como cáliz y una cartulina cortada hacía las veces de patena. Aquéllas eran misas de catacumbas; la emoción se palpaba. El mes anterior, octubre, mi padre había dado la vida por la mía, y nosotros presentíamos el mismo final, ya que por entonces, en Barcelona, las patrullas de control registraban pisos y pensiones y crecían los mártires en la Rabassada, Vallvidrera, Montcada, etc., etc.
Un día de los últimos de noviembre vinieron de Benicarló mi tío Domingo, siempre acompañado de su cuñado Federico, con una esperanzadora noticia: preparaban la salida de mi tío Joaquín y que posiblemente cupiera en el mismo vehículo uno de nosotros tres. Más tarde nos darían más detalles, y se fueron. Mientras, nosotros decidimos que si alguien se podía salvar que fuera mi hermano Joaquín, casado, con dos hijos, de menos de dos años el chico y cuatro meses la niña. Tal y como nos habían prometido, esa misma tarde vinieron a recoger a Joaquín. Otro abrazo emocionado. Vicente que se va con ellos, para despedir a nuestro tío Joaquín…y adiós, para siempre.
Lo poco que pudimos averiguar, es que les tendieron una emboscada, y fueron entregados a las patrullas de control de Poble Nou (calle Pedro IV). Después de los consabidos interrogatorios fueron encarcelados en la checa del convento de San Elías, y el día 7 de diciembre los asesinaron en el cementerio de Montcada y echados sus cadáveres en los pozos excavados al efecto, pues eran muchos los asesinados diariamente.”
Joaquín Jovaní Marín.- 1874-1936. Nació el 16 de octubre de 1874 en Sant Mateu aunque su familia se trasladó a vivir a Benicarló. Su familia era muy religiosa y guardó una gran relación con el Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Realizó sus estudios en el seminario de Tortosa y se licenció en Teología en el seminario de Toledo. Fue ordenado presbítero el día 4 de junio de 1898 y el 12 de agosto ingresó en la Hermandad fundada por Mosén Sol. Ocupó diversos cargos de responsabilidad en el seminario de Toledo; director del colegio de San José de esa ciudad; director del colegio de San Juan en Almería; administrador del Pontificio Colegio Español de Roma, del que más tarde sería rector; profesor en el seminario de Barcelona; rector del seminario de Tarragona. En 1927 fue elegido director general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, cargo que desempeñó hasta 1933. En 1934, a petición del arzobispo, volvió a desempeñar el cargo de rector del seminario de Tarragona. El inicio de la persecución religiosa le sorprendió en el seminario de la Seu d´Urgell, en un cursillo de verano con los seminaristas mayores de Tarragona. Como ya hemos comentado, allí le acompañó su sobrino Vicente. En diferentes cartas había manifestado sus inquietudes y presagios sobre el clima social y político que se vivía en España en 1936: “Únicamente el Señor sabe lo que nos espera en el transcurso de este año que hoy comenzamos”. “La marea roja parece que va en aumento. ¿Llegaremos al final de la zozobra? En manos de Dios estamos.”
El 25 de julio por la tarde entró un grupo de milicianos armados en la capilla donde estaban rezando vísperas. Superiores y seminaristas quedaron detenidos en el mismo seminario. Se les comunicó a los superiores la posibilidad de pasar a Andorra, salvando así su vida, pero la rechazaron por no querer abandonar a sus alumnos. El 26 de julio un autobús y dos camiones trasladan a los presos hasta Tarragona. Durante el trayecto se les despojó de todas sus pertenencias. En Tarragona fueron liberados, Don Joaquín fue acogido por la familia de un seminarista, allí se celebraba la Misa y se rezaba el rosario de forma clandestina. El 2 de agosto un numeroso grupo de milicianos fuertemente armados llamaron a la puerta exigiendo la presencia del sacerdote, su respuesta fue: “Alabado sea Dios; ha llegado la hora…” Al ser interrogado sobre su identidad, contestó: “Soy sacerdote y rector del Seminario de Tarragona”. A partir de aquel momento quedó detenido y fue trasladado al comité para ser interrogado. A las diez de la noche fue conducido al castillo de Pilatos donde quedó preso. La familia del seminarista José María Reyes le llevaba comida diariamente.
Por influencia de Federico Domingo fue liberado a los pocos días. Se refugió en casa de su primo Justo Marín pero viendo que corría peligro se trasladó junto a su sobrino Vicente a Barcelona, hospedándose en la pensión “El Carmen”. Se le facilitó un pasaporte para ir a Francia junto a su sobrino Joaquín, pero, como hemos visto anteriormente, fueron descubiertos y apresados. Junto a ellos fueron detenidos su otro sobrino, Vicente, Federico Domingo y Domingo Roig. Los cinco fueron encerrados en la misma celda de la checa de San Elías. Después de los interrogatorios Domingo Roig fue puesto en libertad, aunque moriría asesinado un mes después en Castellón. Los cuatro restantes fueron llevados al cementerio de Montcada i Reixac, siendo allí martirizados el 7 de diciembre de 1936.
Monumento a los mártires en el cementerio de Montcada i Reixac

miércoles, 15 de mayo de 2013

MARÍA ROSA URRACA PASTOR (1907-1984)


María Rosa Urraca Pastor (Madrid, 1 de Enero de 1907 - Barcelona, Marzo de 1984) fue una dirigente carlista española, famosa por sus artículos de prensa, por su brillante oratoria, por su labor social, a través de Las Margaritas y por su activismo en favor del Tradicionalismo.

Hija de militar, muy joven, se trasladó con su familia a Bilbao, donde estudió la carrera de Magisterio en la Escuela Normal, graduándose en 1923. Comienza a escribir sobre asuntos sociales, colaborando en El Nervión, La Gaceta del Norte y El Pueblo Vasco, así como en La Nación de Madrid. Promovió campañas a favor de mejorar la situación de la condición obrera, dirigiendo las escuelas bilbaínas del Ave María y desempeñando, desde 1929 a 1932, el cargo de Inspectora de Trabajo de Vizcaya, siendo cesada por el gobierno republicano por sus ideas y labor antirepublicanas. Al proclamarse el nuevo régimen ingresó en las Margaritas y en la Agrupación de Defensa Femenina (ADF); pertenecía a los consejos del Patronato de Previsión Social, a las Juntas de Acción Social y de la Juventud Católica de la Mujer, siendo directora, desde su fundación en 1925, del Boletín de Acción Católica. Tomó parte en convenciones como la Semana Pedagógica celebrada en Bilbao en 1923 y el Congreso Femenino Hispanoamericano de Sevilla en 1929.

Durante la II República participó en numerosos mítines tradicionalistas, siendo candidata, sin éxito, por Guipúzcoa en las Elecciones de 1933 por la Comunión Tradicionalista, con 31.618 votos. Colaboró con el Boletín de Orientación Tradicionalista (BOT) de Madrid, órgano de la Comunión Tradicionalista; El Pensamiento Navarro, El Pensamiento Alavés, La Voz de España de San Sebastián, El Norte de Castilla y La Unión de Sevilla, entre otras publicaciones tradicionalistas.

En 1940 publicó en Bilbao Así empezamos... Memorias de una enfermera, recopilación de artículos, discursos y crónicas de la Cruzada.

Tras la Cruzada, se estableció en Barcelona, donde se dedicó profesionalmente a la docencia de expresión oral y dicción. Falleció en Barcelona, en Marzo de 1984.

lunes, 8 de abril de 2013

MEMORIAS POLÍTICAS DE M. POLO Y PEYROLÓN (1870-1913) ¡YA A LA VENTA!

MEMORIAS POLÍTICAS DE M. POLO Y PEYROLÓN (1870-1913). Crisis y reorganización del Carlismo en la España de la Restauración
Autor: Javier Urcelay Alonso. 
ISBN: 978-84-9940-586-5 .  
424 páginas EDITORIAL BIBLIOTECA NUEVA (Grupo Siglo XXI) 
Colección: Historia
Precio: 24€ (iva incluido)


Este libro abarca un período particularmente interesante de la historia del carlismo. La derrota militar en la última guerra (1876) estuvo a punto de conducir a su desaparición. Sin embargo, a partir de la última década del siglo XIX, el carlismo vuelve al primer plano de la escena política española, hasta el punto de acariciar la toma del poder con ocasión de la gran crisis nacional del 98. Oscuras circunstancias lo impidieron, y el mazazo de la oportunidad perdida fue casi equivalente a lo que dos décadas antes había supuesto la derrota militar. Tuvieron que pasar varios años para que volvieran a levantarse los ánimos. Este nuevo renacer del carlismo coincidió con el declive personal de don Carlos y con el ascenso de la nueva figura de su hijo don Jaime. Todo este período constituye el telón de fondo de la obra.

lunes, 4 de marzo de 2013

MANUEL POLO Y PEYROLÓN


Memorias de una figura clave del Carlismo valenciano
por Javier Urcelay

Manuel Polo y Peyrolón fue una figura destacada del panorama intelectual español de la última década del s. XIX y primera del siglo XX, y un nombre clave en la historia del carlismo valenciano.
Nacido el 11 de junio de 1846 en Cañete (Cuenca), estudió Derecho y Filosofía en las universidades de Valencia y de Madrid y con sólo 24 años ganó por oposición la cátedra de Instituto de la asignatura de Psicología, Lógica y Ética, que desde 1879 ejerció en el Instituto de Valencia. Fue en esta ciudad donde residió la mayor parte de su vida y donde desarrollo su labor intelectual y política, hasta el punto de haber sido considerado “el mejor defensor de la identidad tradicional valenciana”.

Catedrático, escritor y publicista católico, fue sin embargo la consagración a la causa política del Carlismo la que marcó la personalidad de Polo y Peyrolón. Es esta faceta de político carlista la que se contiene en unas Memorias Políticas hasta ahora inéditas, en las que he trabajado en los últimos dos años y que publicará la editorial Biblioteca Nueva en breve.

Las Memorias Políticas de Polo y Peyrolón abarcan un período particularmente interesante de la historia del Carlismo, el comprendido entre 1870 y 1913, si bien más propiamente su comienzo habría que situarlo en 1880, cuando Polo saca la cátedra del Instituto de Valencia y traslada su residencia a la capital del Turia.
Tras la derrota militar en la última guerra y el paso de los combatientes a Francia en 1876, el Carlismo inició un período de declive que estuvo a punto de conducir a su desaparición. El nombramiento del marqués de Cerralbo como Delegado de Carlos VII en España, en 1890, supuso una progresiva inversión de la tendencia. A través de una incansable actividad propagandística y la proliferación de nuevas formas de acción política, el carlismo inició un proceso de modernización que le dotó de una sólida organización interna y le permitió movilizar una amplia base social.

La oportunidad pareció presentarse en la gran crisis nacional finisecular que desembocó en la pérdida de Cuba y las Islas Filipinas. El Carlismo entró en efervescencia y el triunfo se le puso al alcance de la mano. Sin embargo, oscuras circunstancias hicieron que la oportunidad se malograra.
El mazazo de la ocasión perdida fue casi equivalente a lo que dos décadas antes había supuesto la derrota militar. El pesimismo, la frustración y el abatimiento volvieron a posesionarse de las masas y los cuadros del partido carlista, y tuvieron que pasar varios años para que volvieran a levantarse los ánimos. Este renacer del carlismo coincidió con el declive personal de don Carlos y con el ascenso de la nueva figura de su hijo don Jaime, que parecía representar una nueva vitalidad.

Todo este periodo, que cubre prácticamente treinta años de historia nacional, es el telón de fondo de las Memorias Políticas de Polo y Peyrolón, testigo privilegiado y protagonista de primera de aquella etapa del Carlismo a nivel nacional pero muy especialmente del Carlismo valenciano, probablemente el de mayor respaldo popular y mejor organizado en aquellos años.

Por las páginas de las Memorias de Polo desfilan los prohombres del catolicismo social y el carlismo valenciano como el P. Vicent, Rafael Rodríguez de Cepeda, Joaquín Llorens, el general Reyero, Manuel Simó, Luís Lucía, Juan Luís Martín Mengod etc; el Círculo Central de la calle Gil Polo nº 1, el de la calle del Mar  y los casinos abiertos en casi todas las poblaciones valencianas; los avatares electorales, los aplechs y veladas que congregaron multitudes en Aldaya, Algemesi, Gandía etc; o los periódicos carlistas regionales como El Centro y El Guerrillero, que editaba la Juventud del partido.
La dialéctica entre los mestizos y los carlistas puros; los intentos de unión de los católicos -a través de los Congresos y los Círculos de obreros católicos, la Liga y la Unión Católica- impulsada por el Vaticano y el episcopado bajo la consigna del ralliement , aceptando las instituciones liberales, y que encontraron en Polo un firme opositor;  la reorganización del partido bajo la primera dirección de Cerralbo; la crisis nacional derivada de la pérdida de las Colonias, el alzamiento frustrado y la gran ocasión perdida; el nacimiento de los nacionalismos periféricos, o los orígenes de la escisión mellista, son algunos de los capítulos sobre los que las Memorias ofrecen nuevos datos que ayudaran a comprender mejor como, decenios más tarde, el Carlismo se convertiría en el núcleo aglutinador del conjunto de la derecha valenciana durante la II República.. 
 
En todos estos temas, Polo adoptó posiciones de intransigencia, en momentos en que los perfiles del carlismo amenazaban con desdibujarse al conjuro de los tiempos y la evolución social.
Si el Carlismo se mantuvo como fuerza política en la región valenciana le debe mucho a Polo, que evitó su disolución en la Liga, la Unión Católica u otras formas de colaboración con supuestos afines que la historia ha demostrado a qué puertos condujeron.

Junto a ello, las Memorias de Polo ofrecen otros aspectos de particular interés, como el relato de los cuatro periodos en los que convivió con don Carlos y su esposa doña Berta, desvelando aspectos poco conocidos de la vida privada familiar, y las 47 cartas del rey le dirigió entre 1895 y 1907 y que permanecían desconocidas hasta la fecha.

Don Manuel Polo y Peyrolón falleció en su casa de Valencia el 28 de marzo de 1918. El diario ABC de Madrid publicó el día 30 una escueta necrológica: “En Valencia ha fallecido el senador del Reino y catedrático de Psicología del Instituto de aquella capital, D. Manuel Polo y Peyrolón. Fue notable publicista y constantemente, en la Alta Cámara, en la Prensa, en la tribuna y en la cátedra defendió los principios de la moral cristiana”.

La publicación de las Memorias Políticas de Polo y Peyrolón permitirá recuperar la figura de quien durante años fue Jefe regional de Valencia y leer un relato apasionante de unos años clave de la historia del Carlismo nacional y levantino.