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martes, 1 de septiembre de 2015

CATALUÑA. LA HISTORIA


Finalmente, se ha podido completar el proyecto de preparar un Cómic sobre la historia de Cataluña, no manipulado por el nacionalismo. En los tiempos que corren, ¡éste sí que es un acontecimiento histórico. Un enorme esfuerzo que repercutirá benéficamente sobre la sociedad catalana y el resto de España.
La presentación será el martes día 8 de septiembre, a las 19,30 horas, en el Hotel Atenea de Barcelona (c/Joan Güell, 207-211)

sábado, 6 de diciembre de 2014

REFLEXIONES ANTE EL 6 DE DICIEMBRE


Ante el 6 de diciembre,
festividad de San Nicolás, y Día de la Constitución española de 1978


LA TRADICIÓN:
NUESTRA VERDADERA CONSTITUCIÓN

En la festividad de san Nicolás, en la que se celebra el Día de la Constitución española de 1978, los miembros de SOMATEMPS nos encontramos ante el deber de conciencia de compartir estas reflexiones con todos los catalanes de buena fe.

Falsas esperanzas
El nacionalismo catalán acusa a la Constitución española de 1978 de ser una de las causas del denominado “desencaje entre España y Cataluña”. Los Estatutos de Autonomía derivados de esta Constitución, primero fueron alabados y ahora denostados por los mismos nacionalistas. En el origen de la Transición democrática, el ”autonomismo” parecía la meta “legítima y exclusiva” del catalanismo, pero evidentemente todo era una farsa. El independentismo ha podido arraigar en una parte de la sociedad catalana debido principalmente a dos causas: por un lado la artificiosa frustración y resentimiento creados por las estructuras de poder y mediáticas del nacionalismo y, por otro, los tacticismos cortoplacistas de los gobiernos de Madrid, capaces de ceder cualquier cosa por un pequeño ámbito de poder.
Hoy, muchos catalanes de buena fe creen que la Constitución española, y la legalidad de la que ella se deriva, es la única esperanza para frenar la impunidad legal que se atribuye el nacionalismo –especialmente el catalán- en nombre de un “Pueblo” inventado que dice representar. Sin embargo, es nuestro deber prevenir y reflexionar sobre falsas esperanzas. No hay peor enemigo que el autoengaño. Por ello tenemos la firmísima convicción de que la Constitución se convertirá en el caballo de Troya del independentismo. Lo que las fuerzas nacionalistas no consigan por su propio ímpetu, lo harán los partidos constitucionalistas aceptando una reforma constitucional que a la postre legitimará las posiciones independentistas. Si ahora se argumenta que la independencia de Cataluña no es posible porque no es constitucional, ¿qué pasará el día que una Constitución reformada lo permita? ¿Qué argumento se podrá sustentar ante el independentismo cuando éste sea constitucionalmente legal”. Si hace apenas un año, los principales partidos españoles afirmaban por activa y por pasiva que la Constitución era inamovible, ahora ya aceptan discutir retoques. Imperceptiblemente, la transición ha muerto y estamos ante un cambio de paradigma. Sólo aquellos que eludan los tacticismos y prevean los acontecimientos serán los que señalarán la estrategia política y la verdadera agenda donde se dilucidará el futuro de España.

Lo que nos enseña la Historia
En dos siglos, desde la Constitución de 1812, en España se han pasado por 13 procesos constituyentes más o menos concluidos con “éxito”: uno cada 15 años de media. Los más largos han sido el que van de la restauración borbónica en 1873 hasta la II República en 1931 y el actual. Y éste último está reproduciendo los mismos parámetros de la caída de la monarquía Alfonsina: muerte del bipartidismo, despertar de un extremismo revolucionario, tensiones separadoras, crisis económica. Muchos de estos procesos constituyentes acabaron con situaciones violentas que fueron desde golpes de estados a Guerras civiles.
Cuando ciertas fuerzas sociales se ponen en marcha en la historia, los principios y artículos constitucionales se convierten en diques de contención de escasa eficacia frente a revoluciones, convulsiones y cambios radicales. Los mismos que en un momento defendieron una Constitución, a lo largo de la historia de España, al día siguiente la traicionaban y se acogían a otra que defendía posturas contrarias. Si dos siglos de historia se han desarrollado así, ¿por qué no ha de volver a suceder? Los inventores del “patriotismo constitucional”, como remedio a las tensiones secesionistas, sólo demuestran su estulticia. ¿Quién sería capaz de entregar su vida por una Constitución que ella misma se define como mutable en función de los desequilibrios de las fuerzas políticas reinantes? Lo más terrible es que bajo el manto constitucional se alienta una falsa esperanza a muchos catalanes y españoles que verdaderamente aman su Patria. El verdadero amor Patrio, sea a la patria chica o a la grande, no puede depender de unos redactados elaborados en apenas un mes por unos ponentes fruto del consenso sin idearios y de las prisas por enterrar un régimen al precio que fuera.

Las verdaderas constituciones de los pueblos
Lo que constituye una sociedad, los principios que la hacen real y que fundamentan su identidad, idiosincrasia y personalidad, se forjan con el tiempo. Las Cartas Magnas, como la Magna charta libertatum (Carta magna de las libertades) en la Inglaterra de 1215, fueron pactos constituyentes de una nueva realidad social que perduraron –en  cuanto principios- siglos y siglos. Los pueblos de toda Europa fueron forjando sus usos, costumbres y tradiciones, que con el tiempo –y purificadas de sus imperfecciones- eran elevadas a rango de ley por los reyes o autoridades civiles. Buena parte de la dinámica –muchas veces agitada- de la incipiente Europa medieval consistía en asentar esos principios jurídicos, para que las sociedades pudieran gozar de estabilidad y conseguir el bien común y personal de sus habitantes. Por eso, muchos reyes y emperadores no dudaban en jurar y reconocer libertades, usos y costumbres de sociedades ya establecidas sobre las que el azar o la providencia les hacía soberanos. Rara vez intentaron unificar bajo un solo criterio legal uniformizador, usos y costumbres que el tiempo y la historia había ido configurando de forma diversa, pero con un poso común. Por eso Europa, en su esplendor medieval pudo ser una unidad espiritual e incluso política sin perder su diversidad organizativa y legal.
Sólo la modernidad, a imitación del Estado jacobino francés, pretendió trasplantar el modelo de código napoleónico en toda Europa. Lo que en algunos países medianamente funcionó, en otros, como España, fue causa de perpetuos conflictos entre elites iluministas y bases populares tradicionales. El constitucionalismo liberal del siglo XIX provocó ni más ni menos que tres guerras civiles. En la medida que el Estado liberal se fue consolidando, especialmente a los avances que permitían los directorios militares, las tensiones con regiones históricas que aún mantenían vivo el anhelo de sus viejas leyes y costumbres se fueron intensificando. Como efecto secundario, y tras complejos procesos psicosociales en lo que ahora no podemos detenernos, ahí acabarían germinando los nacionalismos como formas revolucionarias y liberales –aunque con aspecto conservador- de saciar los deseos de reencontrase con su tradición.
El caso de Cataluña
La constitución de los pueblos es lenta y salvo casos de rupturas dramáticas o revoluciones, es prácticamente imposible establecer momentos precisos de su aparición. La realidad catalana se va forjando con el tiempo y se establecen diferencias con otros pueblos hispanos debido a la influencia provenzal que le permite una organización con mayor influencia romanizada y un cuidado especial por el derecho. Se podría hablar incluso de una primara Carta magna en la que, el 8 de enero de 1025, el Conde Berenguer Ramon de Barcelona pacta con sus súbditos y acto de Señorío y protección. Ello acontecía dos siglos antes de la redacción de la Carta Magna inglesa.

No obstante, la ordenación jurídica de la sociedad catalana, al igual que de tanto otros pueblos, se fue desarrollando con los siglos y fundándose en usos y costumbres. En el caso catalán, tras tres siglos de organización social y política, se recompilaron los famosos “Usatges de Barcelona”, verdadera “Constitución” de un pueblo, elaborada por el aprendizaje de los siglos y el verdadero saber popular. Curiosamente, en estos Usatges, que sin conocimiento de causa reivindican los nacionalistas para defender la “nación” catalana, se recogen al pie de la letra textos de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla. En la obra de San Raymundo de Penyafort encontramos el primer grandioso intento de sistematización jurídica desde  San Isidoro de Sevilla. Los “Usatges” se engarzaron con la aparición de los primeros parlamentos en la Corona de Aragón y así, con el devenir del tiempo, y en boca de Elías de Tejada: “con semejantes elementos: rey, brazos en Cortes y Generalitat, la ordenación constitucional de Cataluña alcanzó en el siglo XIV una modernidad que asombra y un sentido de respeto a la libertad humana que bien podemos anhelar en el siglo XX”.

La Catalunya hispana
En ningún momento de este proceso histórico Cataluña dejó de sentirse hispana y sintió la tentación de desvincularse de la Corona de Aragón a la que pertenecía de facto con el matrimonio entre Petronila de Aragón y conde de Barcelona  Ramón Berenguer IV (1150); y de iure con el tratado de Corbeil (1258), por el que Luís IX de Francia, entregaba los condados catalanes a Jaime I. Baste leer la Crónica de Jaime I, para darse cuenta que Cataluña nunca fue tomada como un añadido o algo ajeno a lo hispano. Por ello, en susodicha Crónica de Cataluña como la mejor tierra, la más honrada y noble que en España existe. El propio Jaime I, en las Cortes de Zaragoza de 1264 enaltecía, en lengua catalana, a los catalanes de los que afirmaba que, después de Dios, a ellos debía sus reinos: “aquells de Catalunya, que es lo millor regne d´Espanya, lo més honrat, y ´l més noble”.
Si algún nacionalista tiene dudas de la hispanidad multisecular de Cataluña, que repase la Crónica de Bernat Desclot. En ella se hace referencia a los prohombres catalanes en estos términos: Ramón Bereguer IV se presenta en la Corte imperial alemana como “un cavaler d´Espanya … de la terra de Catalunya”; el catalán Ramón Folch es tratado como uno de los mayores barones de España, e igualmente Guillem Escrivá se le designa como uno de los más leales españoles. El propio Pedro II es llorado como “més que hanc rey que fos en Spanya”. ¿Quién mínimamente culto puede dudar que Cataluña se aquilatara en el fuego de la Hispanidad, forjando sus propias costumbres y leyes, sin por ello tener la más mínima tentación de separarse de los reinos hispanos? Más bien la propia dinámica jurídica y foral de Cataluña la hacía sentirse más hispana.

¿Rupturas y ataques?
El agotamiento de la dinastía de la Corona de Aragón, con el fallecimiento de Martín el Humano, llevó al Compromiso de Caspe. Tres siglos después otra dinastía extinguida, la de los Austrias, llevó a la Guerra de Sucesión y al decreto de Nueva Planta. El desvarío historicista romántico del siglo XIX desvirtuó esta realidad histórica, especialmente con motivo del Compromiso de Caspe. Ello se debería a la contaminación castellana de la nueva dinastía de los Trastámara. Personajes embebidos de un catalanismo ya enfermizo, como Domènch y Muntaner, en su obra, La iniquidad de Caspe, iniciaron una leyenda negra según la cual los castellanos empezarían a oprimir desde 1412  a los catalanes o, peor aún, el Rey Fernando el Católico, sería un mero alfeñique en manos Isabel de Castilla. Nada más lejos de la realidad, como bien juzga Torras y Bages en La Tradició Catalana.
Ciertamente el Decreto de Nueva Planta suponía un duro golpe a las instituciones catalanas, pero no es menos cierto que ni siquiera el poderoso Felipe V tenía en sus manos el aparato burocrático para imponer una uniformización legislativa y burocrática en toda España. Habría de pasar mucho tiempo para ello. El derecho civil catalán de manera prodigiosa fue evolucionando, especialmente de manos del notariado catalán. Una vez más el pueblo de Cataluña demostró su capacidad de dinamismo organizativo y jurídico en el que las normas y costumbres seguían rigiendo muchas veces por encima de Decretos reales, que apenas llegaban a los recónditos lugares de nuestra tierra. 1714 significó un trauma momentáneo y rápidamente olvidado como reconoce un historiador nacionalista de reconocido prestigio como Rovira y Virgili. Sólo en el último tercio del siglo XIX empezaron a aparecer –en el contexto de la historiografía romántica- las lamentaciones por la pérdida de fueros y Libertades.
Los verdaderos opresores.
Lo que no consiguió de facto el Decreto de Nueva Planta, lo acabará eliminando la serie de Constituciones modernas que arrancan con la de 1812, en la que se ponen los fundamentos para dinamitar todo tipo de normas y costumbres que no emanen directamente del poder “soberano del pueblo”. Pero esta falacia del ”pueblo soberano” era más que evidente, pues desde entonces las leyes emanaban, sin ningún filtro social o temporal, de las oligarquías que conseguían ostentar perennemente la representación parlamentaria. Durante el siglo XIX y la mitad del siglo XX, entre directorio militar y directorio militar, emergían unas cortes que –aunque inestables y precarias- iban disolviendo el cuerpo jurídico tradicional e iban configurando un Estado cada vez más fuerte, uniformizador y jacobino. Durante siglos, los reinos, principados y señoríos de España convivieron en unidad a pesar de sus diversidades legislativas y organizativas, e incluso forjaron uno de los imperios más grandes del Mundo. Por el contrario, desde que se intentó la uniformización jacobina, en el siglo XIX, España estalló en guerras civiles, crisis, pérdida de provincias de ultramar y, a la postre, la emergencia de los nacionalismos separatistas modernos en la propia península.
Tras la transición democrática, la Constitución de 1978 se presentó como el modelo de convivencia y la solución eficaz a casi dos siglos de enfrentamientos internos. Pero dicho texto legislativo se mantuvo gracias a un pacto de no agresión entre diferentes facciones, a silencios cómplices y a traiciones a las propias creencias de los que lo suscribieron. Paradójicamente, la Constitución, al presentarse como Norma superior, y el estatuto de Cataluña, como derivación de la misma, mataron en seco, el desarrollo natural que durante siglos había tenido el Derecho civil catalán. El texto constitucional no era fuerte en sí, sino más bien todo lo contrario. Su pervivencia dependía de un mero acto de voluntad de los que lo sostenían. Todo lo contrario precisamente que el espíritu de los “Usatges”. Del texto Constitucional se derivó el autonómico, con los mismos defectos y vicios. Una vez desaparecido el consenso, como han hecho los nacionalistas y una parte de la izquierda, ¿quién puede garantizar la pervivencia de estos textos “constituyentes”?

Reflexión y conclusión
No somos ingenuos románticos, ni torpes analistas históricos o políticos, ni utopistas descerebrados. La historia es la historia y lo que aconteció ahí ha quedado, influyendo más o menos en nuestro presente. Sería tan absurdo demandar la anulación del Decreto de nueva planta, aunque uno sea de corazón austracista, como pedir la restauración de los “Usatges” tal y como fueron redactados hace siglos. Estas medidas serían inaplicables o de efectos devastadores en la organización social; pues bajo manto de reivindicación de tradición se estaría cometiendo un golpe revolucionario. Todo cambio social debe partir de una realidad existente previamente, no de su aniquilación. Pero ello no significa que una sociedad que quiera pervivir pueda olvidarse de su pasado. En aquellas viejas leyes, usos, costumbres, fueros, privilegios y libertades que celosamente fueron custodiados por los catalanes desde la Edad Media, subyacen principios, mecanismos de limitación del poder actualizables y, sobre todo, la sabiduría popular multisecular, que recoge el verdadero sentir catalán.
Muchos catalanes de buena fe creen que la Constitución española de 1978 es el único y posible cortafuego contra el nacionalismo. En todo caso, y he aquí la clave para entender el drama que vivimos, la propia Constitución fue la generadora de las autonomías nacionalistas (centralismos y estructuras burocráticas totalmente alejadas de lo que fue la constitución de Las Españas) que ahora intenta contener. La causa de los males ahora se nos presenta como la solución de los mismos. Pero simplemente es un obstáculo, quizá incluso útil momentánea y efímeramente, para detener el secesionismo. Pero que nadie crea que la Constitución será el dique de contención de la ruptura de España. La casta política que ahora la defiende a capa y espada, la acabará transformando en función de nuevos pactos y presiones. El dique se convertirá en canal y el soberanismo seguirá su avance.
La Constitución española está a punto de fenecer, porque lo que la sostenía ya ha caducado (los pactos de la transición). Siempre que se mira al futuro, primero se ha de mirar al pasado y aprender de él. Como hemos dicho, no pretendemos –frente a la Constitución española actualmente vigente- levantar propuestas inviables. Antes bien, nuestra intención es avisar a los catalanes de buena fe y al resto de españoles que no pongan sus esperanzas en papeles que se redactaron en apenas un mes, como Constituciones y Estatutos, copiándolos de otros países casi en su integridad. Los verdaderos procesos constituyentes duran siglos y son los que configuran el carácter de los pueblos. La Constitución no puede detener el separatismo, lo único que puede hacerlo es enseñar al pueblo catalán lo que ha sido y debe ser, para ser fiel al espíritu que lo forjó. Cuando todos los catalanes conozcan la verdadera Cataluña, desaparecerá el nacionalismo.

SOM-HI!!!
SOMATEMPS!!!

LA TRADICIÓ ÉS LA NOSTRA VER CONSTITUCIÓ!!!

lunes, 17 de noviembre de 2014

EL ÚLTIMO CATALÁN, UNA NOVELA DE JAVIER BARRAYCOA



Javier Barraycoa
978-84-16128-28-0
15x23 CMS.TAPA DURAPVP: 17.50 €Stella Maris



El último catalán es una novela satírica, irónica y entrañable que, aunque dice verdades como puños, suscitará en el lector una sucesión de carcajadas.
EL ÚLTIMO CATALÁNJosé Claramunt, un payés de un pueblo perdido de los Pirineos, recibe una carta de la República Independiente de Cataluña. Su masía, refugio multisecular de su saga familiar, va a ser confiscada. Para tratar de impedirlo se ve obligado a atravesar una Cataluña en la que los hombres como él ya no tienen cabida.
Este tema sirve de excusa al autor para presentarnos las consecuencias de una Cataluña independiente del resto de España. Los personajes que aparecen, unos estrafalarios, otros entrañables, representan la paranoia colectiva que se puede alcanzar cuando se pierde el sentido común.
Las alegorías, en clave irónica, a lo que se está viviendo actualmente quedan reflejadas en políticos reales o sombras ficticias de ellos, aunque fácilmente reconocibles. Con todo, el lector podrá despertar en sí reflexiones sobre la realidad: la que es y la que podría llegar a ser.

SU AUTOR:Javier Barraycoa es doctor en Filosofía y director de Estudios de Ciencias Políticas en la Universidad CEU Abat Oliba, donde imparte clases de Sociología, Opinión Pública y Psicología Social. Ha sido profesor de la Universidad de Barcelona durante dieciocho años. Sociólogo de reconocido prestigio y ensayista best-seller, centra su labor investigadora en el estudio de la postmodernidad y la construcción simbólica de la realidad. Entre otros títulos, es autor de Doble abdicación (Stella Maris, 2014), Cataluña Hispana (2013), Historias ocultadas del nacionalismo catalán (2011) —más de 15.000 ejemplares vendidos–, Los mitos actuales al descubierto (2009), Sobre el poder. En la modernidad y la posmodernidad (2001), y La ruptura demográfica (1998).

miércoles, 25 de diciembre de 2013

EL PACTO DEL HAMBRE

En los años 30 fue conocido como el "Pacto del hambre" un extraño acuerdo contranatura, promovido por Lluís Companys, entre la patronal catalana -profundamente conservadora- con los sindicatos de la UGT y la CNT.
Por dicho pacto se acorralaba y dejaba de contratar a trabajadores que hubieran participado en los Sindicatos Libres. Este sindicato de origen tradicionalista, aún no estudiado suficientemente, fue perdiendo su sentido original al ser utilizado por un "servidor" del Estado para sostener los intereses del sistema.
Lo que durante muchos años fue un estatus quo (de tolerancia política) más o menos respetado por todos los catalanes, se ha roto y muchos hemos sentido la necesidad moral de posicionarnos ante el nacionalismo
Este personaje no era otro que del gobernador civil de Barcelona, entre 1920 y 1922, el general Martínez Anido. Manipuló un sindicalismo popular y tradicionalista, convirtiéndolo a base de infiltraciones y compra de voluntades, en una fuerza de choque españolista al servicio de los intereses de la burguesía empresarial.
Gracias al denominado "pistolerismo de los Libres", la CNT y la FAI, que no se quedaban cortos, fueron frenados. Al llegar la dictadura de Primo de Rivera, los "Libres" no obtuvieron más recompensa que ver cómo el general pactaba con los socialistas de la UGT para debilitar el sindicalismo de derechas y a los anarquistas. Peor aún, al llegar Lluis Companys a la Presidencia de la Generalidad, permitió que los viejos enemigos de los "Libres", la UGT y la CNT, se cebaran en los sindicalistas traicionados por propios y extraños, incluyendo a la burguesía que había protegido en los años de hierro.
¿Por qué cuento esto? Lo relato por la escalofriante sensación que me produce el querer aprender del pasado y proyectarlo en el futuro. En Cataluña, estamos viviendo unos momentos ciertamente históricos que pueden tomar muchos derroteros insospechados. Lo que durante muchos años fue un estatus quo (de tolerancia política) más o menos respetado por todos los catalanes, se ha roto y muchos hemos sentido la necesidad moral de posicionarnos ante el nacionalismo.
Otros, aún quieren evitarlo pero el devenir histórico los obligará a definirse, les guste o no. Cada vez más son las voces de los que hemos roto el silencio a que nos abocaba una asfixiante espiral del silencio. Entre estos, por desgracia, están los que han caído en la trampa de la "acción-reacción": cuanto más nacionalismo catalanista, más nacionalismo español. Por el contrario, otros, mucho más minoritarios en número, hemos optado por otra vía. Y no es precisamente la tercera vía.
El nacionalismo ha"descatalani-zado" Cataluña y la única forma de vivificarla es viviendo y amando en profundidad lo catalán
No creemos en la dialéctica catalanismo-españolismo. Consideramos que la única solución pasa por reencontrar la esencia hispana de Cataluña. Ello no es una propuesta "ideológica", sino vivencial. Buscar nuestras verdaderas raíces, muchas veces ocultadas por las marañas del imaginario nacionalista, es nuestro camino, es nuestra vía.
Este sendero sólo puede recorrerse desde la honestidad intelectual, desde la aceptación de una idea de las Españas en contra del de "España" como concepto jacobino y uniformizador del Estado (o de las Autonomías, que las más de las veces no dejan de ser jacobinismos regionales). El nacionalismo ha "descatalanizado" Cataluña y la única forma de vivificarla es viviendo y amando en profundidad lo catalán. Pero lo catalán de verdad, no las falacias victimistas de aquellos que odian lo que ni siquiera conocen. A un nacionalista separatista sólo le podemos decir: si verdaderamente amas Cataluña, acabarás amando a España. Y a un separador españolista le podemos exigir: si verdaderamente amas España, no podrás menos que amar profundamente Cataluña.
Esta propuesta, es -y no es pretensión- la única que puede sacarnos del estado de cosas actual. Pero conozco los peligros de proponerla y aceptarla. Son demasiados los enemigos de esta solución. En mis ensoñaciones políticas, me viene constantemente a la cabeza el "Pacto del hambre". Todavía muchos ingenuos creen que los gobiernos de España fácilmente acabarán con esta crisis política a base de concesiones y gestos. Y entre esas concesiones y gestos, Dios no quiera que esté sacrificar a los catalanes que nos sentimos profundamente hispanos, que no estamos dispuestos ni a aceptar un nacionalismo antihispano pero tampoco un Estado español jacobino.
Javier Barraycoa
publicado en Crónica Global

jueves, 21 de noviembre de 2013

PRESENTACIONES DE CATALUÑA HISPANA

 

 Madrid:
FECHA: Lunes, 25 de noviembre de 2013 a las 20h.
LUGAR: Gran Hotel Velázquez, (C/ Velázquez 63) Madrid
Intervendrán:
Álex del Rosal (Director de Libros Libres)
Javier Barraycoa, (sociólogo y autor del libro)

Barcelona:
FECHA: Sábado 30 de noviembre de 2013, a las 11:45h
LUGAR: Hotel Atenea (Juan Güell, 207, detrás de El Corte Inglés de Diagonal) Barcelona 

lunes, 4 de noviembre de 2013

CATALUÑA HISPANA

Cataluña Hispana


Javier Barraycoa

LibrosLibres, 2013
350 páginas
ISBN: 978-84-15570-30-1
PVP:20.00€



Llega a nuestras manos un nuevo libro de Javier Barraycoa dedicado al tema catalán. Su anterior obra Historias Ocultadas del Nacionalismo Catalán, (LibrosLibres 2011), fue un impacto editorial por varios motivos. Por un lado, por el éxito de ventas, pero por otro –y más importante- es que por fin veía la luz un libro que presentaba cara a la mitología nacionalista, pero de una forma muy peculiar. No era un libro de queja y crítica fácil, ni tampoco era un pesado volumen de historia, ilegible y fatigoso. Por el contrario, el libro articulaba –a través de múltiples historias y anécdotas- un mosaico de las falsedades del nacionalismo, de sus contradicciones y miserias. De forma muy entretenida, pero con rigor e infinidad de datos, el nacionalismo catalán quedaba contundentemente desnudado.

Ahora aparece Cataluña Hispana (LibrosLibres, 2013), con el contundente y largo subtítulo Historias sorprendentes de la españolidad de Cataluña y el fraude del nacionalismo. Es evidente que el momento es más que oportuno. En medio de una deriva nacionalista y una crisis institucional que va a enturbiar terriblemente las relaciones entre Cataluña y el resto de España, hacía falta que alguien expusiera verdades históricas que permitan entender qué es verdaderamente Cataluña. La tesis del libro es sencilla y contundente: la catalanidad es una concreción particular de la Hispanidad. El nacionalismo catalanista ha “decatalanizado” la verdadera Cataluña para convertirla en una caricatura de sí misma. Por el contrario, al leer Cataluña Hispana de Barraycoa uno se reconcilia consigo mismo, pues vuelve a admirar lo que es Cataluña y se siente orgulloso de lo que ha representado para la Hispanidad.

El texto se estructura a base de pequeñas historias que se entrelazan en una linealidad histórica que va desde la hispanidad de la romanización, pasando por el reino visigodo, la reconquista, la participación en la Monarquía hispánica y el Imperio, la lucha contra la modernidad que atentaba contra la esencia tradicional de Cataluña y, por último, cómo la aparición del nacionalismo aboca a la Cataluña hispana al abismo y la pérdida de su identidad y posiblemente su desaparición.

El lector descubrirá infinidad de datos históricos que le permitirán ver la historia de España de una forma totalmente nueva y sorprendente. Desde las referencias bíblicas a España, pasando por la proclamación de Barcelona como la primera capital del Reino visigodo de España, el título del Arzobispado de Tarragona como Primado de las Españas, el papel de los condes de Barcelona y sus matrimonios con estirpes castellanas, la verdadera composición étnica de los almogávares, la participación catalana en las grandes gestas de la monarquía hispana, como Lepanto o la conquista de América, etc. Incluso afloran grandes curiosidades desconocidas para el gran público tal y como la formación, por parte de Felipe V, de su guardia de corps (Los Granaderos reales) con la nobleza catalana; o como las letras oficiales del Himno de España fueron compuestas por un catalán, o cómo los catalanes tenían una profunda devoción al madrileño San Isidro labrador.

La última parte del libro, nos descubre una contradicción: por una banda la eclosión españolista que vivió Cataluña en el siglo XIX y, por otra, la aparición el catalanismo. El análisis del origen del catalanismo que nos ofrece este texto es insustituible. Se aborda su emergencia desde su versión más “sacralizada”, como una nueva religión, promovida especialmente por un clero que queriendo imitar la tradición, no hizo más que traicionarla. De una forma clarividente van rastreándose las miserias del nacionalismo, sus odios y auto-odios. Ningún personaje fue más odiado por los catalanistas que el propio Companys. Para demostrarlo el autor sólo tiene que recurrir a los testimonios de los nacionalistas de la época en la que ellos mismos se retrataban y destripaban. El libro acaba con una advertencia y una esperanza. Si bien el nacionalismo está matando los restos de la verdadera Cataluña, también es cierto que tenemos una historia que nos permite redescubrir las grandezas de Cataluña y su sentir plenamente hispano.

La moraleja de esta entretenidísima y apasionante lectura es que si desde el resto de España se desprecia Cataluña, estamos despreciando a España; y si desde Cataluña se desprecia al resto de España, es que estamos despreciando Cataluña. La política del odio, que han practicado los nacionalistas como casi una secta religiosa, debe ser sustituida por una comprensión de nuestra común historia y de una amor mutuo. En definitiva, este es un libro indispensable para cualquier catalán y cualquier español.

Alfonso Carlos Amaritriain


lunes, 4 de febrero de 2013

SEPARATISTES NO

Tomado del blog Reflexión Crítica

por Julio Gómez Bahillo


En el artículo Separatistes, NO firmado como C.V. (Carlí Vallenc) y publicado el 15 de febrero de 1919 en Joventut núm. 6, Tomàs Caylà Grau se muestra contrario al separatismo, ni tan siquiera proclive a veleidades de este tipo. Pensaba que las fuerzas políticas separatistas intentan aplicar en su ámbito los mismos errores que el centralismo liberal aplicaba en toda España, entronizando un centralismo a menor escala. Un centralismo que se contrapone al foralismo carlista que conduce, por arriba, a la unidad de la Patria y, por debajo, a la afirmación de las personalidades sociales inferiores: comarca, municipio, distrito, barrio… Los fueros como conjunto de leyes y costumbres que regulan los derechos y las libertades, los deberes y las finalidades de la persona, de la familia y de los cuerpos intermedios de la sociedad. Son barreras ante los abusos del poder y cauce por donde discurrir las libertades de los españoles.


Tomàs Caylà i Grau, Vallenc Ilustre, que fue concejal del Ayuntamiento de Valls y Jefe Regional del Carlismo Catalán


Caylà, ejerció la abogacía en Valls y fue el impulsor de las publicaciones Joventut y La Crònica de Valls. Su producción periodística fue intensa y extensa desde 1919 hasta 1936, en que moriría asesinado. Reproducimos íntegro el mencionado artículo que, a pesar de los años pasados, vuelve a tener plena actualidad.


He aquí el texto en catalán:
    “En els actuals i difícils moments polítics en que es troba Espanya, amb el gran nombre de problemes que la post-guerra va plantejant i sobre tot amb el greu conflicte català, ens cal a tots els espanyols i especialment als catalans conservar la serenitat, per no portar les discussions i els idealismes per terrenys escabrosos amb equivocades actuacions i amb perilloses estridències.
    Es per això que nosaltres, pertanyents a un partit polític en qual programa hi va compresa l’obtenció d’una autonomia política plena per nostra catalana terra i quals treballs a son favor no poden negar-se, perquè per tan nobles ideals ha donat la sang de sos partidaris en els camps de batalla, hem de fer notar la improcedència de certes afirmacions separatistes que en un entrefilet de son últim número fa el setmanari nacionalista de nostra ciutat.
   No és pas el partidisme, sinó nostre gran amor a Catalunya, el que ens mou a fer tals afirmacions, perquè ens dol en l’ànima el veure que la gran i noble causa de Catalunya, què és la d’Espanya, és convertida en una culpable campanya separatista que de tenir realitat sols serviria per a entregar a nostra tan volguda terra en mans de l’Estat més centralista d’Europa.
    Cal que els que tal campanya emprenguin es capacitin de la greu responsabilitat que contreuen, doncs a més de contribuir al desviament de les masses catalanistes, omplen de recel i , allunyen de son costat als mateixos catalans, a la vegada que fan odiosa la causa de Catalunya als habitants de les demés regions espanyoles.
    Nosaltres creiem que l’entrefilet de Pàtria no obeeix al modo de pensar del confrare, i que ha estat escrit en uns moments de patriòtica exaltació, que de tots modos és sempre culpable, quan, com en el cas present, pot causar greus perjudicis a la causa que es defensa, i ho creiem encara més després de les terminants afirmacions del senyor Cambó declarant separats espiritualment del partit nacionalista als que donguesin cabuda a sentiments separatistes, doncs no volem creure que dit partit fes unes afirmacions i una campanya contraposada a Catalunya.
    Si així no fos, si la campanya iniciada per Pàtria continua, nosaltres considerarem al mentat setmanari com a enemic de Catalunya, i no podrem col.laborar amb sos elements per la causa de nostra pàtria perquè hi ha punts, i un dels tals és el del separatisme, en que no és possible la transacció.
    Enfront del “Visca Catalunya independent” símbol del separatisme, hi posarem sempre el de “Visca Catalunya espanyola”, disposats a defensar-lo en lo que necessari sigui en tots els terrenys, perquè no volem que els centralistes adquireixin el més mínim dret per a intervenir en sa defença dintre casa nostra”.
Caylà defendía que el foralismo carlista se contraponía al despotismo liberal de los nacionalismos, cuyas doctrinas autoritarias eran parecidas a las soviéticas y a las prácticas claramente fascistas. Por ello, reafirma la defensa de la autonomía sin perjuicio de la unidad española, de acuerdo con los principios tradicionales de una España regida por una monarquía federativa integradora de todos sus pueblos, a quienes unen intereses de orden histórico, económico, cultural, etc., para configurar un estado federal.

lunes, 5 de marzo de 2012

PRESENTACIÓN EN ALICANTE DE "HISTORIAS OCULTADAS DEL NACIONALISMO CATALÁN"


El  próximo viernes 9 de marzo el Círculo Cultural Aparisi y Guijarro presentará en Alicante el libro de Javier Barraycoa "Historias ocultadas del nacionalismo catalán", en el Ateneo de la Ciudad, a las 7 de la tarde. 

Están todos invitados a este interesante acto.