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martes, 14 de agosto de 2012

LA GUERRA DE LA VENDÉE



DATOS DE LA PELÍCULA
La Guerra de La Vendée (War of the Vendee)
Director: Jim Morlino
Producción: Navis Pictures
Productor Ejecutivo: Frances Morlino
Guión: Jim Morlino
Guión Musical: Kevin Kaska

DATOS DE LA PRODUCTORA
Navis Pictures
https://www.facebook.com/navispictures?sk=wall
24 Hilltop Manor Danbury,
CT 06811
Customer Service (203) 512-4622 or (203) 798-0523
email: contact@navispictures.com


Sus 250 actores y participantes son amateurs y jovencísimos, salidos de las parroquias católicas norteamericanas, el mayor cuenta 21 años y el más joven, 2 meses. 

Otra magnífica característica, la banda sonora ha sido creada por el  gran compositor católico de 40 años Kevin Kaska . 
El realizador del film, Jim Morlino, es también católico. Una producción cinematográfica que  va a causar un decisivo impacto en nuestro  mundo sobre un tema tan ignorado como deliberadamente olvidado.

El guión de La guerra de la Vendée muestra la persecución criminal contra la Iglesia, las misas clandestinas, los sacerdotes confesando a los soldados antes de entrar en combate todos con la escarapela del Sagrado Corazón de Jesús en el pecho...

En plena expansión de Cristiada, una historia muy similar de fe y de coraje, de una sociedad dispuesta al martirio... pero sólo después de haber caído sin rendirse hasta el último disparo.


jueves, 28 de mayo de 2009

HALLADAS FOSAS CON RESTOS DE MÁRTIRES VANDEANOS

Se han hallado en la población francesa de Le Mans dos fosas con los restos de víctimas de la matanza de la Guerra de la Vandea de 1793
www.forumlibertas.com

Un sondeo del terreno para construir un centro cultural en Le Mans ha propiciado el hallazgo de dos fosas con los restos de una treintena de personas que murieron salvajemente en la guerra civil francesa posterior a la Revolución de 1789, hace dos siglos.
Según informa Lluís Uría en un reportaje publicado en La Vanguardia, los restos se tratan muy probablemente de integrantes del ejército católico y monárquico constituido contra las fuerzas republicanas revolucionarias que se formaron en el oeste de Francia y en la Vandea gracias a la insurrección campesina.

En esta revolución fallecieron un gran número de católicos -más allá de los caídos por la propia guerra- por el genocidio que se llevó a cabo y que significó la muerte de 120.000 personas, un número más que abultado para la región y el volumen de población de la época. La revolución de la Vandea constituye un tema clásico de la historia católica y francesa.

El 10 de diciembre de 1793 la ciudad fue tomada por las tropas católicas –formada entre 30.000 y 60.000 vandeanos-, posteriormente el ejército republicano recuperó la ciudad con un grueso de entre 20.000 y 30.000 soldados que ejercieron una brutal represión con los rezagados de la retirada dejando entre dos mil y cinco mil vandeanos muertos a su paso, una cifra desproporcionada como explica el periodista Lluís Uría en comparación con las republicanas que fueron de un centenar.

Un exterminio de hace dos siglos

Diez días después caería todo el ejército rebelde y daría paso a una represión que en algunos momentos rozó el exterminio como lo demuestran hallazgos recientes como las fosas comunes halladas. El historiador Max Gallo afirma en su obra sobre la Revolución Francesa: “Quizá 120.000 muertos cayeron en esta guerra atroz, de la que París no sospechó la crueldad. Se quería vencer a cualquier precio, incluso diezmando al pueblo”. Otro historiador francés, Reynald Scecher, en 1968 calificó la represión contra la Vandea de genocidio.

El alcalde de Le Mans, el socialista Claude Baulard, se manifestaba explicando que “para las familias arraigadas en el territorio desde hace diez generaciones, la guerra civil está aún en todas las memorias”. Baulard ha accedido a la petición de Philippe de Villiers, presidente del Consejo General de la Vandea y líder del soberanista Movimiento por Francia (MPF), de entregarle oficialmente los restos para darles sepultura.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El Libro Negro de la Revolución Francesa


VVAA: LE LIVRE NOIR DE LA RÉVOLUTION FRANÇAISE. Cerf (París), 2008,882 páginas.

El Libro Negro de la Revolución Francesa
Por José María Marco

¿Sabían ustedes que durante los años del Terror, tras la expropiación de los llamados "bienes del clero" (eufemismo para no hablar de bienes de la Iglesia), se puso a la venta Notre Dame de París… y no se encontró comprador alguno? En la capital francesa se demolieron, por odio anticristiano, multitud de iglesias y conventos. Como la tarea de destrucción era ardua, un arquitecto frustrado inventó un sistema para destruir iglesias… ¡en diez minutos!

Era necesario acelerar las cosas. El nuevo régimen era impaciente,
y había tanto que destruir, tanto que pillar, tanto que robar… La
oleada de vandalismos y saqueos revolucionarios fue voluntariamente
planeada. No se destroza todo lo que se destrozó por simple expansión.

Hubo cosas aún peores que la destrucción y el robo del patrimonio
artístico y cultural. La Revolución llevó a cabo un sistemático memoricidio, algo parecido a lo que aquí se quiere poner en práctica con la Ley de la Memoria Histórica, con los símbolos de la realeza, la aristocracia y la Iglesia. Hubo torres de templos que
cayeron porque, al decir de los destructores, representaban un desafío a la igualdad.

Asimismo, la Revolución acabó para siempre con la primacía de los Borbones (franceses y españoles) en el mar y abrió paso al dominio británico. Francia sufrió un grave deterioro económico, y un todavía más grave bajón demográfico.

Se expoliaron los bienes de la Iglesia de una forma al tiempo despótica y chapucera. No se hizo el menor intento de elaborar una argumentación jurídica seria que justificara el robo. Y, obviamente, se llevó a cabo una represión brutal, sistemática, que llevó a la tortura y asesinato de decenas de miles de personas cuyo único delito consistía en ser sacerdotes o aristócratas, o porque, simplemente, no formaban en las filas de la brutalidad revolucionaria.

Hasta hace relativamente poco tiempo la historiografía francesa se cerraba en banda ante cualquier crítica a la Revolución. Hoy mismo sigue siendo sorprendente ver cómo reacciona un francés corriente, no digamos ya un académico, ante el repudio de la misma, pues la tienen por la clave fundadora de la République y de sus valores –y, para no quedarse cortos, de la modernidad–. Pero tradición crítica, haberla hayla; podríamos decir que arranca con la obra que François Furet publicó en 1965, aunque cabría remontarse mucho más lejos: por ejemplo, a la historia firmada por Pierre Gaxotte en 1928, que nunca ha dejado de reeditarse, por no mencionar a historiadores ingleses como Hilaire Belloc.

Acaba de aparecer un nuevo volumen revisionista, y ya ha suscitado el consabido escándalo. Se trata de Le Livre Noir de la Revolution Française, y, como el Libro Negro del comunismo a propósito de la praxis de la ideología de Marx, Lenin y compañía, aspira a ser un balance de aquel período criminal de la historia europea. Como su antecesor, está compuesto de capítulos breves, muchos de ellos de intensidad extraordinaria, que ofrecen un compendio desmitificador de algunos de algunos de los altos símbolos de la Révolution (la toma de la Bastilla y el 14 de julio de 1789, por ejemplo). Hay algunos apartados fascinantes, como los dedicados al martirio de la Familia Real y a la guerra de la Vendée; uno de ellos, tan sorprendente como sugestivo, hace de Saint-Just un precursor del fascismo. (Ya Malraux lo había declarado precursor de los totalitarios nazis y comunistas).

El objetivo de Le Livre Noir... no es proclamar que la Revolución tuvo unos efectos colaterales nocivos, sino cuestionar el propio significado de la Revolución y enfrentar al lector con la realidad de un cambio que requería, por su propia naturaleza, la violencia totalitaria; o, por decirlo de otro modo, que no se explica sin la pulsión totalitaria.

Una segunda parte, de tono más ensayístico, reflexiona acerca de algunas de las interpretaciones más notorias, y también más olvidadas, de la Revolución. Se repasa en ella a Chateaubriand, a Joseph de Maistre y a Taine, pero también a Balzac, a Baudelaire y a Nietzsche, sin olvidar a nuestro Donoso Cortés. Finalmente, una antología de textos nos enfrenta directamente a la monstruosidad del primer experimento totalitario moderno, con páginas como el discurso de Robespierre en que exigió que se ejecutara al Rey sin someterle a juicio, porque esto último supondría admitir que el reo podría ser inocente y, por tanto, que la República fuera culpable o
ilegítima.

El balance de estas páginas es desolador. Lo que se ha mitificado como elemento clave de la modernidad europea fue una gigantesca estafa que a la torpeza y las bajas pasiones añadió la voluntad criminal. Es imposible, y así lo recuerdan los autores en varias ocasiones, no evocar lo que habría sido de la dulce Francia, y del resto de Europa, si se hubiera conseguido detener esta carrera al abismo, este error monumental que determinaría durante décadas, incluso siglos, el porvenir del Viejo Continente, pues se elaboró una mitología del corte revolucionario en la que se inspiró obsesivamente el progresismo.

Entre los autores encontramos algunos tan prestigiosos como Emmanuel LeRoy-Ladurie, Pierre Chaunu, Jean de Vigerie, Ghislain de Diesbach o Jean Sévillia, periodista este último que se ocupa de las conmemoraciones de la barbarie. Pero no se trata de una obra para historiadores. Es un libro apasionado, capaz de enganchar al lector porque demuestra hasta qué punto siguen doliendo todavía hoy algunas de las heridas abiertas por la Revolución, y cómo siguen pesando las mentiras que ésta ha venido suscitando desde hace más de doscientos años.

Además, y en contra de lo que suele ocurrir últimamente con la prosa francesa, está, en líneas generales, bien escrito, con un estilo claro y sobrio. Se entiende todo, vamos. Y todo queda meridianamente claro.