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viernes, 6 de mayo de 2016

MONTEJURRA 76. LA VERDAD NO TEME NI OFENDE

 REINO DE VALENCIA.-

NO PODEMOS MIRAR HACIA OTRO LADO
En vísperas de una serie de actos anunciados por el llamado Partido Carlista, ante el cuarenta aniversario de aquella desafortunada jornada, “Reino de Valencia”, publicación de adscripción política bien patente, no puede guardar silencio, por razones que conciernen al honor y a los intereses de la Causa.
El Carlismo, legítimo heredero del realismo de principios del XIX y de cuantas vivencias y reivindicaciones históricas habían conformado siempre la Legitimidad española, esto es la defensa de los principios del Derecho Público Cristiano que sintetizó en la divisa de Dios, Patria, Fueros y Rey; libró cuatro guerras para la salvaguarda de estos valores indeclinables, ofrendando en el altar de su Ideario, a lo largo de 106 años (1833 – 1939), una innumerable legión de héroes que, bien en los campos de batalla, o en el sacrificio de una lucha política entremezclada de represalias gubernamentales,  cárceles, confinamientos y destierros, entregaron vidas y haciendas.


VENCIDOS ENTRE LOS VENCEDORES
Concluida la última guerra civil, que sólo para el Carlismo, a nivel de grupo o movimiento político, pudo ser considerada una Cruzada, la Comunión Tradicionalista vivió dieciocho años de enfrentamiento político con el Régimen del general Franco, porque los aires neofascistas del Sistema, con una Falange que obtuvo amplias parcelas de Poder, no podían avenirse con los principios sustentados por el Carlismo que, exceptuando unas pocas bien que relevantes personalidades, mantuvo sus bases militantes junto a Don Javier de Borbón Parma (Regente hasta 1952, Rey a partir de dicha fecha) y su Jefe Delegado don Manuel J. Fal Conde.
Hoy, cuando vivimos días de claudicaciones y desmemoria histórica, solo nosotros conservamos, en nuestros corazones, el amor y la veneración por aquel Príncipe, único entre todos los de su tiempo, que alzó Bandera y arriesgó su vida en lucha irreconciliable con el Comunismo y el Nazismo; ordenando la movilización de las huestes carlistas el 18 de julio de 1936 y organizando un maquis blanco en la Francia ocupada por los nazis, en los días aciagos de la segunda Guerra Mundial. Legítimo heredero de san Luis IX, de san Fernando III y de Jaime I, él vino a representar, para cuanto quedaba en Europa de católico y legitimista, la esperanza de una restauración de la antigua Cristiandad; nada tiene, pues, de particular que gozara de la plena confianza de Pío XII, el último Pontífice que pudo compartir, sin reservas, los principios por los que acababan de sacrificar sus vidas tantos miles de requetés.

LA ETAPA DEL INTERVENCIONISMO
A partir de 1957, visto que el franquismo iba para largo y que el Carlismo empezaba a acusar un inevitable cansancio tras dos décadas de lucha tan desigual, abriéndose, por otra parte nuevos horizontes políticos tras la derrota de las potencias del Eje en 1945, los dirigentes de la Comunión idearon una nueva táctica de acercamiento al Régimen, tratando de capitalizar, de alguna forma, la decisiva aportación a la victoria de 1939, frente a la República y el Frente Popular, y dispuestos, también, a jugar la baza de la sucesión del general, aprovechando, para ello, las posibilidades que, al menos en teoría, ofrecía la normativa oficial vigente en aquel entonces.
Don Javier, tan gallardo y valiente a la hora de arrostrar toda clase de peligros como desasido de ambiciones personales, se dejó llevar por el criterio de sus consejeros; sus hijos don Carlos Hugo, doña María Teresa, doña Cecilia y doña María de las Nieves aceptaron ilusionados aquel cambio de tercio y, finalmente, un político tan habilidoso y perseverante como don José Mª Valiente Soriano venía a sustituir a don Manuel Fal Conde en la Jefatura Delegada. Don Manuel, leal, caballeroso y discreto como siempre se apartaba de sus funciones, con la satisfacción de aquella ardua labor perfectamente cumplida, a lo largo de tantos años (desde los días de don Alfonso Carlos), y a costa de los mayores sacrificios.
La Familia Real Carlista en los tiempos en que formaban un formidable equipo político.
Todavía somos muchos los carlistas que recordamos el afán proselitista con que don Carlos Hugo y sus hermanas menores se aplicaban a consolidar y hacer observar las nuevas orientaciones políticas; el primogénito pasó a ser “el Príncipe del 18 de julio” y doña María Teresa (erigida en ángel tutelar de su hermano, para bien y para mal) no dejaba de afirmar ante los más reticentes que debían aceptarlas, sin reservas mentales de clase alguna, porque aquella era la voluntad de su padre, el Rey, intentando poner a los más renuentes ante la disyuntiva de mantener su animadversión al Sistema (por los muchos agravios que el Carlismo llevaba recibidos del mismo) o desobedecer a don Javier.

A la postre aquella nueva política que fue popularmente tildada de “colaboracionista” acabó por imponerse y, a lo largo de doce años, si bien la Comunión no recibió nunca, por parte de Franco, agasajo alguno que pudiese originar una razonable esperanza de cara a la futura sucesión, pudo desarrollar, al menos, una actividad a plena luz del día que, aún sin representar una libertad plena, le permitió desplegar una amplia visualización de su presencia en la política española así como dar a conocer su historia, su ideario y sus planes de futuro. Fueron años de continuos desplazamientos del Príncipe y sus hermanas a lo largo y a lo ancho de la geografía española, de los “Montejurras” realmente multitudinarios de los sesenta, de los mítines que levantaban los mayores entusiasmos entre las militancias de base, de las doctas e intencionadas conferencias de don José Mª Valiente, Raimundo de Miguel, y otros miembros de la intelectualidad carlista en círculos y ateneos, los años en que Rafael Gambra , Álvaro d’Ors y Francisco Elías de Tejada actualizaban y daban a conocer, en obras de profundo calado académico, el pensamiento de Vázquez de Mella; los años, en fin, que algunos dieron en llamar “la primavera del Carlismo.”
Cuando había esperanza de suceder a Franco a título de Rey


Resulta innegable que todo ello reportó indudables logros, Franco lo consentía para poder afirmar que la Comunión Tradicionalista estaba con él y era una “familia” más de las que integraban el “Movimiento”; aunque nunca comprometiera una sola palabra de futuro. En el fondo éste era el pacto: una razonable libertad para el Carlismo a fin de que pudiera desarrollar una actividad política individualizada y separada de la del resto del Régimen, (lo cual rozaba la ilegalidad si no se hallaba claramente dentro de ella), a cambio de no atacar el Sistema ni condicionar realmente su futuro. En definitiva pan para hoy y hambre para mañana, aunque debemos reconocer que, de haber sido más hábiles nuestros dirigentes supremos (y nos referimos a los políticos), de aquel maná que llovió, pese a algunas intermitencias y disgustos, a lo largo de doce años, bien se pudo haber sacado algún provecho en el futuro. La desatentada actitud de don Carlos Hugo, sus hermanas menores y la de quienes, a partir de 1967, formaron su entorno político más inmediato vinieron a impedirlo, pero de ello hemos de ocuparnos en la segunda parte de este editorial.
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DE LA COLABORACIÓN A LA OPOSICIÓN: EL CAMBIO DE BANDO
Todo indicaba que, tras aquella primavera más o menos esperanzadora, vendrían los estragos de un tórrido verano y de un gélido invierno. Cuando en julio de 1969, tras haberse producido ya la expulsión de nuestra Familia Real en diciembre del año anterior, Franco, mediante una votación abierta, en su presencia, impuso a las Cortes la aprobación de la Ley que designaba a don Juan Carlos de Borbón como heredero a la Jefatura del Estado, a título de Rey, el panorama de la política española dio un vuelco de 180º y el Carlismo, que contra toda lógica no había hecho previsiones para aquel momento, entró en una fase de descontrol y desconcierto.
Don Carlos Hugo, que en realidad ya tenía asumida la dirección del Carlismo con anterioridad, contando con el apoyo incondicional de sus hermanas menores y de quienes entonces constituían su Secretaría política, inicia una línea ideológica y de actuación totalmente inesperada que, sustancialmente, consiste en una deriva hacia la extrema izquierda; los enemigos de ayer han de convertirse en los aliados de hoy y de una adscripción, mejor o peor matizada, a un amplio Frente de consenso “Nacional” se pretende pasar a un nuevo Frente Popular que el Príncipe carlista sueña con dirigir y utilizar como polea para alcanzar la meta de la Corona, de una Regencia, de la Presidencia del Gobierno o de la Tercera República.
Inconcebible pero cierto, es la política del absurdo que exige reinterpretar y reescribir la historia del Carlismo a base de juegos de palabras, de descontextualizar unos pocos sucesos que serán interpretados al margen de la lógica y del más elemental sentido común, es, en definitiva, el uso indiscriminado de la falacia, el descaro de presentar una interpretación del Carlismo basada solamente en la imaginación y el deseo de quienes han de encargarse de esta labor. A ello le llamarán “la clarificación ideológica del Carlismo” y el hecho de carecer de las más elementales fuentes primarias no impedirá a estos “historiadores” presentar al Carlismo, desde sus mismos orígenes hasta el día de la fecha, como un movimiento socialista, anarquizante, ajeno a todo sentimiento religioso, del que solamente sobrevivirán (porque claro, algún punto de apoyo hay que conservar para la nueva dialéctica) un cierto sentimiento monárquico que se moverá entre la Corona y el liderazgo, así como un foralismo nominal que poca relación guarda con el tradicionalista, deslizándose más bien hacía el federalismo pimargalliano o el Cantonalismo de 1873.

DON CARLOS HUGO NO ASUME LAS CLAVES DE LA LEGITIMIDAD
Conforme era previsible, entre el desasosiego y el retraimiento de una parte notable de la militancia, se produce una reacción del verdadero Carlismo, el tradicionalista, que tras un largo período de cinco años de enfrentamientos dialécticos y doctrinales, gestiones fallidas y desazón en los sentimientos, culmina en las cartas que un grupo de hombres bien conocidos en el seno de la Comunión dirigen a don Javier primero y a don Carlos Hugo después; las de abril de 1975 y de 23 de mayo y 10 de julio del mismo año; en las destinadas al Príncipe se le exigía, habida cuenta la abdicación de don Javier, que, antes de ser reconocido como nuevo Rey, jurase lealtad a los principios básicos de la Legitimidad española, resumidos en el Decreto de don Alfonso Carlos de 23 de enero de 1936, ratificados, bajo juramento, por don Javier ante el féretro del Rey extinto y, nuevamente, en Barcelona, el 30 de mayo de 1952, al aceptar, solemnemente, ante el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, la pesada carga de la Corona en el exilio. Tales principios, cual es bien sabido, eran los siguientes: confesionalidad católica, constitución orgánica de la sociedad  y de sus organismos representativos, federación regional, monarquía tradicional y tradición política española.
No se obtuvo respuesta alguna a ninguna de dichas comunicaciones, las cuales habían sido remitidas en forma fehaciente, obrando en poder de quienes las suscribieron los oportunos acuses de recibo. A partir de aquel momento tanto el Carlismo socialista autogestionario (que así lo denominaban sus promotores, que declaraban ver en la Yugoslavia comunista de Tito el modelo más próximo a lo que ellos propugnaban), como el Carlismo tradicionalista habían cruzado ya el Rubicón y todo intento de avenencia devenía imposible pues, como se manifestará en una nota hecha pública por la Comunión el día 30 de mayo de 1976, “Con los carlistas que permanecen fieles a las personas, aunque olviden que los principios son anteriores y preferentes podemos llegar a una comprensión. Lo que no cabe es que el nombre del carlismo pretenda cobijar doctrinas, actuaciones y finalidades contrarias a la Patria y a la Religión.”
Los posicionamientos del Partido Carlista se radicalizan cada vez más, sucediéndose, de continuo, los ejemplos; así en diciembre de 1975, en una hoja ciclostilada que edita para el País vasco, denominada Denok Batean (“¡Todos a una!”), don Carlos Hugo responde a una de las preguntas que se le formulan en la siguiente forma: “Usted ¿no es, también, pretendiente al Trono español? Ese ‘usted también’ no tiene ningún sentido. No se trata, para mí, de pretender, de restaurar, de heredar. Juan Carlos quiere suceder a Franco. Nosotros queremos hacer la revolución’”.

DON SIXTO RESCATA LA BANDERA DEL FANGO
Como era de esperar las posiciones contrapuestas se trasladan al seno de la propia Familia Real, requerido formalmente para acatar la nueva línea ideológica del Partido el Infante don Sixto responde, dignamente, en una carta fechada el 22 de septiembre de 1975, en la que manifiesta su lealtad a la Causa tradicionalista, al tiempo que habla de la abdicación forzada de don Javier, destacando los grandes sacrificios del mismo en pro del Carlismo y su inequívoca lealtad a la doctrina tradicionalista.
Por aquellos días don Javier es un venerable anciano al que los años, los padecimientos de toda una vida  y  las presiones a que se halla sometido por cuatro de sus seis hijos, han convertido en un mero espectador de cuanto ocurre a su alrededor. La aureola de prestigio, valor y abnegación que le rodea le conservan el amor  de los carlistas tradicionalistas que comprenden perfectamente la difícil situación en que se halla, políticamente secuestrado por sus cuatro vástagos “socialistas autogestionarios”. Don Sixto sabe que cuenta con el apoyo de su progenitor, silente pero indubitado, cual los hechos posteriores se encargarán de demostrar. Dª Magdalena, la Reina, sufre y calla, ya llegará el momento en que hablará elocuentemente para poner las cosas en su sitio.

ANTE EL MONTEJURRA DEL CHOQUE
Este es el “climax” con el que se llega al Montejurra 76. Unos días antes (2 de mayo) el Infante firma un manifiesto en Irache que El Pensamiento Navarro (único periódico que el Carlismo pudo salvar del expolio subsiguiente al malhadado “Decreto de Unificación”, en los días ya lejanos de la guerra civil) reproduce el día 8, víspera del acto previsto en el monte santo del Carlismo. El manifiesto, si bien no era el pactado inspirado por Raimundo de Miguel,  se expresa en la más pura ortodoxia: La confesionalidad católica. La constitución orgánica de la sociedad, la opinión pública no es título de poder, pero sí de representación, por ser indispensable a toda sociedad sana para la alta orientación de la política nacional. Defensa de los Fueros. Proclamación del principio monárquico. Vigencia política de la Tradición española, incompatible con el sufragio universal concebido como fuente de legitimidad política. Doctrina social de la Iglesia, “sin temor a la quiebra de determinados intereses cuya legitimidad moral resulta discutible.”
Del Montejurra 76 se ha escrito mucho y se ha hablado más, frecuentemente con desacierto y mala fe. Nosotros hoy nos limitaremos a constatar dos extremos: Cuáles fueron los grupos, ajenos al Carlismo, que estuvieron en cada lado, y lo que objetivamente puede manifestarse en relación con las dos muertes que, desgraciadamente, acaecieron allí.
Respecto al primer punto, y basándonos en las ruedas de prensa ofrecidas por el Partido Carlista, que alardearon de ello, junto a los autodenominados carlistas socialistas autogestionarios, hallamos los siguientes grupos y partidos: Partido Comunista de Euskadi; Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC); maoístas del PTE; socialistas del PSOE; del PSP; “Convergència Socialista”; Partido Comunista de España; la Federación Socialista del País Valenciano, La Federación de Partidos Socialistas; Movimiento Comunista; Partido Comunista Popular; Partido Socialista Popular de Euzkadi; Organización Revolucionaria de Trabajadores; Unión Sindical Obrera; Joven Guardia Roja; Partido del Trabajo de España, etc.
Junto a la Comunión Tradicionalista Carlista hallamos los siguientes: Unión Nacional Española (UNE); Fuerza Nueva; Guerrilleros de Cristo Rey; y algunos miembros conocidos del activismo neofascista internacional.
Es de observar que en tanto los “aliados” de los primeros guardaban una indudable congruencia con la “revolución” preconizada por Don Carlos Hugo y sus seguidores, los de los segundos guardaban muy poca con los postulados tradicionalistas de la Comunión. Este fue el primer error de quienes, en representación del Carlismo ortodoxo, organizaran su presencia en aquella desdichada jornada. Error de mayor enjundia si tenemos en cuenta que, mientras el Partido Carlista de don Carlos Hugo no tenía la menor posibilidad de afianzarse en el amplio abanico de la política española, la Comunión Tradicionalista sí tenía muchas  de reagrupar a su alrededor la masa carlista, en gran parte dispersa, y jugar un papel, modesto pero de positiva presencia, como partido parlamentario, tras una Transición, para nosotros desafortunada pero inevitable, que ya asomaba tras la esquina.
Como  hemos indicado no vamos a soslayar lo concerniente a las dos muertes que allí ocurrieron y que dejaron una profunda huella en el relato de aquella infortunada jornada, muertes que, independientemente de los objetivos e intenciones de los unos y los otros, tanto daño hicieron a la imagen del Carlismo y a su futuro como colectivo político, a corto y medio plazo.
En la nota de prensa hecha pública por la Comunión Tradicionalista (30 mayo 1976) leemos lo siguiente:
“Aunque el juicio sobre los muertos ha de ser siempre benévolo, si cabe decir que tampoco ellos eran carlistas. Aniano Jiménez Santos militaba en las filas de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y sus principales preocupaciones eran obreristas. Ricardo García Pellejero (Cambio 16, 24/5) ‘un joven navarro que, según información recibida en esta revista, militaba en el Movimiento Comunista de España, de tendencia maoísta’. Y refiere Gaceta Ilustrada (23/5) que cuando la princesa Irene pidió a su madre permiso para colocar una boina sobre el féretro de su hijo ‘ella se negó diciendo: no es de mi gusto, porque no era carlista.’”
Con todo este fue el otro gran error de quienes organizaran, por parte de la Comunión, la presencia de la misma en el Montejurra 76, desoyendo el parecer de reconocidos representantes de sus mismos seguidores: plantar cara a los adversarios el mismo día y en el mismo sitio, introduciendo, junto al planteamiento político de ineludible choque de fuerzas, una faceta paramilitar en la que pudiesen hablar las armas. Y lo decimos pese a que, siempre según la nota de prensa facilitada por la Comunión Tradicionalista y reiteradamente aludida, entre los del Partido Carlista y sus aliados, hubiera también quien portara a la vista alguna pistola, ‘según se aprecia en una foto de la Gaceta del Norte del 11/5’; y aunque resultara imprevisible la conducta de los seguidores de un ‘socialismo autogestionario’ que, anteriormente, habían cometido, ya, actos violentos en los que se utilizaron armas y en los que algún disparo, intencionado o fortuito, se había producido.

MÁRTIRES DE OTRAS CAUSAS: TAMBIÉN REZAMOS POR ELLOS
Hoy, al igual que hace cuarenta años, la Comunión Tradicionalista respeta la memoria de ambos jóvenes, Aniano Jiménez y Ricardo García; cada 10 de Marzo encomienda sus almas al Señor, pues en el día dedicado a nuestros mártires no sólo rezamos por ellos sino también por aquellos que, en vida, fueran sus adversarios. De igual forma respetamos sus respectivas opciones políticas, aunque obviamente no sean las nuestras, y lamentamos de corazón un suceso que nunca debió producirse. Ahora bien, por respeto a nuestros mártires y por estar en contra de que se manipule la identidad de nadie, acusamos de falsarios a quienes pretendan presentar a Aniano y a Ricardo como mártires de la Tradición, porque lo serían de sus causas respectivas pero no, precisamente, de la Tradición.
Aquel fatídico 9 de mayo de 1976 la Comunión Tradicionalista resultó víctima de varios factores: de una parte de la política del absurdo seguida por el mal llamado Partido Carlista, fruto de un rencor que no supo reencauzar la circunstancia de una batalla perdida, de una derrota que estaba cantada de antemano y cuyas consecuencias no se habían sabido (o querido) prever; de otra parte de su propio candor al fiarlo todo, o casi todo, a los apoyos y las promesas de algunos de los que, presentándose como sus aliados, puede que fuesen los primeros interesados en desprestigiar y debilitar al Carlismo; finalmente de la interesada animadversión de muchos medios de comunicación social, la mayoría diríamos, que, arrimándose al carro de la segunda Restauración que apuntaba en lontananza, aprovecharon la ocasión para que el cambio, que se veía ya próximo, les pillara en el terreno de lo “políticamente correcto”.
Puede que, efectivamente, “los altos intereses del Estado,” como los adjetivó el historiador Jordi Canal (que poco tiene de carlista), deseosos de consolidar la nueva Monarquía de Juan Carlos I, quisieran aprovechar una ocasión que se les brindaba en bandeja de plata para intentar asestar el golpe de gracia al Carlismo, en especial al representado por la Comunión Tradicionalista, el único con ciertas posibilidades de futuro.

LA FAMILIA REAL ROTA
En los tiempos inmediatos posteriores los sucesos ocurridos en el seno de nuestra Familia Real fueron sumamente lamentables, la forma como se obtuvo de don Javier la firma de un documento favorable a la línea del Partido Carlista resultó innoble, originando en la conciencia de los verdaderos carlistas una profunda tristeza. Hasta el punto de que ello provocó la famosa nota dada a la prensa por Dª Magdalena, la Reina, en la que, entre otros extremos, se hacía constar:

“A última hora de la mañana, mi esposo pudo volver al hospital adonde llegó visiblemente afectado y trastornado por el hecho de haber sido obligado por su propio hijo Carlos a firmar un texto difundido en su nombre, y tan contrario a sus ideas.”
Don Javier fallecería 60 días después, el 7 de mayo de 1977. Todos sabemos que su verdadero testamento político lleva fecha 4 de marzo del mismo año, hallándose concebido en los términos propios del ideario católico, tradicionalista y legitimista que había profesado a lo largo de toda su vida. Concluía con las siguientes palabras: “Pido a Dios que el carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y a la Cristiandad.”

En la calle, ante el féretro de su madre (1984).
El 1º de septiembre de 1984 moriría también su esposa, doña Magdalena. Su hijo Carlos Hugo y sus hermanas menores, por expresa prohibición de su madre, no pudieron acceder al domicilio familiar en el entierro y tuvieron que ver desfilar el féretro en la calle de la villa de Lignières. Testigo del evento fue un niño, ¿Don Carlos Javier?. La foto del evento fue la expresión gráfica de una ruptura familiar dramática a raíz del enfrentamiento político, que aún perdura.

Tras el óbito de don Carlos Hugo no hubiésemos deseado tener que volver sobre las páginas más tristes de la historia del Carlismo. Ha sido la noticia de una pública perseverancia en el error por parte de algunos sectores residuales de aquel “socialismo autogestionario”, que compromete además el futuro político y dinástico de don Carlos Javier, el primogénito de la Familia, lo que nos ha obligado a hacerlo. Las energías del carlismo han de centrarse en las resolución de los problemas actuales de la sociedad y en abrir caminos de futuro; no en agotarse en hurgar en heridas y miserias que, para bien y para mal, son sólo pasado y todo lo más historia.
Para concluir sólo una recomendación: sin carlosocialismo nunca hubiésemos hablado del Montejurra 76. Que nadie ignore la virtualidad del viejo adagio castellano: la causa de la causa es la causa del mal causado.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

CLAUSURA II CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE APARISI Y GUIJARRO

El próximo 11 de diciembre se celebrará una mesa redonda sobre el ilustre jurista D. Antonio Aparisi y Guijarro en el II centenario de su nacimiento.

El acto tendrá lugar en el ATENEO MERCANTIL de Valencia, Plaza del Ayto. nº 18, a las 19 horas en el salón SOROLLA.

Intervendrán:
D. José Miguel Orts, jefe de publicaciones del Circulo Aparisi y Guijarro.
D. Arturo Martinez García,profesor de la Universidad Politécnica de Valencia.
D. Luis Ignacio Amorós, médico y secretario de la Junta Regional de la CTC.
D. Javier Barraycoa Martinez, profesor universitario, sociólogo y escritor.


Moderador D. Jose Monzonís Pons, presidente del Circulo Aparisi y Guijarro.

jueves, 26 de marzo de 2015

EN EL BICENTENARIO DE APARISI Y GUIJARRO

APARISI Y GUIJARRO
Carlos Flores Juberías
ABC 25/03/15 Ed. Comunidad Valenciana
Se sorprenderían si les dijera que Pablo Iglesias revolucionó anoche el debate de La Sexta diciendo que «el parlamentarismo no es más que una farsa, que cuesta mucho, divierte poco, y corrompe muchísimo»? ¿Y que Albert Rivera ha señalado en una reciente rueda de prensa: «¿Hay elecciones? Las quiero libres. ¿Ha de haber diputados? Los quiero de todo punto independientes. ¿Tenemos diputados de todo punto independientes? Pues yo los quiero incorruptibles»?
¿Les extrañaría que Esperanza Aguirre hubiera propuesto imitar a los ingleses «en una cosa, en una sola: en respetar la memoria de nuestros padres… siglo que quiera que los venideros le respeten, respete a los pasados»? ¿O que en defensa de su nueva Ley de Señas de Identidad Alberto Fabra hubiera declarado que «Valencia sin sus tradiciones sería como un pueblo salido del hospicio»?
¿Me creerían si les dijera que un militante de Podemos decepcionado con sus líderes acaba de escribir anónimamente en un foro de internet que «en las revoluciones solo hay dos clases de gentes: los que las hacen y los que las explotan»? ¿Y que el Papa Francisco acaba de escribir en su primera encíclica que: «Cuando el Hombre-Dios nos dijo ‘sed buenos’, nos dijo ‘sed libres’. Por eso tenemos hasta la obligación de ser libres los cristianos. ¿No nos creó Dios en su semejanza? Pues Dios no pudo querer que besáramos como siervos el pie de un déspota o adulásemos como siervos la ira del populacho»?
Pues si así fuera, no les podría tachar de disparatados, pero a pesar de ello se equivocarían de plano. Porque el autor de esas reflexiones –unas clarividentes, otras osadas, todas profundas– hace mucho que duerme el sueño de los justos. Se llamaba Antonio Aparisi y Guijarro, y era hijo de esta tierra. Fue diputado y senador, jurisconsulto y poeta, dramaturgo y orador. Siguió a su Rey hasta el exilio y, de vuelta en España, murió en el mismísimo hemiciclo parlamentario. Y si en este país no tuviéramos a la vez la izquierda mas revanchista y la derecha mas acomplejada de Europa, a buen seguro habría sido objeto de un homenaje, hoy –este domingo– que se cumplen los doscientos años de su nacimiento.

martes, 4 de diciembre de 2012

EL MANIFIESTO DE GUADALAJARA

Calendario de 2013 editado por la CTC al cumplirse el 180 aniversario del Carlismo y el 130 del Manifiesto de Guadalajara.



A los habitantes de la Comandancia General de Guadalajara.




Arrancadas y destruidas por los secuaces del supersticioso e impío liberalismo todas las libertades que nos daban nuestros venerados fueros; pisoteadas y escarnecidas nuestras gloriosas tradiciones, y despojada nuestra patria de las ricas posiciones que el genio de Colón les mostrara, y cien gigantes caudillos conquistaron con sus gloriosas espadas allende los mares; reducida España a la impotencia, siendo objeto de la burla de otros pueblos que siempre bajaron la frente ante su glorioso pabellón; entregada esta orgullosa matrona, atada de pies y de manos a sus enemigos de siempre por una gavilla de cínicos e infames especuladores que, mercaderes impúdicos, han puesto sus hijos y sus riquezas en poder del mejor postor para conseguir una cantidad suficiente a satisfacer los apetitos de su loco orgullo, y siendo tan terribles los males que nos amenazan, hora es ya de que todos los que sientan latir en su pecho un corazón honrado y se crean capaces del rubor de la vergüenza abandonen sus casas, y armados como les sea posible acudan al punto de la cita para que, unidos todos, podamos dejar libre de tiranos y exento de leyes y costumbres extranjeras a esta patria querida, tan explotada y envilecida por esos traficantes sin conciencia y sin honra.
Su empresa no tiene las dificultades que esos enemigos de España pregonan en su ciega ignorancia y negro rencor a la patria. ¿No somos hijos de aquellos que a principios del siglo dejaron sus hogares para salvar su independencia, de aquellos que se armaron de estevas y garrotes contra trescientos mil soldados franceses, a los que humillaron y vencieron? Y si nuestros padres todo lo abandonaron por «su Dios, por su patria y por su rey, cuando sintieron el llamamiento patriótico del alcalde de Móstoles, ¿seríamos nosotros dignos de llamarnos sus hijos si no acudiéramos presurosos a nuestro puesto, llenos nuestros corazones de la fe santa con que pelearon nuestros antepasados, desde Iñigo, Arista, Sancho, Ramírez, hasta los que defendieron por siete años consecutivos la gloriosa bandera de la religión y de la legitimidad, hoy que nuestro legítimo y egregio monarca nos llama y España nos grita: “Salid de vuestros hogares y limpiad mi suelo de esa turba de traidores que os aniquilan y entristecen, a la vez que os roban el pan de vuestros hijos”? ¡No!




Impúdicos tiranuelos de lugar, polizontes vendidos a esta quisicosa que llaman monarquía constitucional o democrática, o republicana... de pega, señores salidos de la ley de desamortización, antes que, como los sapos, se hinchan en la inmunda laguna de la expropiación de los bienes de los pueblos y de la Iglesia, os aconsejan que no cumpláis con vuestro deber, pero si reparáis en sus títulos y antecedentes; si miráis de dónde salieron y a dónde van; si examináis sus “honrados tráficos”, tendréis bastante para persuadiros que esos “hallados” y decentes señores son el primer eslabón de la cadena de nuestra ignominia, la primera página del libro de nuestra vergüenza.




Miradlos protegiendo a los truhanes que fían el pan de. sus hijos a un “entrés” o un “elijan”, o quizás a la confianza del banquero de “monte”; miradlos cómo los apadrinan para que atropellen a los hombres honrados, trabuco en mano, y al consabido grito de viva la libertad y la república.




Esos son los mismos que os prestan el dinero al treinta por ciento, abusando de vuestra necesidad; esos son los mismos que en las elecciones han hecho miles de infamias fusil en ristre; esos son los mismos que, poniéndose siempre a disposición de conservadores y radicales, de moderados o unionistas, os insultaron siempre, os lamieron los pies para que les ayudarais a servir a sus amos, lo cual os valió el quedaros sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas. Hiciéronse ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardías todos los predios que constituían vuestra riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces orden y otras anarquía, y así crecieron y medraron... que así crecen y medran los que reniegan de su Dios, pisotean su conciencia y escupen al rostro de su patria.




¡Viva la libertad!, gritan los verdaderos hijos de España. ¡Abajo la república, última manifestación del extranjero yugo! ¡Fuera, fuera esos miserables caciques que en la ciudad o en la villa, en el pueblo o en la aldea, visten el hipócrita antifaz de buenos, cuando son perversos servidores de los enemigos de España!




El día de la liquidación está cerca, y esos truhanes tiemblan que se acerque el momento, porque se quitará el polvo de sus innumerables infamias y expiarán su delito.

Ese día será España para los españoles honrados, sus presidios para los criminales, y habrá decencia, honra, libertad, justicia y progreso; pero será moneda de ley, no salida del cuño donde hasta el lenguaje se ha falsificado.




Sólo los malos tiemblan ante el triunfo del partido español. ¿Sabéis por qué? Ellos saben que sólo el partido carlista es el llamado para hacer justicia, el único que puede hacerla, el único que la hará...




Si el partido carlista no tuviera pruebas de lo que es, bastábale para ser querido de los hombres de bien el solo hecho de ser odiado de los tunantes.
El triunfo es seguro: el más enemigo nuestro lo prevé por lo menos, y si no lo confiesa es porque le aterra y le aterra porque sabe perfectamente que tanta inmundicia y tanto cieno serán barridos radicalmente en su día.




¡A las armas, pues, valientes hijos de esta noble patria! Salgamos de este sopor que nos deshonra, corramos a arrancar los fusiles a esos serviles esclavos defensores de la deshonra de la patria, y con ellos recobraremos nuestra independencia, nuestros fueros y libertades, la libertad de nuestra sacrosanta religi6n y el engrandecimiento y prosperidad de nuestra riqueza.




¡Basta de palabras! ¡A los hechos!




¡Viva la libertad cristiana, la única verdadera! ¡Viva la religión católica, apostólica, romana! 


¡Viva Carlos VII! ¡Vivan los fueros de Aragón y las franquicias de Castilla! ¡Abajo todo sistema extranjero!



Campo del honor, 20 de febrero de 1873. El segundo comandante general teniente coronel, Andrés Madrazo. 

jueves, 12 de julio de 2012

VIII CENTENARIO DE LA VICTORIA DE LAS NAVAS DE TOLOSA


Los carlistas ante el VIII Centenario de la victoria de las Navas de Tolosa



Jueves 12 de julio del 2012. La Junta de Gobierno de la CTC hace público el siguiente texto en el VIII Centenario de uno de los hitos fundacionales de la España moderna:


"La victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) es un hecho importantísimo de la historia de España. Fue posible por la unión de los reinos peninsulares en los que latía la unidad de España que se haría realidad más tarde con la dinastía de los Austria. El hecho que ahora celebramos prueba además que el Señor ayuda a los suyos cuando son fieles: la superioridad numérica y militar almohade no fue obstáculo para su derrota.

 Como un mentís anticipado al moderno separatismo, la vanguardia castellana estaba mandada por el Señor de Vizcaya con sus vasallos y Sancho el Fuerte de Navarra ganó una fama merecida rompiendo las cadenas de la guardia de Miramamolin.

 La Comunión Tradicionalista Carlista aprovecha esta conmemoración -a la que se adhiere con entusiasmo- para recordar a los españoles que fue el espíritu de los vencedores de las Navas de Tolosa el que construyó España, y que nuestra desdichada situación actual es consecuencia del abandono de ese espíritu. Sólo podremos salir de la crisis actual (que no es solo económica) si volvemos a los principios de Dios, Patria-Fueros y Rey, que los vencedores de las Navas llevaban grabados en su corazón.


Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista "


Igualmente, el Secretario General de la CTC, en nombre de la Junta de Gobierno, ha enviado un telegrama al alcalde de La Carolina con este texto:


"La Comunión Tradicionalista Carlista, Covadonga de la España moderna, heredera del espíritu de los vencedores de las Navas de Tolosa, se une con entusiasmo a la conmemoración octavo centenario.

Junta de Gobierno CTC"


En ocasión tan señalada, la CTC invita a todas sus Juntas, Delegaciones, y afiliados y simpatizantes a que organicen actos o celebren individualmente la efeméride del 16 de julio, asistiendo a la Santa Misa, recitando un "Te Deum" como acción de gracias por la victoria, organizando comidas o cenas de hermandad, y los que no puedan acudir a actos organizados, individualmente añadiendo a la comida un vino o un postre especial, o vistiendo de día de fiesta, al menos hasta el mediodía.


Particularmente, animamos a los afiliados y simpatizantes que puedan a que acudan a los actos conmemorativos que se organizan estos días por toda la Península, y particularmente que se desplacen durante los días 14 y 15 de julio hasta el municipio de La Carolina (Jaén) para presenciar, provistos de boina y bandera, los actos institucionales oficiales  de la conmemoración:

 

Otros actos a los que se recomienda acudir son, por ejemplo, los que tendrán lugar el próximo día 16 de julio, con Santa Misa en la Colegiata de Roncesvalles, el mismo día 16, lunes, a las doce de la mañana, en conmemoración de la victoria, con ofrenda floral al rey Sancho VII el Fuerte, ante su tumba de la capilla de san Agustín, donde descansan sus restos, organizada por los Amigos de la Catedral de Pamplona. Más información en este enlace.

martes, 1 de mayo de 2012

80 ANIVERSARIO DEL ESTABLECIMIENTO DE LA FIESTA DE LA SANTA CRUZ


                         Profunda herida han abierto en nuestros sentimientos religiosos las disposiciones sectarias de los que, al frente hoy de los destinos de la Patria, no descansan hasta verla feudataria de masónicas instituciones. La Cruz, emblema sacrosanto de nuestra redención, ha sido desterrada de las escuelas, impedida la adoración que recibía al ser enarbolada en los actos públicos del culto y postergada en nuestros cementerios, donde era testimonio vivo de nuestra fe, a cuya sombre bendita reposan nuestros mayores y esperamos descansar bajo sus amorosos brazos.

                Ante tamaño ultraje, hagamos de nuestros pechos altar vivo de amor al Divino Crucificado, ofrendamos nuestras vidas en defensa del árbol sacrosanto de nuestra fe y al rugir satánico de sus enemigos opongamos con toda la energía de nuestra raza el himno litúrgico que la Iglesia canta en su honor:  “Ecce lignum Crucis; venite adoremus “.
                Seguro de interpretar el sentir del pueblo creyente y fiel, y hasta donde mi voz ha de ser oída, vengo en decretar:

                1º. Establezco para la Comunión Tradicionalista la celebración de la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz, que tendrá lugar, desde el presente año, el día 3 de mayo, fecha en que la celebra la Santa Iglesia Católica.
Celebración de la Santa Cruz en el Círculo San Miguel de Llíria (Valencia)

                2º. En todos los Círculos y por todos los que los integran, esto es, socios de todas clases, juventudes, requetés, margaritas, etc, se celebrará una velada en que será ensalzada la Santa Cruz.

                3º. Todos los periódicos de nuestra Comunión – diarios, semanarios y revistas – publicarán con el mayor realce posible, el citado día, artículos ensalzando el glorioso símbolo de nuestra fe; los que lo puedan, en hojas extraordinarias.

                4º. El presente decreto será transmitido a todos los Jefes regionales y, donde no los haya, a los provinciales, encargándoles que a u vez lo hagan, con la mayor rapidez posible, a todas las entidades que de ellos dependan, así como a los señores directores de los periódicos que se editen en sus respectivas demarcaciones.

                Dado en París el 6 de abril de 1932.- ALFONSO CARLOS
                A la Junta Suprema Nacional de Madrid.

domingo, 18 de marzo de 2012

LOS CARLISTAS ANTE EL BICENTENARIO DE "LA PEPA"

La constitución de Cádiz fue la primera de la serie de constituciones que por la fuerza nos impusieron a los españoles. Los partidos del sistema vigente, empezando por el Partido Popular, están celebrando las bondades de una “carta magna” que no sería tan buena como dicen cuando posteriormente nos han colocado, por la fuerza o el engaño, otras muchas distintas. No es cierto que supusiera el nacimiento de la Nación Española. Antes de ella ya existía España, que tenía su propia “constitución” histórica, que había realizado una magna obra por la que es fuertemente alabada o criticada.

La constitución de 1812, nacida en unas Cortes llenas de irregularidades, fue una traición a los españoles que, huérfanos de monarca, luchaban contra otra constitución del mismo signo que Napoleón nos quería imponer. Fue obra de una minoría. El mismo Jovellanos se negó a participar en la elaboración de una constitución de las “que se hacen en pocos días, se encierran en pocas hojas y duran pocos meses”.

La constitución de Cádiz marca el inicio de todas las desgracias sobrevenidas a España durante los dos últimos siglos: disgregación y pérdida de los virreinatos americanos, cuatro guerras civiles para someter a un pueblo que se negaba a aceptar las innovaciones liberales, decenas de pronunciamientos militares, luchas a muerte entre los partidos, inestabilidad en los gobiernos, dos destronamientos, dos repúblicas, dos dictaduras, guerras coloniales, etc.

A así hemos llegado a la Constitución de 1978 que padecemos. Ya están pidiendo cambios en la misma. Sus frutos los tenemos a la vista y no necesitamos recordarlos aquí. Mientras tanto, los que sostienen el presente sistema se dedican a festejar el bicentenario de la primera Constitución. Así nos quieren embaucar: con falsas glorias de un pasado funesto. Los carlistas, herederos de la Monarquía Católica, enemigos del despotismo, defensores de la tradición política de España, rechazamos estas celebraciones que son un nuevo engaño al pueblo español.

Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista


19 de marzo de 2012

domingo, 6 de noviembre de 2011

XXV ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN LARRAMENDI Y PRESENTACIÓN DE CRISTIANDAD, TRADICIÓN, REALEZA

Logo FIL XXV AniversarioEl 7 de noviembre de 1986 Ignacio Hernando de Larramendi (1921-2001) constituyó esta Fundación ante notario. Se cumple por tanto el XXV aniversario. 




La celebración: 17 de noviembre de 2011



La celebración de dicho aniversario tendrá lugar en el Auditorio del Museo Lázaro Galdiano de Madrid el próximo 17 de noviembre a las 20:00 horas (c/ Serrano, 122, 28006 Madrid).
Intervendrán los siguientes miembros de la Fundación bajo la presidencia de Dña. Lourdes Martínez Gutiérrez Vda. de Ignacio Hernando de Larramendi:
D. Luis Hernando de Larramendi Martínez, vicepresidente ejecutivo.
D. Xavier Agenjo Bullón, director de Proyectos.
Dña. Lourdes Hernando de Larramendi Martínez, patrona y consejera delegada de DIGIBÍS, S.L.
Dña. Carmen Hernando de Larramendi Martínez, patrona.



Presentación del libro 'Cristiandad, tradición, Realeza'



Libro Durante la celebración se presentará un libro Cristiandad, Tradición, Realeza, de D. Luis Hernando de Larramendi (1882-1957), abogado, señalado político carlista y padre de quien constituyó esta Fundación,
El libro, publicado por la propia Fundación en esta fecha tan señalada, es una reedición del que en su día publicó la editorial Cálamo, fundada por D. Ignacio Hernando de Larramendi en su juventud. Fue escrito en 1932 y por problemas con la censura no pudo ser publicado hasta 1952 con el título cambiado.
Su tema es el pensamiento carlista, sus bases y directrices, lo que lo convierte en un documento muy interesante para los historiadores, además de para los carlistas.

lunes, 31 de octubre de 2011

75 ANIVERSARIO DEL HOSPITAL ALFONSO CARLOS


La Junta Navarra de la CTC se asocia a la saludable iniciativa que un grupo de pamploneses ha tenido para conmemorar el 75 aniversario del HOSPITAL ALFONSO CARLOS.

Han pasado 75 años desde que, el 21 de octubre de aquel difícil 1936, el seminario abriera sus puestas como hospital. Por allí pasaron más de 33.000 para sanar heridas del cuerpo y del alma, y en él trabajaron voluntaria y altruistamente cerca de 400 personas. Su ejemplo de Caridad, dedicación y generosidad fueron un símbolo para Navarra y para toda España en aquello años terribles. Ahora, que parece un halo de olvido cubre algunas partes de nuestra historia, algunos familiares y amigos de quienes allí trabajaron, han decidido rendirles un sencillo homenaje.

Así, el próximo 5 de noviembre se celebrará la Sta. Misa de acción de gracias en la capilla del Seminario Diocesano (sede del Hospital) a las 12 horas, en memoria de todos los heridos, médicos, Margaritas y personal del Hospital (entrada por la puerta principal).


 “Reconocemos también nuestro deber de gratitud hacia todos aquellos que han sabido sacrificarse hasta el heroísmo en defensa de los derechos inalienables de Dios y de la Religión, ya sea en los campos de batalla, ya también consagrados a los sublimes oficios de caridad cristiana en cárceles y hospitales”.
S. S. PIO XII a los fieles de España con motivo del final de la guerra, 16 abril 1939

viernes, 7 de octubre de 2011

7 DE OCTUBRE DE 1936: EL ASESINATO DE OCHO CARLISTAS DE BENICARLÓ (y II)


Ricardo Cortina Campos.- 1920-1936. Conocido como “Ricardet”. Procedía de la Casa de Misericordia de Barcelona. Fue adoptado por una familia de Benicarló. Trabajaba como mecánico y jornalero y era miembro de la Comunión Tradicionalista.
Su detención se produjo el 6 de octubre de 1936 en su casa de la calle San Valero nº 12. Fue asesinado en la madrugada del día siguiente, junto a los demás vecinos de Benicarló, en Sagunto. Contaba con tan solo 15 años de edad, siendo una de las víctimas más jóvenes de la represión en la retaguardia valenciana. Fue enterrado en Benicarló el 22 de agosto de 1939.
Vicente Luís Jovaní Marín.- 1878-1936. Nacido en San Mateo (Castellón) aunque avecindado en Benicarló. Pequeño industrial autónomo y hombre de profundas convicciones católicas y militante carlista. Casado con Vicenta Ávila, tuvieron cuatro hijos: Vicente, Joaquín, María y Fernando; los dos primeros fueron asesinados en Montcada i Reixac (Barcelona), mientras que Fernando – destacado dirigente de las Juventudes Carlistas a nivel comarcal – fue duramente perseguido por las milicias revolucionarias con la intención de asesinarle. Esta circunstancia será, como veremos, la que desencadenará la muerte de su padre. Siguiendo el relato que dejó escrito su hijo Fernando, los acontecimientos que desembocaron en su asesinato se produjeron de la siguiente manera: “En agosto de 1936, el Comité se incautó de nuestra vivienda adosada a la industria almazara de aceite y nos tuvimos que trasladar a una casita de labradores a unos doscientos metros del molino. El día 6 de octubre vino una señora amiga para advertirme que varios amigos míos estaban detenidos en las dependencias de lo que había sido Cuartel de la Guardia Civil y que era muy posible que vinieran también por mí. Estábamos en casa mi madre, mi hermana y mi cuñada con los niños. No estaba mi padre, protagonista de este relato. Pasaron pocos minutos cuando vimos venir por el camino de entrada a dos milicianos, armados con fusiles, decididamente hacia nuestra casa. Sin pensarlo me escapé por la parte trasera que daba a un frondoso maizal. Segundos después entraban por esa misma puerta trasera dos milicianos más, armados de fusiles, sin que, incomprensiblemente, se dieran cuenta de mi fuga. Los cuatro forajidos increparon de malas maneras a mi madre y hermanas. Registraron minuciosamente toda la casa y al fin, muy contrariados, se marcharon. Mientras tanto, yo llegaba a un monte cercano, donde tenemos una pequeña parcela de algarrobos y en ella una barraca de caza en la que me cobijé. Por la noche vino mi padre, con alguna comida, dinero y ropa. Me animó a huir; que no me diera por vencido. Un emocionado abrazo fue nuestra despedida para siempre. Muy entrada la noche, los milicianos volvieron a las andadas y se quedaron custodiando la casa, sin dejar salir a nadie, esperando que yo volviera. Cuando llegó mi padre lo detuvieron, instándole a que les dijera dónde estaba yo, amenazándole de muerte si no lo decía, y brindándole la libertad si lo decía. Como no consiguieron doblegarle, se lo llevaron preso al Cuartel, donde tenían detenidos once señores más. Debieron pasar muy pocas horas; después los montaron a un camión con muchos milicianos armados y los fusilaron a las afueras de Sagunto dejándoles tendidos en la cuneta. Al amanecer, los vecinos más madrugadores se dieron cuenta del bochornoso espectáculo y lo hicieron saber a las autoridades; éstas ordenaron al sepulturero que los retirara. Fueron sepultados en el cementerio en una fosa abierta expresamente para ellos doce, y con mucha cal viva encima, la cual nos facilitó su identificación por los familiares, después de terminada la guerra. Siguiendo las normas de Sanidad los fuimos depositando cada uno en un primer ataúd de zinc y herméticamente soldado con estaño y después en otro de madera.
Organizamos una caravana de coches hasta Benicarló; y en el Colegio de La Salle, en su capilla, se instaló la capilla ardiente. Toda la noche fue desfilando muchísima gente. Al día siguiente en la Iglesia Parroquial se celebraron solemnes funerales, presididos por las autoridades con asistencia de todo el pueblo. Los familiares de cada mártir se hicieron cargo y los enterraron en los nichos de la familia, donde reposan.”
Fue asesinado el día de su cumpleaños, a los 58 años. Fue enterrado en Benicarló el 22 de agosto de 1939.
Pascual Pitarch Castillo.- 1915-1936. (A) Controns. Natural de Benicarló. Labrador, soltero. Fue una persona muy religiosa que destacaba por su gran fe, bondad y rectitud. Era miembro activo de la Adoración Nocturna y militante de la Comunión Tradicionalista, participando de las actividades del Círculo Carlista benicarlando.
 El día que fue detenido era el domingo 4 de octubre. Se encontraba en la casa de campo de la familia junto a sus madre y unos vecino cuando su padre le comunicó que milicianos del comité, uno de ellos compañero de estudios en el colegio de los Hermanos de La Salle,  habían ido a buscarle a casa por una denuncia de un vecino suyo del camí Alcalà nº 59 y que le ordenaban que se presentara ante ellos. Confiado en su inocencia se presentó, siendo detenido y encerrado en el antiguo convento de San Francisco. De su encierro saldría junto a otros vecinos para ser asesinado en Sagunto el 7 de octubre de 1936,  a los 21 años de edad. Al día siguiente, su madre y su hermana pequeña Cinta acudieron a llevarle una manta, la misma que usaba en los turnos de la Adoración Nocturna. Al inquirir sobre su paradero un dirigente del Comité, les contestó que “había sido incorporado al ejército de la República en el frente de Teruel”. Sus restos reposaron hasta 1939 en el cementerio de Sagunto, sus familiares le reconocieron por las alpargatas que llevaba puestas. El 22 de agosto de 1939 fue enterrado en el cementerio de Benicarló.
Miguel Pitarch Ferrer.- 1914-1936. Natural de Benicarló. Panadero, soltero. Por su carácter alegre y extrovertido era conocido por la vecindad como “La loca panadera”. Como recuerdan los que fueron sus vecinos, era un joven alto que destacaba por su afabilidad y bondad y por la gran boina con la que cubría su cabeza. Tenía una novia formal, Remedios Pitarch, ambos entusiastas carlistas y militantes de la Comunión Tradicionalista. Ocupó una vocalía en la Junta Local Carlista. Pertenecía a la Adoración Nocturna.
A finales de julio de 1936 fue detenido, junto a un amigo por despedirse con un "¡adiós!" en vez de  con el preceptivo y revolucionario "¡salud"!, siendo puesto en libertad a los pocos días. Pero el 7 de octubre, fue nuevamente detenido en su casa de la calle San Francisco nº 41. Su novia Remedios le llevó al antiguo convento de Franciscanos una manta y algo de comida. Con ella se preparó para morir rezando el acto de contricción, convencido de que en poco tiempo sería asesinado, ya que la madrugada  anterior se habían llevado a doce benicarlandos para asesinarles. Se despidió de ella con un beso, y con gran serenidad le dijo “cuando esté ante el piquete de ejecución gritaré ¡Viva Cristo Rey!”. La misma noche del 7 de octubre, fue sacado de la prisión del Comité en camión, trasladándolo después en coche hasta el río San Miguel, entre Alcalà de Xivert y Torreblanca, y fusilado. Su cuerpo apareció en el cementerio de Alcalà.
A los 75 años de su martirio sirvan estas líneas para rendirles nuestro más sentido homenaje.