Mostrando entradas con la etiqueta Dinastía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dinastía. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de mayo de 2016

MONTEJURRA 76. LA VERDAD NO TEME NI OFENDE

 REINO DE VALENCIA.-

NO PODEMOS MIRAR HACIA OTRO LADO
En vísperas de una serie de actos anunciados por el llamado Partido Carlista, ante el cuarenta aniversario de aquella desafortunada jornada, “Reino de Valencia”, publicación de adscripción política bien patente, no puede guardar silencio, por razones que conciernen al honor y a los intereses de la Causa.
El Carlismo, legítimo heredero del realismo de principios del XIX y de cuantas vivencias y reivindicaciones históricas habían conformado siempre la Legitimidad española, esto es la defensa de los principios del Derecho Público Cristiano que sintetizó en la divisa de Dios, Patria, Fueros y Rey; libró cuatro guerras para la salvaguarda de estos valores indeclinables, ofrendando en el altar de su Ideario, a lo largo de 106 años (1833 – 1939), una innumerable legión de héroes que, bien en los campos de batalla, o en el sacrificio de una lucha política entremezclada de represalias gubernamentales,  cárceles, confinamientos y destierros, entregaron vidas y haciendas.


VENCIDOS ENTRE LOS VENCEDORES
Concluida la última guerra civil, que sólo para el Carlismo, a nivel de grupo o movimiento político, pudo ser considerada una Cruzada, la Comunión Tradicionalista vivió dieciocho años de enfrentamiento político con el Régimen del general Franco, porque los aires neofascistas del Sistema, con una Falange que obtuvo amplias parcelas de Poder, no podían avenirse con los principios sustentados por el Carlismo que, exceptuando unas pocas bien que relevantes personalidades, mantuvo sus bases militantes junto a Don Javier de Borbón Parma (Regente hasta 1952, Rey a partir de dicha fecha) y su Jefe Delegado don Manuel J. Fal Conde.
Hoy, cuando vivimos días de claudicaciones y desmemoria histórica, solo nosotros conservamos, en nuestros corazones, el amor y la veneración por aquel Príncipe, único entre todos los de su tiempo, que alzó Bandera y arriesgó su vida en lucha irreconciliable con el Comunismo y el Nazismo; ordenando la movilización de las huestes carlistas el 18 de julio de 1936 y organizando un maquis blanco en la Francia ocupada por los nazis, en los días aciagos de la segunda Guerra Mundial. Legítimo heredero de san Luis IX, de san Fernando III y de Jaime I, él vino a representar, para cuanto quedaba en Europa de católico y legitimista, la esperanza de una restauración de la antigua Cristiandad; nada tiene, pues, de particular que gozara de la plena confianza de Pío XII, el último Pontífice que pudo compartir, sin reservas, los principios por los que acababan de sacrificar sus vidas tantos miles de requetés.

LA ETAPA DEL INTERVENCIONISMO
A partir de 1957, visto que el franquismo iba para largo y que el Carlismo empezaba a acusar un inevitable cansancio tras dos décadas de lucha tan desigual, abriéndose, por otra parte nuevos horizontes políticos tras la derrota de las potencias del Eje en 1945, los dirigentes de la Comunión idearon una nueva táctica de acercamiento al Régimen, tratando de capitalizar, de alguna forma, la decisiva aportación a la victoria de 1939, frente a la República y el Frente Popular, y dispuestos, también, a jugar la baza de la sucesión del general, aprovechando, para ello, las posibilidades que, al menos en teoría, ofrecía la normativa oficial vigente en aquel entonces.
Don Javier, tan gallardo y valiente a la hora de arrostrar toda clase de peligros como desasido de ambiciones personales, se dejó llevar por el criterio de sus consejeros; sus hijos don Carlos Hugo, doña María Teresa, doña Cecilia y doña María de las Nieves aceptaron ilusionados aquel cambio de tercio y, finalmente, un político tan habilidoso y perseverante como don José Mª Valiente Soriano venía a sustituir a don Manuel Fal Conde en la Jefatura Delegada. Don Manuel, leal, caballeroso y discreto como siempre se apartaba de sus funciones, con la satisfacción de aquella ardua labor perfectamente cumplida, a lo largo de tantos años (desde los días de don Alfonso Carlos), y a costa de los mayores sacrificios.
La Familia Real Carlista en los tiempos en que formaban un formidable equipo político.
Todavía somos muchos los carlistas que recordamos el afán proselitista con que don Carlos Hugo y sus hermanas menores se aplicaban a consolidar y hacer observar las nuevas orientaciones políticas; el primogénito pasó a ser “el Príncipe del 18 de julio” y doña María Teresa (erigida en ángel tutelar de su hermano, para bien y para mal) no dejaba de afirmar ante los más reticentes que debían aceptarlas, sin reservas mentales de clase alguna, porque aquella era la voluntad de su padre, el Rey, intentando poner a los más renuentes ante la disyuntiva de mantener su animadversión al Sistema (por los muchos agravios que el Carlismo llevaba recibidos del mismo) o desobedecer a don Javier.

A la postre aquella nueva política que fue popularmente tildada de “colaboracionista” acabó por imponerse y, a lo largo de doce años, si bien la Comunión no recibió nunca, por parte de Franco, agasajo alguno que pudiese originar una razonable esperanza de cara a la futura sucesión, pudo desarrollar, al menos, una actividad a plena luz del día que, aún sin representar una libertad plena, le permitió desplegar una amplia visualización de su presencia en la política española así como dar a conocer su historia, su ideario y sus planes de futuro. Fueron años de continuos desplazamientos del Príncipe y sus hermanas a lo largo y a lo ancho de la geografía española, de los “Montejurras” realmente multitudinarios de los sesenta, de los mítines que levantaban los mayores entusiasmos entre las militancias de base, de las doctas e intencionadas conferencias de don José Mª Valiente, Raimundo de Miguel, y otros miembros de la intelectualidad carlista en círculos y ateneos, los años en que Rafael Gambra , Álvaro d’Ors y Francisco Elías de Tejada actualizaban y daban a conocer, en obras de profundo calado académico, el pensamiento de Vázquez de Mella; los años, en fin, que algunos dieron en llamar “la primavera del Carlismo.”
Cuando había esperanza de suceder a Franco a título de Rey


Resulta innegable que todo ello reportó indudables logros, Franco lo consentía para poder afirmar que la Comunión Tradicionalista estaba con él y era una “familia” más de las que integraban el “Movimiento”; aunque nunca comprometiera una sola palabra de futuro. En el fondo éste era el pacto: una razonable libertad para el Carlismo a fin de que pudiera desarrollar una actividad política individualizada y separada de la del resto del Régimen, (lo cual rozaba la ilegalidad si no se hallaba claramente dentro de ella), a cambio de no atacar el Sistema ni condicionar realmente su futuro. En definitiva pan para hoy y hambre para mañana, aunque debemos reconocer que, de haber sido más hábiles nuestros dirigentes supremos (y nos referimos a los políticos), de aquel maná que llovió, pese a algunas intermitencias y disgustos, a lo largo de doce años, bien se pudo haber sacado algún provecho en el futuro. La desatentada actitud de don Carlos Hugo, sus hermanas menores y la de quienes, a partir de 1967, formaron su entorno político más inmediato vinieron a impedirlo, pero de ello hemos de ocuparnos en la segunda parte de este editorial.
                                            ....               ....              ....                ....
DE LA COLABORACIÓN A LA OPOSICIÓN: EL CAMBIO DE BANDO
Todo indicaba que, tras aquella primavera más o menos esperanzadora, vendrían los estragos de un tórrido verano y de un gélido invierno. Cuando en julio de 1969, tras haberse producido ya la expulsión de nuestra Familia Real en diciembre del año anterior, Franco, mediante una votación abierta, en su presencia, impuso a las Cortes la aprobación de la Ley que designaba a don Juan Carlos de Borbón como heredero a la Jefatura del Estado, a título de Rey, el panorama de la política española dio un vuelco de 180º y el Carlismo, que contra toda lógica no había hecho previsiones para aquel momento, entró en una fase de descontrol y desconcierto.
Don Carlos Hugo, que en realidad ya tenía asumida la dirección del Carlismo con anterioridad, contando con el apoyo incondicional de sus hermanas menores y de quienes entonces constituían su Secretaría política, inicia una línea ideológica y de actuación totalmente inesperada que, sustancialmente, consiste en una deriva hacia la extrema izquierda; los enemigos de ayer han de convertirse en los aliados de hoy y de una adscripción, mejor o peor matizada, a un amplio Frente de consenso “Nacional” se pretende pasar a un nuevo Frente Popular que el Príncipe carlista sueña con dirigir y utilizar como polea para alcanzar la meta de la Corona, de una Regencia, de la Presidencia del Gobierno o de la Tercera República.
Inconcebible pero cierto, es la política del absurdo que exige reinterpretar y reescribir la historia del Carlismo a base de juegos de palabras, de descontextualizar unos pocos sucesos que serán interpretados al margen de la lógica y del más elemental sentido común, es, en definitiva, el uso indiscriminado de la falacia, el descaro de presentar una interpretación del Carlismo basada solamente en la imaginación y el deseo de quienes han de encargarse de esta labor. A ello le llamarán “la clarificación ideológica del Carlismo” y el hecho de carecer de las más elementales fuentes primarias no impedirá a estos “historiadores” presentar al Carlismo, desde sus mismos orígenes hasta el día de la fecha, como un movimiento socialista, anarquizante, ajeno a todo sentimiento religioso, del que solamente sobrevivirán (porque claro, algún punto de apoyo hay que conservar para la nueva dialéctica) un cierto sentimiento monárquico que se moverá entre la Corona y el liderazgo, así como un foralismo nominal que poca relación guarda con el tradicionalista, deslizándose más bien hacía el federalismo pimargalliano o el Cantonalismo de 1873.

DON CARLOS HUGO NO ASUME LAS CLAVES DE LA LEGITIMIDAD
Conforme era previsible, entre el desasosiego y el retraimiento de una parte notable de la militancia, se produce una reacción del verdadero Carlismo, el tradicionalista, que tras un largo período de cinco años de enfrentamientos dialécticos y doctrinales, gestiones fallidas y desazón en los sentimientos, culmina en las cartas que un grupo de hombres bien conocidos en el seno de la Comunión dirigen a don Javier primero y a don Carlos Hugo después; las de abril de 1975 y de 23 de mayo y 10 de julio del mismo año; en las destinadas al Príncipe se le exigía, habida cuenta la abdicación de don Javier, que, antes de ser reconocido como nuevo Rey, jurase lealtad a los principios básicos de la Legitimidad española, resumidos en el Decreto de don Alfonso Carlos de 23 de enero de 1936, ratificados, bajo juramento, por don Javier ante el féretro del Rey extinto y, nuevamente, en Barcelona, el 30 de mayo de 1952, al aceptar, solemnemente, ante el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, la pesada carga de la Corona en el exilio. Tales principios, cual es bien sabido, eran los siguientes: confesionalidad católica, constitución orgánica de la sociedad  y de sus organismos representativos, federación regional, monarquía tradicional y tradición política española.
No se obtuvo respuesta alguna a ninguna de dichas comunicaciones, las cuales habían sido remitidas en forma fehaciente, obrando en poder de quienes las suscribieron los oportunos acuses de recibo. A partir de aquel momento tanto el Carlismo socialista autogestionario (que así lo denominaban sus promotores, que declaraban ver en la Yugoslavia comunista de Tito el modelo más próximo a lo que ellos propugnaban), como el Carlismo tradicionalista habían cruzado ya el Rubicón y todo intento de avenencia devenía imposible pues, como se manifestará en una nota hecha pública por la Comunión el día 30 de mayo de 1976, “Con los carlistas que permanecen fieles a las personas, aunque olviden que los principios son anteriores y preferentes podemos llegar a una comprensión. Lo que no cabe es que el nombre del carlismo pretenda cobijar doctrinas, actuaciones y finalidades contrarias a la Patria y a la Religión.”
Los posicionamientos del Partido Carlista se radicalizan cada vez más, sucediéndose, de continuo, los ejemplos; así en diciembre de 1975, en una hoja ciclostilada que edita para el País vasco, denominada Denok Batean (“¡Todos a una!”), don Carlos Hugo responde a una de las preguntas que se le formulan en la siguiente forma: “Usted ¿no es, también, pretendiente al Trono español? Ese ‘usted también’ no tiene ningún sentido. No se trata, para mí, de pretender, de restaurar, de heredar. Juan Carlos quiere suceder a Franco. Nosotros queremos hacer la revolución’”.

DON SIXTO RESCATA LA BANDERA DEL FANGO
Como era de esperar las posiciones contrapuestas se trasladan al seno de la propia Familia Real, requerido formalmente para acatar la nueva línea ideológica del Partido el Infante don Sixto responde, dignamente, en una carta fechada el 22 de septiembre de 1975, en la que manifiesta su lealtad a la Causa tradicionalista, al tiempo que habla de la abdicación forzada de don Javier, destacando los grandes sacrificios del mismo en pro del Carlismo y su inequívoca lealtad a la doctrina tradicionalista.
Por aquellos días don Javier es un venerable anciano al que los años, los padecimientos de toda una vida  y  las presiones a que se halla sometido por cuatro de sus seis hijos, han convertido en un mero espectador de cuanto ocurre a su alrededor. La aureola de prestigio, valor y abnegación que le rodea le conservan el amor  de los carlistas tradicionalistas que comprenden perfectamente la difícil situación en que se halla, políticamente secuestrado por sus cuatro vástagos “socialistas autogestionarios”. Don Sixto sabe que cuenta con el apoyo de su progenitor, silente pero indubitado, cual los hechos posteriores se encargarán de demostrar. Dª Magdalena, la Reina, sufre y calla, ya llegará el momento en que hablará elocuentemente para poner las cosas en su sitio.

ANTE EL MONTEJURRA DEL CHOQUE
Este es el “climax” con el que se llega al Montejurra 76. Unos días antes (2 de mayo) el Infante firma un manifiesto en Irache que El Pensamiento Navarro (único periódico que el Carlismo pudo salvar del expolio subsiguiente al malhadado “Decreto de Unificación”, en los días ya lejanos de la guerra civil) reproduce el día 8, víspera del acto previsto en el monte santo del Carlismo. El manifiesto, si bien no era el pactado inspirado por Raimundo de Miguel,  se expresa en la más pura ortodoxia: La confesionalidad católica. La constitución orgánica de la sociedad, la opinión pública no es título de poder, pero sí de representación, por ser indispensable a toda sociedad sana para la alta orientación de la política nacional. Defensa de los Fueros. Proclamación del principio monárquico. Vigencia política de la Tradición española, incompatible con el sufragio universal concebido como fuente de legitimidad política. Doctrina social de la Iglesia, “sin temor a la quiebra de determinados intereses cuya legitimidad moral resulta discutible.”
Del Montejurra 76 se ha escrito mucho y se ha hablado más, frecuentemente con desacierto y mala fe. Nosotros hoy nos limitaremos a constatar dos extremos: Cuáles fueron los grupos, ajenos al Carlismo, que estuvieron en cada lado, y lo que objetivamente puede manifestarse en relación con las dos muertes que, desgraciadamente, acaecieron allí.
Respecto al primer punto, y basándonos en las ruedas de prensa ofrecidas por el Partido Carlista, que alardearon de ello, junto a los autodenominados carlistas socialistas autogestionarios, hallamos los siguientes grupos y partidos: Partido Comunista de Euskadi; Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC); maoístas del PTE; socialistas del PSOE; del PSP; “Convergència Socialista”; Partido Comunista de España; la Federación Socialista del País Valenciano, La Federación de Partidos Socialistas; Movimiento Comunista; Partido Comunista Popular; Partido Socialista Popular de Euzkadi; Organización Revolucionaria de Trabajadores; Unión Sindical Obrera; Joven Guardia Roja; Partido del Trabajo de España, etc.
Junto a la Comunión Tradicionalista Carlista hallamos los siguientes: Unión Nacional Española (UNE); Fuerza Nueva; Guerrilleros de Cristo Rey; y algunos miembros conocidos del activismo neofascista internacional.
Es de observar que en tanto los “aliados” de los primeros guardaban una indudable congruencia con la “revolución” preconizada por Don Carlos Hugo y sus seguidores, los de los segundos guardaban muy poca con los postulados tradicionalistas de la Comunión. Este fue el primer error de quienes, en representación del Carlismo ortodoxo, organizaran su presencia en aquella desdichada jornada. Error de mayor enjundia si tenemos en cuenta que, mientras el Partido Carlista de don Carlos Hugo no tenía la menor posibilidad de afianzarse en el amplio abanico de la política española, la Comunión Tradicionalista sí tenía muchas  de reagrupar a su alrededor la masa carlista, en gran parte dispersa, y jugar un papel, modesto pero de positiva presencia, como partido parlamentario, tras una Transición, para nosotros desafortunada pero inevitable, que ya asomaba tras la esquina.
Como  hemos indicado no vamos a soslayar lo concerniente a las dos muertes que allí ocurrieron y que dejaron una profunda huella en el relato de aquella infortunada jornada, muertes que, independientemente de los objetivos e intenciones de los unos y los otros, tanto daño hicieron a la imagen del Carlismo y a su futuro como colectivo político, a corto y medio plazo.
En la nota de prensa hecha pública por la Comunión Tradicionalista (30 mayo 1976) leemos lo siguiente:
“Aunque el juicio sobre los muertos ha de ser siempre benévolo, si cabe decir que tampoco ellos eran carlistas. Aniano Jiménez Santos militaba en las filas de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y sus principales preocupaciones eran obreristas. Ricardo García Pellejero (Cambio 16, 24/5) ‘un joven navarro que, según información recibida en esta revista, militaba en el Movimiento Comunista de España, de tendencia maoísta’. Y refiere Gaceta Ilustrada (23/5) que cuando la princesa Irene pidió a su madre permiso para colocar una boina sobre el féretro de su hijo ‘ella se negó diciendo: no es de mi gusto, porque no era carlista.’”
Con todo este fue el otro gran error de quienes organizaran, por parte de la Comunión, la presencia de la misma en el Montejurra 76, desoyendo el parecer de reconocidos representantes de sus mismos seguidores: plantar cara a los adversarios el mismo día y en el mismo sitio, introduciendo, junto al planteamiento político de ineludible choque de fuerzas, una faceta paramilitar en la que pudiesen hablar las armas. Y lo decimos pese a que, siempre según la nota de prensa facilitada por la Comunión Tradicionalista y reiteradamente aludida, entre los del Partido Carlista y sus aliados, hubiera también quien portara a la vista alguna pistola, ‘según se aprecia en una foto de la Gaceta del Norte del 11/5’; y aunque resultara imprevisible la conducta de los seguidores de un ‘socialismo autogestionario’ que, anteriormente, habían cometido, ya, actos violentos en los que se utilizaron armas y en los que algún disparo, intencionado o fortuito, se había producido.

MÁRTIRES DE OTRAS CAUSAS: TAMBIÉN REZAMOS POR ELLOS
Hoy, al igual que hace cuarenta años, la Comunión Tradicionalista respeta la memoria de ambos jóvenes, Aniano Jiménez y Ricardo García; cada 10 de Marzo encomienda sus almas al Señor, pues en el día dedicado a nuestros mártires no sólo rezamos por ellos sino también por aquellos que, en vida, fueran sus adversarios. De igual forma respetamos sus respectivas opciones políticas, aunque obviamente no sean las nuestras, y lamentamos de corazón un suceso que nunca debió producirse. Ahora bien, por respeto a nuestros mártires y por estar en contra de que se manipule la identidad de nadie, acusamos de falsarios a quienes pretendan presentar a Aniano y a Ricardo como mártires de la Tradición, porque lo serían de sus causas respectivas pero no, precisamente, de la Tradición.
Aquel fatídico 9 de mayo de 1976 la Comunión Tradicionalista resultó víctima de varios factores: de una parte de la política del absurdo seguida por el mal llamado Partido Carlista, fruto de un rencor que no supo reencauzar la circunstancia de una batalla perdida, de una derrota que estaba cantada de antemano y cuyas consecuencias no se habían sabido (o querido) prever; de otra parte de su propio candor al fiarlo todo, o casi todo, a los apoyos y las promesas de algunos de los que, presentándose como sus aliados, puede que fuesen los primeros interesados en desprestigiar y debilitar al Carlismo; finalmente de la interesada animadversión de muchos medios de comunicación social, la mayoría diríamos, que, arrimándose al carro de la segunda Restauración que apuntaba en lontananza, aprovecharon la ocasión para que el cambio, que se veía ya próximo, les pillara en el terreno de lo “políticamente correcto”.
Puede que, efectivamente, “los altos intereses del Estado,” como los adjetivó el historiador Jordi Canal (que poco tiene de carlista), deseosos de consolidar la nueva Monarquía de Juan Carlos I, quisieran aprovechar una ocasión que se les brindaba en bandeja de plata para intentar asestar el golpe de gracia al Carlismo, en especial al representado por la Comunión Tradicionalista, el único con ciertas posibilidades de futuro.

LA FAMILIA REAL ROTA
En los tiempos inmediatos posteriores los sucesos ocurridos en el seno de nuestra Familia Real fueron sumamente lamentables, la forma como se obtuvo de don Javier la firma de un documento favorable a la línea del Partido Carlista resultó innoble, originando en la conciencia de los verdaderos carlistas una profunda tristeza. Hasta el punto de que ello provocó la famosa nota dada a la prensa por Dª Magdalena, la Reina, en la que, entre otros extremos, se hacía constar:

“A última hora de la mañana, mi esposo pudo volver al hospital adonde llegó visiblemente afectado y trastornado por el hecho de haber sido obligado por su propio hijo Carlos a firmar un texto difundido en su nombre, y tan contrario a sus ideas.”
Don Javier fallecería 60 días después, el 7 de mayo de 1977. Todos sabemos que su verdadero testamento político lleva fecha 4 de marzo del mismo año, hallándose concebido en los términos propios del ideario católico, tradicionalista y legitimista que había profesado a lo largo de toda su vida. Concluía con las siguientes palabras: “Pido a Dios que el carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y a la Cristiandad.”

En la calle, ante el féretro de su madre (1984).
El 1º de septiembre de 1984 moriría también su esposa, doña Magdalena. Su hijo Carlos Hugo y sus hermanas menores, por expresa prohibición de su madre, no pudieron acceder al domicilio familiar en el entierro y tuvieron que ver desfilar el féretro en la calle de la villa de Lignières. Testigo del evento fue un niño, ¿Don Carlos Javier?. La foto del evento fue la expresión gráfica de una ruptura familiar dramática a raíz del enfrentamiento político, que aún perdura.

Tras el óbito de don Carlos Hugo no hubiésemos deseado tener que volver sobre las páginas más tristes de la historia del Carlismo. Ha sido la noticia de una pública perseverancia en el error por parte de algunos sectores residuales de aquel “socialismo autogestionario”, que compromete además el futuro político y dinástico de don Carlos Javier, el primogénito de la Familia, lo que nos ha obligado a hacerlo. Las energías del carlismo han de centrarse en las resolución de los problemas actuales de la sociedad y en abrir caminos de futuro; no en agotarse en hurgar en heridas y miserias que, para bien y para mal, son sólo pasado y todo lo más historia.
Para concluir sólo una recomendación: sin carlosocialismo nunca hubiésemos hablado del Montejurra 76. Que nadie ignore la virtualidad del viejo adagio castellano: la causa de la causa es la causa del mal causado.


domingo, 2 de junio de 2013

LA GRAN VICTORIA DEL CARLISMO BALEAR: LAS ELECCIONES DE 1871

La Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos y la Fundación Ignacio Larramendi se complacen en invitarnos a la presentación de la obra LA GRAN VICTORIA DEL CARLISMO BALEAR: LAS ELECCIONES DE 1871

Accésit en la XII Edición del Premio Internacional de Historia del carlismo “Luis Hernando de Larramendi”, del que es autora Marta Gutiérrez Balzátegui.

Intervendrán:
- D. Román Piña Homs, presidente de la Real Academia Mallorquina de Estudios
Históricos, Genealógicos y Heráldicos.
- D. Luis Hernando de Larramendi, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Ignacio
Larramendi.
- D. Alfonso Bullón de Mendoza, director del Instituto CEU de Estudios Históricos.
- Dña. Marta Gutiérrez Balzátegui, autora de la obra.
Cerrará el acto S.A.R. la princesa Carolina de Borbón-Parma y Orange.
- Día 12 de junio de 2013, a la 20,00 horas
- Can Campaner, 4. Palma de Mallorca
Terminado el acto se servirá una copa de vino español

jueves, 6 de diciembre de 2012

FUNERAL DE SMC D. CARLOS VII, JULIO DE 1909

http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/funeral-don-carlos-1909/1600801/



Funeral de don Carlos (1909), en Varese. Película propiedad de Antonio Martra i Solé, 

cedida por la filmoteca municipal de Reus, Centre de la Imatge Mas Iglesias. 

Se exhibió en el Museo Carlista de Estella (Navarra) durante la Exposición "Reyes sin tronos" (abril - diciembre de 2012)

martes, 30 de octubre de 2012

RECORDATORIO DE D. JAIME III


D. Santiago Barco nos facilita, entre otros documentos que iremos publicando,  este recordatorio,  que perteneció a su tío abuelo,  el destacado carlista barcelonés  Joaquín Fernández Pérez. Fue editado con motivo del funeral celebrado en Barcelona el 15 de octubre de 1931 en recuerdo del Rey D. Jaime III, fallecido el dos de ese mes.



sábado, 2 de junio de 2012

A LOS 80 AÑOS DEL DECRETO DE ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EN EL ESCUDO NACIONAL


DECRETO SOBRE EL ESCUDO NACIONAL


“De todos es conocido que durante mi mando en Cataluña, en 1873, hice entronizar el Sagrado Corazón de Jesús en la bandera de mis zuavos, colocando este divino emblema sobre las armas del Santo Padre y las de España, y que consagré el Ejército a mí confiado a este divino Corazón.

                Fiel a la devoción de toda la vida y en justo anhelo de que sea hermosa realidad su reinado de paz y de amor sobre nuestra querida Patria, sus instituciones y sus leyes.

                Yo, de mi libre voluntad, en este día en que la Iglesia celebra la fiesta del Deífico Corazón, prometo solemnemente que, si la Divina Providencia dispone que sea yo llamado a regir los destinos de España, será entronizado el Sagrado Corazón de Jesús en el escudo nacional, siendo colocado sobre las flores de lis de la Casa de Anjou y entre los cuarteles de Castilla y de León, bajo la Corona Real.

                Seguro de interpretar los sentimientos religiosos del pueblo español, hago esta declaración, que firmo hoy en mi destierro, a 3 de junio de 1932.- ALFONSO CARLOS.
                A la Junta Suprema Nacional de la Comunión Tradicionalista.”

miércoles, 18 de abril de 2012

COMO SE DIJO AYER...

Dado lo que la actualidad nos ofrece no nos resistimos a recuperar este documento-reflexión que hace tres años publicamos en este humilde blog, con el título "Si el país está pobre..." 


Más allá de declaraciones tan profundas como "Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir", es hora de que los que ostentan determinados cargos y magistraturas empiecen a plantearse qué hacer y cómo actuar, tanto en lo público como en lo privado, en estos duros momentos para esta España que parece caminar sin rumbo cierto.

viernes, 30 de septiembre de 2011

A LOS 75 AÑOS DE LA MUERTE DE SMC D. ALFONSO CARLOS I


Por Lo Mut del Maestrat

Don Alfonso Carlos Fernando José Juan Pío de Borbón y Austria-Este, segundo hijo del infante D. Juan de Borbón y Braganza (más tarde, el polémico Juan III en la genealogía carlista) y de la archiduquesa Dª Beatriz de Austria-Este, nació en el exilio de Londres el 12 de septiembre de 1849. Fue apadrinado por sus tíos, el rey carlista Carlos VI, conde de Montemolín, y María Teresa de Francia, esposa del rey francés en el exilio Enrique V. Ambos era, respectivamente, hermanos de su padre y de su madre.

Cuerpo sin vida del Rey D. Alfonso Carlos I
De 1851 a 1859, la niñez de D. Alfonso transcurrió en el Ducado de Módena, al lado de su madre, su hermano Carlos y de su tío, el Duque Francisco V. En 1853 se produjo la separación de sus padres. El 15 de junio de 1857 fue confirmado y recibió la comunión de manos del Papa Pío IX, pontífice con el que guardará una estrecha relación. En 1859, se trasladarán a Praga y en 1867 a Gratz.

En 1868, tras un viaje a Tierra Santa, se alistó voluntario en las tropas que defendían los territorios pontificios frente a los garibaldinos. Lo hizo en el cuerpo de los Zuavos pontificios como soldado raso, renunciando el empleo de oficial que Pío IX le ofrecía en su ejército. Un año después fue ascendido a teniente de la  6ª Compañía del 2º Batallón de zuavos, una unidad formada por 80 hombres, entre ellos varios españoles. El 20 de septiembre de 1870 su compañía fue la encargada de defender la Puerta Pía con una grandísima desproporción de fuerzas: unos 100 contra 15000. D. Alfonso y sus hombres fueron hechos prisioneros y trasladados a Civitavecchia, de allí pudo escaparse y, disfrazado, embarcarse en un navío francés que le llevó a Tolón. De allí a Vevey (Suiza) donde se reencontró con su hermano Carlos VII, ya proclamado rey tras la abdicación de su padre D. Juan, el 2 de octubre de 1868. Después volvió a Gratz, junto a su madre.

El 26 de abril de 1871, contrajo matrimonio en la capilla del castillo de Klein-Heubach, en Baviera, con su prima la princesa María de las Nieves Isabela Eulalia Carlota Adelaida Micaela Rafaela Gabriela Gonzaga de Paula y de Asís Sofía Inés Romana de Braganza y de Löwenstein-Werthein-Rosemberg, nacida en esa misma población el 5 de agosto de 1856, hija del depuesto rey Miguel I de Portugal y de la reina Adelaida. Para poder contraer matrimonio era necesaria la dispensa papal por impedimento de parentesco, que fue otorgada por Pío IX por una Bula en la que recordaba y reconocía los servicios que el contrayente había prestado al papado sirviendo como zuavo. Desde su matrimonio se mantendrán permanentemente unidos, aún en los peores momentos e incluso en las acciones de guerra.

La gratitud y el afecto de Pío IX por D. Alfonso se mantuvo viva por el resto de sus días. En el testamento papal se citan sólo dos nombres: el del Infante carlista y el de la hermana del Papa. En un codicilo autógrafo adjunto a su testamento se confirma patentemente este aprecio: "En el Vaticano, 2 de octubre de 1877... a S.A.R. don Alfonso de Borbón, antiguo zuavo, lego una representación en madreperla de la Resurrección".

El viaje de novios se interrumpió en Malta por una comunicación de su hermano en la que le solicitaba que se reuniera con él en Ginebra para que se sumara a los preparativos del levantamiento carlista que tendría lugar justo un año después.

En mayo de 1872 fue nombrado General en Jefe del Ejército Real de Cataluña. Entró en Cataluña en diciembre de ese año. Más tarde ocupó la jefatura del Ejército del Centro y de Cataluña, con jurisdicción en Cataluña, Valencia, Murcia, Aragón, Guadalajara y Cuenca. Tras las desavenencias con su hermano Carlos a causa de la separación del ejército del Centro y de Cataluña, D. Alfonso y Dª María de las Nieves abandonaron España instalándose en Gratz, donde su madre Dª Beatriz había entrado en el convento de las Carmelitas Descalzas.
Años después fijaron su residencia en el castillo de Puccheim (Austria). Apartados de la actividad política, pero siempre reconociendo la legitimidad de su hermano Carlos, los Infantes dedicaron gran parte de su tiempo a viajar por los cinco continentes con nombres falsos y pasaporte sudamericano. También promovieron actividades de denuncia de la masonería, como el Congreso antimasónico de Trento, o la creación de la Liga contra el Duelo que se extendió por gran parte de Europa y obligó a modificar gran parte de los códigos penales europeos.

Durante la I Guerra Mundial acogieron en sus posesiones a los soldados heridos en el frente, estableciéndose en su castillo de Puccheim un hospital de sangre.

Visitaron varias veces España, siempre de incógnito, pasando por Madrid, Valencia, Baleares, Canarias y Andalucía. El 14 de abril de 1931, en el momento en que se proclamó la II República, se encontraban en Sevilla.

Ese mismo año se produjo un hecho que cambiaría radicalmente los últimos años de sus vidas. El 2 de octubre de 1931 fallecía repentinamente en el exilio de París su sobrino, el rey carlista, Jaime III, hijo de Carlos VII. Al morir soltero, los derechos dinásticos pasaron a su tío D. Alfonso que pasaría a ser la máxima autoridad de la legitimidad carlista con el nombre de Alfonso Carlos I (para no ser confundido con el exiliado Alfonso XIII, de la rama liberal). A pesar de su edad, 82 años, mantuvo una gran actividad al frente de un carlismo renacido: los grupos disidentes y escindidos en décadas anteriores (mellistas e integristas) volvieron a integrarse en el carlismo;  se participó activamente en la oposición a la República especialmente por su legislación laicista y nombró como Jefe Delegado al abogado andaluz D. Manuel J. Fal Conde que revitalizó política – con proliferación de círculos, prensa,  actividades, “aplecs”… - y militarmente a la organización carlista de toda España .

D. Alfonso Carlos, que no tenía hijos, dedicó  gran esfuerzo a dejar solucionada la cuestión sucesoria dentro del carlismo. Para ello instituyó el 23 de enero de 1936 una Regencia en la persona del Príncipe don Javier de Borbón Parma que pasaría a ser efectiva en el momento de su fallecimiento.

D. Javier y Fal Conde recibieron plenos poderes de D. Alfonso Carlos para preparar al carlismo para el levantamiento contra la República,  en un plan alternativo al de la conspiración militar encabezada por Mola.

Sepulcro de D. Alfonso Carlos en Puccheim
El 28 de septiembre de 1936, al salir a pasear desde su domicilio de Theresianum Gasse 9, distrito IV de Viena, acompañado de su esposa, fue atropellado por una furgoneta de la policía vienesa. Herido de gravedad, falleció al día siguiente a los 87 años de edad. Moría así el último sucesor directo de la dinastía carlista. D. Javier de Borbón Parma, el 3 de octubre, ante el cadáver del rey carlista se comprometía a “ser el depositario de la Tradición legitimista española y su abanderado hasta que la sucesión quede regularmente establecida”.

Su esposa Dª María de las Nieves murió en Viena el 15 de febrero de 1941, a los 85 años de edad. Ambos están enterrados en la capilla del castillo de Puccheim (Austria).

jueves, 19 de mayo de 2011

ESPADA DEL REY D. JAIME III OFRECIDA POR LOS CARLISTAS

El 15 de enero de 1911 una comisión de carlistas, presidida por el Duque de Solferino, hizo entrega de esta espada ofrecida por los tradicionalistas de todas Las Españas, tras sumarse a la idea inicial de los jaimistas de Cataluña de obsequiar al rey con una espada.




Esta es la descripción de la misma según el Álbum Histórico del Carlismo, 1833-1933-35, recientemente reeditado en facsímil por la editorial Sancho el Fuerte Publicaciones:



El travesaño de la cruz lo forma por entero un feroz dragón acaimanado, símbolo de la destrucción y de la muerte. Sobre este dragón infernal y formando el brazo alto de la cruz, se posan dos figuras: España, simbolizada por una hermosa y severa matrona vestida con túnica del siglo XV y coronada de castillos, que huyendo del dragón endemoniado busca amparo en el soldado de la Tradición, que en gallarda actitud expectante, el sable en reposo, empuñado con la diestra, ondea con la siniestra la bandera de Dios, Patria y Rey, y con ella envuelve a España.



En el arranque de la hoja toledana figura el escudo de Don Jaime, con el lema de Dios, Patria y Rey y las tres flores de lis, enccuadrado por dos haces etruscos de los lictores romanos. símbolo de autoridad y una guirnalda de hojas de roble, representativa de la fuerza. En el reverso, un medallón con la dedicatoria de la espada, completa los motivos ornamentales.

miércoles, 30 de marzo de 2011

NUEVO LIBRO SOBRE Dª MARÍA DE LAS NIEVES

El pasado viernes 25 de marzo se presentó en los salones de la Asociación Española de Numismática de Barcelona el libro Dª Blanca, una reina sin corona bajo el carlismo. Su autor es D. Miguel Romero Saiz y está editado por Alderabán Ediciones.


El libro se centra en la figura de Dª María de las Nieves de Braganza, esposa de D. Alfonso Carlos de Borbón, principalmente en el contexto de la Tercera Guerra Carlista y los acontecimientos posteriores hasta llegar a la época de la II República y el reinado de su esposo. El precio de venta es de 20 euros.

sábado, 21 de agosto de 2010

DECLARACIONES DE LA JUNTA DE GOBIERNO DE LA CTC ANTE EL FALLECIMIENTO DE DON CARLOS HUGO DE BORBON-PARMA

La Junta de Gobierno de la CTC nos remite para su publicación la siguiente nota.-


19 de agosto de 2010. El reciente fallecimiento de don Carlos Hugo de Borbón-Parma está generando en la prensa nacional e internacional una serie de noticias y comentarios acerca del carlismo que pueden resultar, en parte, contradictorios y confusos. Ante esta situación, la Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista, organización política que agrupa a la mayoría de los carlistas, se ve obligada a realizar las siguientes declaraciones:



1º. Don Carlos Hugo llegó a ser, en los años 60, una verdadera esperanza para muchos carlistas y españoles. Pero aquella ilusión se vió frustrada cuando don Carlos Hugo, adoptando una posición política incompatible con la ortodoxia carlista condensada en el lema de "Dios - Patria - Fueros - Rey", encabezó una grave desviación ideológica de la que nunca quiso rectificar. Este hecho, sumado a otros que sería complejo resumir, provocaron una grave crisis en el Carlismo que empezó a ser superada en 1986, gracias a la reconstitución de la Comunión Tradicionalista Carlista. En la actualidad no existe ningún vínculo político entre el carlismo organizado en esta Comunión y la familia Borbón-Parma.




2º. A la hora de la muerte no hay adversarios. El alejamiento en lo político que acabamos de describir no impide que los carlistas, a título personal, y en virtud de unos lazos afectivos, se unan a la familia Borbón-Parma en el dolor por esta pérdida elevando oraciones por el eterno descanso del difunto.



3º. Como responsables de la Comunión Tradicionalista reafirmamos, una vez más, nuestras convicciones monárquicas y legitimistas. Consideramos que la monarquía católica tradicional es el régimen político que más conviene a España. Pero no podemos reconocer la legitimidad de quienes han manipulado la institución monárquica poniéndola al servicio de la revolución. En consecuencia, la actual orfandad dinástica que sufrimos junto a todos los españoles no nos exime del deber de trabajar por una sociedad tradicional, para que un día, cuando Dios quiera, sea posible un rey tradicional. A esta tarea social y política convocamos a todos los españoles de buena voluntad.



JUNTA DE GOBIERNO DE LA COMUNION TRADICIONALISTA CARLISTA María Cuervo-Arango (presidenta), Javier Garisoain (secretario general), Domingo Fal-Conde, Carlos Ibáñez Estévez, Carlos Ibáñez Quintana, Enrique Izquierdo, Javier López, Javier Zazu, Félix Zorrilla, Jesús Blasco, José Fermín Garralda, Conrad López, Manuel Onrubia, Carlos Ram de Viu y Jose María Salvo.




Más información:
prensa@carlistas.es

secretariogeneral@carlistas.es

Tfno: 629203900 - 913994438

C/Zurbano, 71-of.3 28010 Madrid

miércoles, 18 de agosto de 2010

HA FALLECIDO S.A.R. D. CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA

*París, 8 de abril de 1930 + Barcelona, 18 de agosto de 2010
Descanse en Paz

Al paraíso te conduzcan los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires y te conduzcan a la ciudad santa de Jerusalén.


El coro de los ángeles te reciba y con Lázaro, el que fue pobre, tengas el descanso eterno.


jueves, 3 de diciembre de 2009

EL PRISIONERO DE DACHAU 156.270

Esta obra autoeditada por su autor, el carlista cántabro D. Ignacio Romero Raizábal, en 1972, es un relato de la experiencia del cautiverio de D. Javier de Borbón Parma en el infierno nazi de Dachau. Constituye un verdadero alegato contra toda barbarie totalitaria y un documento interesantísimo para conocer la intrahistoria carlista de principios de los años 70.

sábado, 18 de julio de 2009

A LOS CIEN AÑOS DE LA MUERTE DE SMC D. CARLOS VII, REY DE LAS ESPAÑAS

SMC D. CARLOS MARÍA DE LOS DOLORES DE BORBÓN Y AUSTRIA ESTE
REY DE LAS ESPAÑAS
(1848-1909)


Ante la histórica fecha del centenario del fallecimiento de SMC Carlos VII, desde estas modestas líneas queremos ofrecer un pequeño homenaje al que fue gran Rey de las Españas, adalid de las libertades, defensor de la justicia social cristiana y enemigo acérrimo de la revolución, contra la que luchó hasta el final de sus días cuando el Señor le llamó a Su seno un triste 18 de Julio de 1909.
Que él interceda ante el Padre por todos los que cien años después intentamos ser dignos continuadores de nuestros mayores, para que seamos capaces de ser transmisores de aquellos principios por los que él trabajó y luchó. Ojalá su ejemplo inspire e ilumine a todos los carlistas, pero especialmente a aquellos llamados a las más altas obligaciones al servicio de Las Españas y de cada uno de sus pueblos, para que sepan comprometerse con un pueblo que nunca morirá.
Que su testimonio de entrega a la Causa nos ayude a saber ofrecer de una forma inteligible a los hombres y mujeres de este mundo decadente del siglo XXI toda la riqueza doctrinal, política y social contenida en ese ideal de DIOS-PATRIA-FUEROS-REY.
¡¡VIVA EL REY!!

"Nadie más combatido, nadie más calumniado, nadie blanco de mayores injusticias que los carlistas y yo.
Para que ninguna contradicción nos faltase, hasta hemos visto con frecuencia revolverse contra nosotros a aquellos que tenían interés en ayudarnos y deber de defendernos.
Pero las ingratitudes no nos han desalentado. Obreros de lo porvenir, trabajamos para la historia, no para el medro personal de nadie. Poco nos importan los desdenes de la hora presente, si el grano de arena que cada uno lleva para la obra común, podía convertirse mañana en base monolítica para la grandeza de la Patria.
Nuestra monarquía es superior a las personas. El Rey no muere.Aunque dejeis de verme a vuestra cabeza, seguireis como en mi tiempo aclamando al Rey Legítimo, tradicional y español y defendiendo los principios fundamentales de nuestro programa.
Gobernar no es transigir.......
Gobernar es resistir, a la manera que la cabeza resiste a las pasiones en el hombre bien equilibrado.
¡Adelante mis queridos carlistas!
¡ Adelante por Dios y Por España!
Mantened intacta nuestra FE y el culto a nuestras tradiciones y el amor a nuestra bandera."


(Del Testamento Politico de SMC Carlos VII escrito en su residencia del Palacio de Loredan, campo de San Vito, en Venecia el día de Reyes de 1897.)

miércoles, 15 de julio de 2009

EN EL CENTENARIO DE LA MUERTE DE DON CARLOS VII DE BORBÓN

Uno de los monarcas más populares de España, y que más entusiasmo ha suscitado, fue don Carlos VII de Borbón y Austria de Este. Ahora conmemoramos los cien años de su fallecimiento aquel 18-VII-1909. En Navarra esta conmemoración tiene una importancia singular.
Carlos VII fue presentado por Navarro Villoslada como “El hombre que se necesita”, y “La solución española en el rey y en la ley”. Aparisi y Guijarro se refería a él como “El Rey de España”, y Pagés y Beltrán como “Carlos VII, el Restaurador”. Eran tiempos de Revolución, cuando en 1868 se expulsó del trono a doña Isabel, hija de Fernando VII.
El agradecimiento del bien nacido completa la memoria de personas, familias y pueblos, sobre uno de los reyes de España más respetados, queridos y vinculados a Navarra, que instaló su Corte en Estella, la bella ciudad del Ega, y cuyo retrato ha presidido millares de hogares navarros durante generaciones.
Muchos intelectuales católicos que habían militado en el partido conservador isabelino, sobre todo los llamados neocatólicos, se pasaron en bloque a las filas carlistas ya antes de 1868. Así se sumaron al pueblo tradicionalista –formado por familias sencillas o ilustres- que veía en don Carlos VII al rey legítimo de España, legítimo de origen y –lo que a la larga es más importante- de ejercicio, y para quien llevarlo a la Corte de Madrid era una urgente necesidad. Pueblo y dinastía mantuvieron con lealtad y sacrificio su pacto en servicio de la Religión y España, de los Fueros y la legitimidad, al servicio de la vida real y no de una ideología.
Don Carlos VII nació en el destierro el día 30 de marzo de 1848, gobernó España respetando su diversidad de pueblos de 1872 a 1876, defendió la Religión católica, juró los Fueros, y recibió hasta su muerte la fidelidad de millones de españoles a quienes gobernó desde el exilio, falleciendo en Varese (Italia) el 18 de julio de 1909. Está enterado en Trieste. Su esposa la reina doña Margarita fue llamada “ángel de la caridad”.
Don Carlos escribió mucho y con una elevada proyección política. Su testamento político es una joya de alto calado institucional y humano, y muestra un profundo conocimiento de España, de los españoles y sus necesidades.
No sólo fue aclamado en la periferia del solar hispano (el Reino de Navarra, Guipúzcoa, Álava, el Señorío de Vizcaya, el Principado de Cataluña y el viejo Reino de Valencia), sino que sus leales se extendieron por toda España. Si en 1833 Carlos V fue proclamado en la localidad toledana de Talavera de la Reina hace 176 años, en 1869 Carlos VII lo será en tierras centrales de La Mancha con la secular bandera de Dios, Patria y Rey.
No fue rey de los carlistas, sino rey de las Españas, diversa en su unidad constitutiva y una en su diversidad foral. España no podía ser ni centralista ni separatista. Recibió los derechos de Enrique V de Francia, conde de Chambord. Influyó en la política española, y tuvo una gran proyección en Europa e Hispanoamérica. Su egregia figura sobrepasa con creces la tercera guerra carlista (1872-1876), llena de entrega y heroísmo. Tras 1876, superado el inicial y necesario retraimiento electoral, los carlistas de Navarra se presentaron a las elecciones municipales, forales y a las Cortes obteniendo unos rotundos y brillantes resultados electorales. El Carlismo no era un temor sino una esperanza, y sus leales no eran un partido político más, sino una comunión de vida y pensamiento, de lealtades e ideales que constituían la esencia de España. Por eso los liberales han querido reducir al Carlismo a los conflictos bélicos, quizás para desviar la atención de los pronunciamientos militares, golpes de Estado, dejaciones y revoluciones… realizado todo ello por el liberalismo.
En 1888 el Carlismo sufrió la penosa escisión integrista, y en 1889 celebró el XIII centenario del III Concilio de Toledo, proclamándose la unidad católica de España. Con don Carlos, el hombre que se necesita, hubo un reverdecer de políticos, periódicos, círculos, y vida civil carlistas.
Malas lenguas dicen que don Carlos no cumplió el “¡Volveré!” prometido a su marcha por Danchariena una vez finalizada la guerra en 1876. Sin embargo, digamos que sí volvió en la vida civil y política posterior. Volvió en su hijo Jaime III, y en Alfonso Carlos I, hermano de don Carlos. También volvió cuando el liberalismo dio sus últimos frutos, esta vez animando el alma de los Tercios de voluntarios requetés levantados en Cruzada contra la República revolucionaria, aunque sea común entre los historiadores decir que los carlistas ganaron la guerra y perdieron en la paz. En 1986 los verdaderos carlistas de España se unieron en una organización política, y una de sus actividades ha sido presentarse en las contiendas electorales.
Don Carlos VII aunó la doble legitimidad de origen y de ejercicio, los derechos dinásticos y el Ideario y buen gobierno políticos. Con él, la Dinastía cumplió la tarea histórica de dar unidad y dirección al tradicionalismo político español, que sobrepasa el llamado “tradicionalismo cultural”. Hizo posible que los tradicionalistas españoles pudiesen seguir siendo españoles en la integridad de las doctrinas y en la pasión de los sentimientos. ¡Qué actualidad tiene decir: “Si el país es pobre, vivan pobremente el Rey y sus ministros”! ¡Qué actualidad tienen los ideales y la prudencia política de rey don Carlos!
Agradecidos y con admiración hacia tan egregia figura, he aquí nuestro más grato recuerdo.

Pamplona, Julio de 2009.
José Fermín Garralda Arizcun
Pte. de la Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra

jueves, 4 de junio de 2009

VIAJE A TRIESTE


ABIERTO PLAZO DE INSCRIPCIONES

La CTC organiza un viaje a Trieste durante los días 16 a 19 de julio con motivo del centenario de la muerte de SMC D. Carlos VII, acaecida el 18 de julio de 1909, para honrar la memoria de los legítimos reyes de España en el exilio.

El momento culminante del viaje será el día 18 de julio, aniversario de la muerte de Carlos VII, en que nos atendremos al siguiente plan:

- Visita durante la mañana del sábado al centro de Trieste, y residencia de los reyes
- Traslado al cementerio de Santa Ana. - Almuerzo.

- Visita a la Catedral de Trieste a primera hora de la tarde con Santa Misa, exhibición de recuerdos carlistas y canto del Oriamendi.

Además, está prevista visita turística a Venecia con visita a los lugares de residencia de los reyes de la dinastía proscrita.

El presupuesto para el viaje incluye los siguientes conceptos:

Habitación en hotel de 3 estrellas en régimen de media pensión, traslado de aeropuerto de Venecia a Trieste en autobús, y de Trieste al aeropuerto también en autobús, vaporetto a Venecia y guía. Dicho presupuesto asciende a las siguientes cantidades:

- Persona en habitación individual: 380 €.

- Persona en habitación doble: 260 €/persona

- Persona en habitación triple: 240 €/persona

El presupuesto, por tanto, no incluye ni el precio del billete de avión, ni las comidas. Debido a la contínua oscilación de los precios de los billetes de avión, encarecemos a todos los que quieran inscribirse a que saquen el billete por su cuenta mediante un sencillo trámite a través de las siguientes páginas de internet (http://www.edreams.com/ , http://www.terminala.com/ , http://www.rumbo.es/ ). En este momento, los precios más económicos para vuelos con origen en Madrid para el 16 de julio están en unos 178 € y unos 130 € para vuelos con origen en El Prat. El ahorro en el precio del billete será mayor cuanto antes se adquiera.
Los inscritos deberán estar en el aeropuerto de Venecia, en el lugar que oportunamente se indicará, a las 12:00 h. del día 16 de julio, para el traslado de toda la expedición a Trieste en autobús.

El plazo en el que finalizan las inscripciones es el 20 de junio, con lo cual rogamos a todos los interesados sean diligentes en formalizar su inscripción, pues no habrá excepciones.

Para formalizar la inscripción enviar un email a carlistas@carlistas.es Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla , o llamar al 91 399 44 38 en horario de oficina (De 9 a 14 h. y de 16 a 18 h.), o también enviar un fax al mismo número, comunicando nombre, apellido, número de inscritos y si se llevarán niños.

Rogamos a todos los interesados que sigan las instrucciones indicadas y se apresuren a formalizar su inscripción para poder estar presentes en esta jornada histórica en que se honrará con todos los honores la memoria de los reyes de la dinastía proscrita.